NOVENO Y DÉCIMO DÍA: El cóndor pasa.

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El cóndor volando sobre el cañón de Colca (Foto: Eduardo Seva)

La temperatura es de 18º a las nueve de la mañana. Yura, cercano a Arequipa, como suele ser habitual en las grandes capitales, es un poblado fantasma, abandonado en su mayor parte por la caída de la industria que años atrás se instaló allí. Sólo queda la actividad oscura y gris de una gran cementera y que mantiene su actividad debido a la cercanía de las puzolanas, materia prima y rica en cobre, estaño y plata, indispensables para fabricar el cemento.

Acaba la fábrica y aparece un desierto, con una pequeña agrupación de casas; se acaba la agrupación de casas y vuelve a aparecer el altiplano, cambiando el color gris puzolánico por el verde ya que la presencia del río Yura riega el altiplano y lo llena de arbustos. Al fondo el volcán Chachany, durmiente con sus  cumbres nevadas, avisa que cualquier día puede despertar.

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El volcán Chachany (Foto: Eduardo Seva)

Tomamos la transoceánica en Arequipa. La transoceánica pasa por Arequipa, sigue hasta Juliaca -Cuzco – Puerto Maldonado -Río Blanco – y termina en Brasil, 2.000 kilómetros de carretera que une el Pacífico con el Atlántico, y presenta un ramal en su trazado que asciende a 6.300 metros de altura para atravesar la frontera con Bolivia y llevar al viajero a la Paz, para dirigirnos al Cañón del Colca, más arriba de Chavay, y disfrutar de las vistas impresionantes del Cañón más profundo del mundo, superior al Colorado. En el camino divisamos el volcán Ampato, justo detrás de él está el cañón. En dicho volcán encontraron la momia “Juanita“, en perfecto estado de congelación y conservación. Pertenecía a una adolescente de 12 a 14 años ofrecida en sacrificio.

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Una camélido, la Vicuña, pastando en el altiplano (Foto: Eduardo Seva)

A lo largo del trayecto, cambiamos el río Yura por el agua de lluvia que transforma el ambiente. Pequeñas lagunas sirven de alimento a los camélidos de la zona. Las vicuñas aparecen enseguida. El macho suele acompañarse de ocho a diez hembras que aparea con frecuencia; únicamente cuando es viejo y no puede con la jauría, un macho más joven pelea con él y lo expulsa de la manada. El macho viejo se marcha en busca de otros machos como él, expulsados, y se instalan en las alturas. Únicamente bajan a la llanura durante el día para beber y comer algo de pasto. El pelo de las vicuñas es muy apreciado para fabricación textil. Las observamos a 4.000 metros.

Este parque natural del Colca tiene una extensión de 338.000 hectáreas y dispone de unas 7.000 vicuñas. El depredador es el puma y el zorro. La vicuña tiene dos crías cada dos años y no es posible domesticarlas pues alcanza velocidades de 45 km a la hora. Continuando por el parque natural, a unos kilómetros divisamos otro camélido habitual: la alpaca la cual a pesar de tener una vida media de 12 años, se sacrifica a los cuatro para vender su carne muy apreciada en Perú.

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Las llamas pastando en el remanso del río Colca (Foto: Eduardo Seva)

Pero esperábamos la figura majestuosa de la llama. No hizo falta recorrer muchos kilómetros para poder divisarlas. De los cuatro camélidos, vicuña, alpaca, guanaco y llama, es la más alta y de mayor envergadura, son tremendamente curiosas y observan al viajero con altanería.

Tras dejar atrás las llamas, llegamos al mirador de los volcanes. El lugar es muy agreste, apenas vegetación, salvo arbustos y rodeado de rocas volcánicas. Desde allí pudimos observar el volcán Mismi, totalmente nevado en sus cumbres a pesar de que ahora ha terminado el verano. Los alrededores de la zona, como dije, están llenas de piedras volcánicas de pequeño tamaño.

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La altitud en el mirador de los volcanes (Foto: Eduardo Seva)

La altitud, querido lector, en el GPS del Profesor Seva, indicaba 4.910 metros sobre el nivel del mar. El silencio es absoluto, la soledad total, el viento corta como cuchillos y la magia te envuelve por doquier. Mirando al volcán y esperando el sol de la mañana, hay unas pequeñas agrupaciones de piedras que no superan los 25 cm de longitud. Unas encima de otras. “Son pequeños recuerdos para los seres queridos”, me indicó Ever, nuestro guía.

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Varias culturas, entre ellas la Inca y la Budista, comparten estas agrupaciones de rocas para la eterna memoria de sus seres queridos (Foto: Eduardo Seva)

Al igual que hice en Arizona, donde Eduardo y yo colocamos dos piedras en recuerdo de dos amigos recientemente fallecidos entonces y en Machu Picchu dónde deje unas piedras como recuerdo a mis seres queridos, en esta zona inhóspita del altiplano andino, a 4910 msnm y en una soledad terrible, coloqué dos piedrecitas en recuerdo de Asunción Antón, mujer de extraordinario coraje, mirando al volcán y que recibirán el sol cada vez que asome por la cumbre nevada. Las coordenadas UTM me las ofreció el GPS: 19 L 02220896  0260424. Allí quedará un recuerdo permanente en su memoria.

Dormimos en Chivay  y a las seis y media de la mañana del día 30 de marzo de 2.013 partimos hacia el Cañón del Colca dónde nos esperaba el cóndor. 42 km que tardamos en recorrerlos hora y media. La carretera es infernal, no  está asfaltada, es un camino forestal y la erosión es tremenda. Pasamos por un túnel de 350 m que al no estar asfaltado, era como penetrar en la máquina del tiempo. El polvo envolvía todo y la visibilidad era nula.

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Terrazas agrícolas construidas por los Incas y los pueblos pre incaicos (Foto: Eduardo Seva)

En ocasiones, el monovan que nos acercaba al cañón, parecía suspendido en el vacío; los cortados tenían una profundidad que rondarían los 300 metros de profundidad y ello, unido a la forma de conducir en Perú, realmente me impresionó no sabes como, querido lector y opté por cerrar los ojos y entregar mi espíritu a Tupac Hamaru ya que estábamos en sus territorios.

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Majestuoso y altivo, el cóndor volaba cerca de nosotros. (Foto Eduardo Seva)

Valió la pena y arribados a la cruz del Cóndor, allí nos estaba esperando, majestuoso, altivo, altanero, veloz, negro con las alas extendidas de tres metros de envergadura, el collar blanco que comparte con su hembra alrededor del cuello y la sabiduría de la serpiente. El cóndor significaba la fidelidad, el puma la fuerza y la serpiente la sabiduría. Pues bien, parecía entender que íbamos en su búsqueda pues se nos acercó tanto que casi pudimos tocarlo con las manos. Una, otra vez y cien veces más pasaba ante nosotros como diciéndonos: “Cuanto habéis tardado”. Reconozco, querido lector, que me emocioné mucho. El cóndor, su fidelidad; con su pareja convive toda la vida y sólo con ella; y como dije en anteriores comentarios, cuando uno de los dos muere, la pareja deja de comer, busca la zona más alta de la montaña y desde allí se despeña entre los riscos andinos.

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Sirviendo de escala el visitante, obsérvese la profundidad del cañón. (Foto Eduardo Seva)

El viaje ha valido la pena a pesar de las penalidades. Nos esperes encontrar, querido lector, en esta zona grandes comodidades, más bien al contrario. El hotel era todo menos un hotel pero las sábanas estaban limpias. La carretera hacia el cañón era todo menos una carretera, pero el conductor condujo bien. El final nos hizo olvidar las incomodidades.

Mañana nos vamos a Antofagasta, en avión debido a los 1.142 km de distancia. De Antofagasta, ya en territorio chileno, marcharemos a San Pedro de Atacama donde estaremos cuatro días visitando el desierto. Pero eso será mañana y como siempre, querido lector, lo contaremos. Para nuestros amigos, decirle a Rafa que la gasolina aquí se sirve por galones americanos y cada galón vale 15.7 soles, si tenemos en cuenta que un euro son 3.21 soles, dejamos a nuestro amigo que efectúe los cálculos pertinentes.Gracias por la música: Sapo cancionero de Los Chalchaleros.

5 pensamientos en “NOVENO Y DÉCIMO DÍA: El cóndor pasa.

  1. Lolines

    Ahora si que está el viaje en su salsa. Naturaleza pura, fauna exótica y ese silencio que se da en esas altitudes. Las fotos son fantásticas que lo sepa el señor Eduardo, hay que hacer justicia, solo hay una nota discordante ese sombrero horroroso de color rosa que aparece en una foto.
    Juan gracias por tu recuerdo es un bonito detalle el de las piedras en esos parajes, me ha recordado a los monjes de la masia. Supongo que la belleza de esos lugares supera con creces las incomodidades del viaje. Pocas veces tenemos ya la oportunidad en este mundo globalizado de encontrar rincones como esos tan puros y tranquilos. Disfrutadlos ……..

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  2. Joaquín Alonso

    Querido Juan. No sabes lo bien que lo paso leyendo tus relatos con esa prosa tuya tan lírica y barroca pero no exenta de gracia. Cuando termines el viaje comprenderás porqué soy un enamorado de nuestra América. No se sí estado ya en San Pedro de Atacama, allí los efectos de la altura no son tan molestos excepto cuando vayáis a los geiseres del Tatio. Pero hay un fenómeno en ese puñete ro desierto que también es muy molesto : la sequedad de las mucosas, tanto la pituitaria (nariz). Como la conjuntiva (ojos). Pero bien vale la pena contemplar ese insólito lugar de la Tierra.
    Y, por último, una concesión a mi pedantería innata. Lo que llamas llamas (je, je) en la fotografía no son llamas sino alpacas.

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  3. Giovanna Caravello

    So great you saw the condor!!!

    I’m reading all carefully, following your journey, thinking often of you and of course more of my husband.

    Hugs,

    Giovanna

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  4. Canito

    Increíble Don Juan. Así me gusta, pilas cargadas y relato trufado. Lo de la tía Susi es muy bonito, todo un detalle en la distancia. A ver si hablamos pronto. Besos buenos.

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  5. Rocio Ramirez

    Estimado Juan, un relato que hace vivir en pensamiento e imaginación lo increible y mágico de tu viaje… saludos

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