DÉCIMO SÉPTIMO DÍA: La Serena

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Una Araucaria preside la Plaza de Armas de La Serena (Chile). Foto: Eduardo Seva

Al comienzo de las grandes praderas, cuando se cruzaba el Mississipi, en San Louis, nos esperaba un automóvil NISSAN Quest, monovan con capacidad para siete personas y equipaje suficiente, alquilado a Hertz. En esta parte del cono sur americano cometimos el error de confiar el alquiler del vehículo a RentalCar, empresa inglesa radicada en Manchester y que no posee flota, sencillamente es una mayorista, que contactó con Europcar, a su vez, aquí en Chile es una franquicia chilena de la matriz europea.

La señal de detenerse está escrita en castellano en toda Suramérica. No usan el STOP; será cosa de los ingleses Foto: Eduardo Seva

La señal de detenerse está escrita en castellano en toda Suramérica. No usan el STOP; será cosa de los ingleses Foto: Eduardo Seva

Como podrá comprender, querido lector, no había cama para tanta gente y al final nos tuvimos que apañar, pérdida de maleta por medio, en el aeropuerto de Antofagasta, de un Nissan TIIA, con más kilómetros que las maletas de la Piquer y más bollos que una panadería.

Íbamos aquí los amiguetes y yo, cantando canciones de los Beters, la Massiel y el Arbano (La charanga del tío Honorio 1975), cuando se nos incorpora un nuevo pasajero: Antonio Pastor. Y claro, como dije anteriormente no hay coche pá tanta gente. Esta mañana salieron Pastor y Seva con nuestro anfitrión Julio Gutiérrez a ver el parque natural de La Serena y el Profe Caravello y un servidor nos quedamos en tierra mientras una lágrima furtiva y un pañuelo inmaculadamente blanco despedía a nuestros héroes a bordo del Nissan Pero la vida, de vez en cuando, te besa en la boca.

La plaza de Armas de La Serena no guarda ningún aspecto de la herencia colonial, ni siquiera en la catedral Foto: Eduardo Seva

La plaza de Armas de La Serena no guarda ningún aspecto de la herencia colonial, ni siquiera en la catedral Foto: Eduardo Seva

Tras el desayuno con John Fowler, que nos ha tomado un gran cariño y no sabe como resolver el problema de colocar un televisor de plasma en el comedor del hotel sin romper el encanto sesentero de dicha estancia, salimos a descubrir los intersticios y hemistiquios de la ciudad. Nuestra primera visita fue al museo arqueológico de La Serena. Una de las salas está dedicada a los Moais de la Isla de Pascua. La isla de Pascua está situada al oeste de Chile, unos 3.700 kilómetros del continente y se descubrieron unas estatuas que los aborígenes de la cultura RAPA NUI, denominaban “MOAI”, suficientemente conocida su figura como misteriosamente su origen.

El MOAI del museo arqueológico de La Serena, observa la estancia con una milenaria seriedad. Foto: Eduardo Seva

El MOAI del museo arqueológico de La Serena, observa la estancia con una milenaria seriedad. Foto: Eduardo Seva

Se colocaban en grupos de quince o veinte y eran tallas de piedra volcánica o granito. De espaldas al mar, tenían unos huecos donde colocaban los huesos de los antepasados y frente a ellos una rampa de piedra con formas geométricas.. El peso de estas formaciones alcanza las tres toneladas y la altura tres metros. En el museo estaba la momia de Atacama, con una antigüedad de dos mil años. Una muchacha, joven, con un herida en la cabeza y descansando sobre su lado izquierdo.

El centro de La Serena, casas bajitas por los movimientos sísmicos del Pacífico Foto: Eduardo Seva

El centro de La Serena, casas bajitas por los movimientos sísmicos del Pacífico Foto: Eduardo Seva

Teníamos el encargo de comprar el billete a Santiago para el profesor Pastor y allí nos dirigimos. “La estación de buses está a cuatro cuadras de aquí”, yo no se la medida de una cuadra, o sea, una manzana, pero las cuatro cuadras se convirtieron en dos kilómetros, cosa que no me agobia acostumbrado a mis diez kilómetros diarios en mi exilio Benimagrelí. Pero en una esquina nos esperaba la primera sorpresa. Caminando GianUmberto y yo por la calle descubrimos un establecimiento que rezaba: “Café trentino, le piu grande cafe del mondo”. A Gianumberto no le sienta bien el picante de estas latitudes y tiene la tez pajiza debido a la descomposición intestinal, pero le cambió la color. “Trentino, la mia casa”, exclamó, pues nunca olvidará que viviendo en Padua, es nacido en Trento. Cuando compramos el billete a Santiago, se quedó mirándome fijamente y me espetó: “Juan, te invito a un café ristretto en Trento, con la condición de que lo pagues tú”.  He de informarte, querido lector, que Gian Umberto no tiene pesos chilenos porque sus billetes son dólares y libras esterlinas, cosas de los italianos; los dólares tiene alguna raspadura y ello los invalida en estas latitudes para el cambio y las libras es muy difícil encontrar casas de cambio que las acepten, cosas del corsario inglés tantos años por estos mares.

El señor Módena, propietario del café Trento y nacido en Chile, le preparó un “ristretto” a Caravello y un “Capucino” a este cronista. Ambos se enzarzaron a hablar en el italiano del norte y ambos expresaron su alegría debida a la felicidad de dirigirse palabras en la lengua de Petrarca y Dante. “Yo nací en Chile pero mis padres eran trentinos” afirmaba Módena; “Pues yo nací en Trento pero mis padres eran sicilianos” contestaba Caravello. Solamente faltó Vittorio de Sica, Totó y Alberto Sordi cantando una tarantela, mientras Sofía Loren preparaba pastas gallo.”Va pensiero”. “Señor, aquí sí me ha cogido”, me contestó una dama cuando le pregunté como puedo ir a la avenida del mar, donde radica la playa de la Serena y los restaurantes donde acuden los lugareños. “Debe tomar un colectivo, no un taxi, porque el colectivo es más barato; debe andar dos cuadras de aquí, en la avenida Aguirre y allí le esperan”.

La primera vez que oí hablar del “colectivo”, fue a María Dolores, mi mujer, cuando en 1996 marchó, por cuestiones de trabajo a Argentina. Me decía que el colectivo es un autobús y que no se coge el colectivo, pues coger es hacer el amor, se toma o se sube. La segunda vez que oí esa palabra fue a Joaquín Sabina en su canción “Dieguitos y Mafaldas”, “De González Catán, en colectivo, a la cancha de Boca, por Laguna”. La tercera vez la he escuchado en Chile, “Debe tomar un colectivo, no un taxi….”, pensé que el colectivo era el autobús, pero acá en Chile, el colectivo es un taxi que va recogiendo y soltando personal. Usted quiere ir a la playa y toma un “colectivo” y el conductor le dice: “señor a la avenida del mar son 1.500 pesos”, sube usted y a “dos cuadras”, otro  señor le hace una señal al taxi y éste para, “Voy a la avenida de Prat con O’Higgins”, y el taxista le indica que son 600 pesos, y así sucesivamente hasta llegar a la Avenida del Mar, “fin de trayecto Milord” (sic). Cachondos sí que son estos chilenos.

La playa mirando al Pacífico. Foto: Eduardo SevaFoto: Eduardo Seva

La playa mirando al Pacífico. Foto: Eduardo SevaFoto: Eduardo Seva

Volvimos a “La mia Pizza“, donde reina Curro. Una sopa de congrio para mí y un “steak” con arroz para Caravello; acerca del vino no tuvimos duda: Sauvignon Blanc de la afamada ganadería de Castillo de Molina. Hoy el Pacífico nos estaba esperando, tenía un color de lomo de dorada y el sol brillaba en lo alto, sin una nube que amenazase una pizca de frío. La línea del horizonte estaría, en lenguaje marino a siete millas y la arena era un lomo de atún cimarrón. Apuré con dolor mi media botella de Sauvignon blanc y me quedé mirando el Pacífico, “Qué poco se necesita para alcanzar una felicidad aceptable”, pensé, estaba con mi amigo Caravello, en un lugar que me recordaba la Playa de San Juan de Alicante, cuando vivía con mi niña en los apartamentos Rembrandt, recién casados, y con la sensación de no tener ningún espacio complicado abierto, y en paz con uno mismo y con todos. Me acordé de mi hermano y añoré, como en las grandes praderas: “Wish you were here”, afirmaban Pink Floyd, y efectivamente “ojalá estuvieses aquí”, canalla, y creo repetir la frase que comenté hace ya dos años.

Únicamente Santiaguito, loco bajito que afirmaba Gila y cantó Serrat, cual electrón deslocalizado buscaba la atención de su madre: “Mira gordo, o estás o no estás, pero portarse bien o este señor se enfada” (sic), dijo la madre. Me levanté con suavidad y pedí un caramelo al maître sala. “Santiaguito hijo, mira lo que te doy”. Abrió los ojos el nano y se zampó el caramelo. Cuando marché le dije adiós a través del cristal y el muy canalla abría la boca y me enseñaba el caramelo, a continuación se llevó la mano a los labios y me mandó un beso.

El faro de la Serena nos abre la Avenida del Mar, similar a la Avenida de Niza Alicantina.Foto: Eduardo Seva

El faro de la Serena nos abre la Avenida del Mar, similar a la Avenida de Niza Alicantina.Foto: Eduardo Seva

Volvimos al hotel a descansar un rato, pasando por la catedral situada en la Plaza de Armas que no recuerda su pasado español, excepto en el nombre. Mañana marchamos a Santiago y desconozco si visitaremos la capital de Chile ahora o a la vuelta de nuestro viaje al sur: Chiloé, Temuco, Puerto Montt, San Carlos de Bariloche, en Argentina, y los grandes glaciares del sur de Chile. Queremos contar tantas cosas y tenemos tan pocos días que no se como acabará la “vaina” que dicen por aquí. Cada mañana, sobre las cinco y media, hora de levantarse, abrimos Internet y leemos los comentarios de nuestros amigos.

De acuerdo a los datos que nos envían los compañeros de LCV, las entradas aumentan día a día y ello nos llena de satisfacción.

Un lugar recoleto en la Plaza de Armas. Foto: Eduardo Seva

Un lugar recoleto en la Plaza de Armas. Foto: Eduardo Seva

De acuerdo a la física clásica, el cariño no es una propiedad extensiva, por tanto se puede abusar de su distribución y enviarla en grandes cantidades a todos los amigos que nos animan con sus comentarios y a aquellos que, sabiendo que están, ahí nos leen y se ríen, gracias a todos y a todas las buenas gentes. Buenas tardes en el Pacífico chileno y buenas noches en España,

5 pensamientos en “DÉCIMO SÉPTIMO DÍA: La Serena

  1. Chimo

    Hola marchanteria, veo que estáis felices por La Serena y pensando como deshaceros del bólido para poder alcanzar los confines helados del sur en cualquier vehículo, aunque sea un colectivo manajado por el Doctor Pastor.
    Doctor Navarro, ésta última crónica me ha gustado mucho, siga así. Les leeremos con gran placer.

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  2. Circunspecto

    Veo, Chimo, que es usted excesivamente crítico con las crónicas de este sorprendente viaje. Y reparte esas críticas por doquier; ora a Rafa, ora a Navarro y ora et labora. Su aportación a la mecánica ondulatoria sobre la virginidad de Heisenberg ha sido lo más lúcido que he oído, de usted, siga así, por favor.
    Saludos

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  3. Giovanna Caravello

    Giornata tranquilla ieri, ma ora vi aspetta il viaggio per Santiago. So che siete già partiti.
    Al Museo avete visto misteriose sculture dell’ Isola di Pasqua e altre cose di grande interesse. Il prof. Caravello sarà stato molto contento, credo.
    Poi quella classica scenetta dell’ italiano all’estero.. non ci voglio pensare, ma posso immaginarmela perfettamente!! XD
    Bella la spiaggia sul Pacifico! E la nostalgia..
    Non so come farete a portare a termine il viaggio con tanti posti da vedere e non molto tempo, ma la Cronica me lo dirà fedelmente ogni giorno.

    Ciao a tutti e un forte abbraccio a Gianumberto.

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  4. Chimo

    Estimado Circunspecto. le quiero aclarar que lo mio no es “crítica” sino pura envidia de no andar por esos terrenos con tan buena compañía. Vamos que me pasa como a Heisenberg no consigo hacer coincirdir la posición con el momento y por eso palmo aquí en las playas de Santa María con un daiquiri, escuchando
    a Eliades Ochoa y visitando el blog de nuestros colegas
    saludos

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  5. El tete

    Gracias Juan por esa añoranza de mi presencia junto a vosotros observando el Pacífico. Se nota que estas últimas jornadas en la Serena os han relajado el cuerpo y el alma, además reencontrais a la universidad y eso también os debe venir bien. Qué dulce es leer (bueno leer e intentar traducir la prosa italiana de Giovanna, al final uno consigue quedarse con el sentido de las frases). Pienso que a partir de ahora y salvo Santiago (que creo no debeis dejar de ver) volvereis a la naturaleza en estado puro, con esos glaciares, valles y montañas a saltos entre Argentina y Chile; también os espera San Carlos de Bariloche (la Suiza Argentina) y San Martín de los Andes (con muchos recuerdos de Don Bosco) que a Mónica le dejaron un recuerdo imborrable. En fín chicos, ánimo y disfrutad.

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