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DÉCIMO QUINTO DÍA: La Serena, balcón del Mediterráneo Chileno.

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La pequeña `playa de Caldera, al lado de su puerto pesquero (Foto: Eduardo Seva)

Bien, querido lector, salimos de San Pedro de Atacama y como dijimos en el anterior comentario, el desierto minero nos envolvía. Cuando llegamos a la ciudad de Diego Almagro, dedicada al fundador de Chile, conquistador del virreinato del Perú con Francisco Pizarro y colaborador de Núñez de Balboa, comenzamos a observar un cambio en el paisaje. Las montañas andinas, hasta entonces cubiertas de arena debido a la erosión, cambiaron por completa y fueron recubriéndose, poco a poco, de una ligera capa arbustiva lo cual nos indica que estamos cambiando de bioma, que en lenguaje académico significa un conjunto de ecosistemas; podemos afirmar que el bioma contiene varios ecosistemas en su interior. Sigue leyendo

DÉCIMO CUARTO DÍA: buscando el Mediterráneo chileno

la carretera interminable en el desierto a la salida de San Pedro de Atacama (foto Eduardo Seva)

la carretera interminable en el desierto a la salida de San Pedro de Atacama (foto Eduardo Seva)

Junto a la carretera, se subió a un pequeño promontorio y tensando el cuerpo como un arco y ajustando su sombrero negro, exclamó: “Señores, como profesor de geología que soy desde hace más de treinta y cinco años, quiero comunicarles que al lado de este maravilloso desierto, el Sahara y los desiertos que hemos visto en Arizona, Utha y Nevada, son una pequeñez, con lo cual, a partir de ahora ya no tengo nada más que decir”.

Así se hubiese expresado mi amigo el profesor José Antonio Pina si hubiese admirado la belleza del desierto de Atacama, el cual no termina ni empieza en San Pedro como creíamos; se acaba cuando uno se adentra en el ecosistema mediterráneo chileno a partir de Caldera, novecientos kilómetros hacia el sur. Desde Arica a Caldera, más de mil quinientos kilómetros. Desde la frontera del Perú y separándose de la línea costera más de doscientos kilómetros. De esta forma, el lector tendrá una impresión de lo impresionante de este desierto. Sigue leyendo

DÉCIMO TERCER DÍA: Desde las termas al salar de Atacama. Una forma de bajar al infierno.

El agua fluye desde las entrañas de la tierra a más de 38ºC (Foto: Eduardo Seva)

El agua fluye desde las entrañas de la tierra a más de 38ºC (Foto: Eduardo Seva)

¿Se imagina usted, querido lector, una torrentera con un desnivel de más de 30 metros y con varios remansos, que ofrecen un caudal de más de 50 litros de agua por segundo, a una temperatura de 38º C, creando una ribera de plumíferos, plantas ornamentales, musgos, que acompañan el cauce natural de un río que naciendo en las entrañas de la tierra y en contacto con las rocas calientes de esta zona volcánica, a 3.670 metros de altitud forman lo que llaman las “Termas de Puritama“, terminando en San Pedro de Atacama, que es un oasis similar al sahariano, de muros de adobe, calles sin asfaltar y comercios inacabables, una trampa para el turista y no recomendable para los amantes de los espacios naturales y la soledad.

Los "cardones" del desierto, unas cactáceas de gran porte y dureza que se utilizan hasta en la construcción (Foto: Eduardo Seva)
Los “cardones” del desierto, unas cactáceas de gran porte y dureza que se utilizan hasta en la construcción (Foto: Eduardo Seva)

Nos encontramos en San Pedro de Atacama, lugar desértico, polvoriento, ocre y con una temperatura que oscila entre los dos grados sobre cero de madrugada y los treinta grados a mediodía, con una sequedad absoluta, como afirmaba en el comentario anterior. Estamos a pocos kilómetros de la frontera con Bolivia y apenas a cien kilómetros de la frontera argentina. Hacia el norte nos encontramos con el cañón de Guatín y las termas de Puritama. El cañón de Guatín no merece la pena visitarlo pues es el resultado de una pequeña falla geológica que no hubiese llamado la atención al profesor Pina, pero las termas de Puritama son otra cosa.

Un torrente de caudal considerable emerge de las entrañas de la tierra a 38 º C de temperatura y se desliza hacia varias lagunas pequeñas rodeadas de una gran vegetación y ésta, a su vez, rodeada del desierto extremo. El Ayuntamiento de San Pedro ha realizado unas obras de adecuación para los bañistas. Existen ocho lagunas cuya temperatura del agua disminuye conforme se aleja del nacimiento y que sirven para un baño relajante. El visitante dispone de unas cabañas para dejar la ropa e incluso es posible solicitar avituallamientos para disfrutar de un entorno único. Sigue leyendo

DUODÉCIMO DÍA EN ATACAMA: La desolación absoluta

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Cubierta de cirros, la carretera de la desolación (Foto: Eduardo Seva)

Abrió sus ojos y se quedó mirando a su interlocutor; era una chica bellísima, que regentaba un pequeño local donde se vende de todo. “Mire usted señorita, en el desierto de Arizona, mi amigo José Antonio “Bronco” Pina, siempre pedía cerveza Escorpión o Torpedo”. “No se preocupe señor, conozco la Escorpión y la Torpedo pero aquí tenemos una mejor, Kuntsmann, gute weissbier, es la cerveza que le gusta a los camioneros que paran por aquí”.

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Una línea directa al infierno de Atacama, donde jamás ha llovido. (Foto: Eduardo Seva)

Quien así se expresaba era Mariannella, responsable del garito del que hablábamos en Motas Blancas, camino de Atacama, respondía así a mi querido Eduardo Seva cuando le pidió cerveza mejicana.  La “Kuntsmann gute weissbier” o “la cerveza artesana suave Mann” tampoco estaba tan mal, pero ese toque romántico de viajes pasados referidos al desierto de Arizona y ese momento de degustar una cerveza “heladita” como dicen aquí, me llenó de una dulce melancolía recordando a nuestro querido amigo, el Profesor José Antonio “Bronco” Pina.

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UNDÉCIMO DÍA: Del cóndor a la desolación.

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Una llama negra descansando tranquilamente en la subida al Cañón de Colca (Foto: Eduardo Seva).

Reconozco que hubo un error en las fotografía, que nuestro querido amigo Joaquín Alonso detectó. Efectivamente de los cuatro camélidos de estas latitudes, llama, guanaco, alpaca y vicuña, confundimos la alpaca con la llama, pero “errare humanum est”. Era una alpaca, mucho más pequeña que la llama y cuya carne es muy apreciada en Perú, siendo base de gran cantidad de especialidades gastronómicas.

Hoy es un día de transición. Esos días que hay que trasladarse de un lado para otro y hay pocas aventuras que contar. Marchamos por la mañana al aeropuerto de Arequipa para embarcar en el vuelo Arequipa Antofagasta. Aeropuertos pequeños con falta de infraestructuras y con unas medidas de seguridad que se repiten varias veces debido al síndrome que quedó en las compañías aéreas tras los sucesos de las Torres Gemelas.

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