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UNDÉCIMO DÍA: Del cóndor a la desolación.

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Una llama negra descansando tranquilamente en la subida al Cañón de Colca (Foto: Eduardo Seva).

Reconozco que hubo un error en las fotografía, que nuestro querido amigo Joaquín Alonso detectó. Efectivamente de los cuatro camélidos de estas latitudes, llama, guanaco, alpaca y vicuña, confundimos la alpaca con la llama, pero “errare humanum est”. Era una alpaca, mucho más pequeña que la llama y cuya carne es muy apreciada en Perú, siendo base de gran cantidad de especialidades gastronómicas.

Hoy es un día de transición. Esos días que hay que trasladarse de un lado para otro y hay pocas aventuras que contar. Marchamos por la mañana al aeropuerto de Arequipa para embarcar en el vuelo Arequipa Antofagasta. Aeropuertos pequeños con falta de infraestructuras y con unas medidas de seguridad que se repiten varias veces debido al síndrome que quedó en las compañías aéreas tras los sucesos de las Torres Gemelas.

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NOVENO Y DÉCIMO DÍA: El cóndor pasa.

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El cóndor volando sobre el cañón de Colca (Foto: Eduardo Seva)

La temperatura es de 18º a las nueve de la mañana. Yura, cercano a Arequipa, como suele ser habitual en las grandes capitales, es un poblado fantasma, abandonado en su mayor parte por la caída de la industria que años atrás se instaló allí. Sólo queda la actividad oscura y gris de una gran cementera y que mantiene su actividad debido a la cercanía de las puzolanas, materia prima y rica en cobre, estaño y plata, indispensables para fabricar el cemento.

Acaba la fábrica y aparece un desierto, con una pequeña agrupación de casas; se acaba la agrupación de casas y vuelve a aparecer el altiplano, cambiando el color gris puzolánico por el verde ya que la presencia del río Yura riega el altiplano y lo llena de arbustos. Al fondo el volcán Chachany, durmiente con sus  cumbres nevadas, avisa que cualquier día puede despertar. Sigue leyendo

OCTAVO DÍA: Esperando al Cóndor.

Hoy, 28 de marzo, es un día de transición. Seguimos en el hotel “Inkanto”, cercano al Ovalito de Vallecito, disfrutando de la hospitalidad Arequipeña. La gente de Arequipa es extremadamente amable, como han sido todos los que hemos tratado aquí, en Perú.

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Una esquina colonial de la calle de la Merced

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Junto a la Plaza de Armas, la calle de San Francisco nos lleva a la Iglesia de San Francisco de Asís (Foto: Eduardo Seva)

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La antigua casa del gobernador de Arequipa. (Foto: Eduardo Seva)

Esta mañana, Eduardo se acerca a un policía solicitando una información, el agente de la autoridad le pide que le acompañe y juntos marchan a la oficina de turismo, el policía regresa. Gianumberto y yo, al observar que Eduardo se retrasaba, le pedimos al agente que nos dijese dónde había llevado a nuestro amigo, el agente contestó: “Estaré encantado de acompañar a nuestros amigos españoles a la oficina de turismo” y nos acompañó. Toda la gente muestra su amabilidad y es muy respetuosa. Siempre con una sonrisa y siempre hay excepciones, con un tremendo cariño hacia los ciudadanos españoles.

El hotel Inkanto está compuesto de planta baja y primer piso. En el primer piso dispone de una terraza muy bien decorada y al aire libre. Es en dicha terraza dónde desayunamos todos los días. El único defecto atribuible a la gastronomía peruana es la ausencia de un aceite de oliva digno de esa mención. El desayuno es muy simple: zumos naturales de papaya, mango, piña y naranja, tostadas con mantequilla

y mermelada, jamón dulce (nuestro jamón de york), pan tierno y caliente y huevos pasados por agua. Un “matesito de coca” y café con leche. El café es americano, es decir, nada de expreso o fuerte; te puedes tomar tres o cuatro sin problemas. Solemos desayunar a las siete de la mañana pues en estas latitudes y a estas alturas del otoño austral, el sol se levanta temprano, prácticamente a las cinco de la madrugada es de día.

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Y EL SÉPTIMO descansamos en Arequipa.

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La avenida de la Merced, calle colonial española. (Foto: Eduardo Seva)

Querido amigo Joaquín Alonso: Te echo de menos en este viaje y te deseo larga vida para que me sigas dando tus buenos augurios. Efectivamente, hemos bajado únicamente a 2.300 metros sobre el nivel del mar y me encuentro perfectamente. En lenguaje coloquial: “como una moto”, notando mis excesos de hematíes y sin ningún cansancio ni agobio. Asimismo los “caminos al Averno” de Virgilio, ni el descenso al infierno de Dante, no eran suficientes para explicar los sueños que teníamos cuando el aire enrarecido nos generaba apneas durante las pesadillas e irrealidades vividas en el sueño reparador, es decir que ni era sueño ni reparaba; un duermevelas desesperante. Esto, querido lector, lo cuento por si decides venir a estas tierras altas o “highlands”. No se te ocurra trasladarte desde cotas bajas (Lima) a cotas altas (Cusco, Puno u otras ciudades del altiplano) con avión pues seguro que tendrás un malestar insoportable durante varios días. Es conveniente hacerlo en autobús cama con el fin de aclimatarte poco a poco y tomar mucho “matesito coca”.y si la cosa es más seria te confieso que Roger, nuestro guía en el lago Puma Gris nos recomendó “matesino muña”, una variedad similar a la hoja de coca pero con resultados mucho más espectaculares. Sigue leyendo

SEXTO DÍA. El lago Titi Caca y sus islas flotantes

La bahía de Puno con la lenteja de agua en la superficie del lago Titicaca (Foto: Eduardo Seva)

La bahía de Puno con la lenteja de agua en la superficie del lago Titicaca (Foto: Eduardo Seva)

Ayer noche, hablo del día 25, recién llegados a Puno tras el viaje por el altiplano Andino, el Dios de la lluvia lloró sobre la capital departamental de Puno. Los últimos estertores de la temporada veraniega de lluvias, no olvides querido lector, que estamos entrando en el otoño puesto que hace unos días se celebraba el equinoccio de otoño, es decir, el sol se encuentra en su punto medio de lejanía o cercanía de la tierra. Buscamos el arrimo de una buena pizzería y nos dirigimos a “El Búho“, recomendada por Fabián, el conserje del hotel Casona Plaza, uno de las más elegantes de Puno. Hasta el propio GianUmberto Caravello reconoció que las pizzas eran muy buenas. La bebida fue una cerveza, “Cusqueña“, que está deliciosa. Al hotel a dormir es un decir, pues los más de cuatro mil metros de altura generan una gran cantidad de apneas que te impiden descansar.

Las gaviotas del sur descansan plácidamente en el lago Puma Gris (Fotografía Eduardo Seva)

Las gaviotas del sur descansan plácidamente en el lago Puma Gris (Fotografía Eduardo Seva)

A las cinco y veinte de la madrugada ya escuché a Eduardo Seva caminito del cuarto de baño; a las siete ya estábamos desayunados y prestos a realizar nuestra incursión en el lago Titi Caca que en Quechua significa Puma Gris. El lago posee un millón de hectómetros cúbicos de agua dulce y su profundidad máxima es de 287 metros. Jacques Yves Cousteau estudió la fauna del lago y encontró en las profundidades una rana gigante con 25 centímetros de la cabeza a la cola, bueno las ranas no tienen colas, pero ya me entienden. Sigue leyendo