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DÉCIMO TERCER DÍA: Desde las termas al salar de Atacama. Una forma de bajar al infierno.

El agua fluye desde las entrañas de la tierra a más de 38ºC (Foto: Eduardo Seva)

El agua fluye desde las entrañas de la tierra a más de 38ºC (Foto: Eduardo Seva)

¿Se imagina usted, querido lector, una torrentera con un desnivel de más de 30 metros y con varios remansos, que ofrecen un caudal de más de 50 litros de agua por segundo, a una temperatura de 38º C, creando una ribera de plumíferos, plantas ornamentales, musgos, que acompañan el cauce natural de un río que naciendo en las entrañas de la tierra y en contacto con las rocas calientes de esta zona volcánica, a 3.670 metros de altitud forman lo que llaman las “Termas de Puritama“, terminando en San Pedro de Atacama, que es un oasis similar al sahariano, de muros de adobe, calles sin asfaltar y comercios inacabables, una trampa para el turista y no recomendable para los amantes de los espacios naturales y la soledad.

Los "cardones" del desierto, unas cactáceas de gran porte y dureza que se utilizan hasta en la construcción (Foto: Eduardo Seva)
Los “cardones” del desierto, unas cactáceas de gran porte y dureza que se utilizan hasta en la construcción (Foto: Eduardo Seva)

Nos encontramos en San Pedro de Atacama, lugar desértico, polvoriento, ocre y con una temperatura que oscila entre los dos grados sobre cero de madrugada y los treinta grados a mediodía, con una sequedad absoluta, como afirmaba en el comentario anterior. Estamos a pocos kilómetros de la frontera con Bolivia y apenas a cien kilómetros de la frontera argentina. Hacia el norte nos encontramos con el cañón de Guatín y las termas de Puritama. El cañón de Guatín no merece la pena visitarlo pues es el resultado de una pequeña falla geológica que no hubiese llamado la atención al profesor Pina, pero las termas de Puritama son otra cosa.

Un torrente de caudal considerable emerge de las entrañas de la tierra a 38 º C de temperatura y se desliza hacia varias lagunas pequeñas rodeadas de una gran vegetación y ésta, a su vez, rodeada del desierto extremo. El Ayuntamiento de San Pedro ha realizado unas obras de adecuación para los bañistas. Existen ocho lagunas cuya temperatura del agua disminuye conforme se aleja del nacimiento y que sirven para un baño relajante. El visitante dispone de unas cabañas para dejar la ropa e incluso es posible solicitar avituallamientos para disfrutar de un entorno único. Sigue leyendo

DUODÉCIMO DÍA EN ATACAMA: La desolación absoluta

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Cubierta de cirros, la carretera de la desolación (Foto: Eduardo Seva)

Abrió sus ojos y se quedó mirando a su interlocutor; era una chica bellísima, que regentaba un pequeño local donde se vende de todo. “Mire usted señorita, en el desierto de Arizona, mi amigo José Antonio “Bronco” Pina, siempre pedía cerveza Escorpión o Torpedo”. “No se preocupe señor, conozco la Escorpión y la Torpedo pero aquí tenemos una mejor, Kuntsmann, gute weissbier, es la cerveza que le gusta a los camioneros que paran por aquí”.

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Una línea directa al infierno de Atacama, donde jamás ha llovido. (Foto: Eduardo Seva)

Quien así se expresaba era Mariannella, responsable del garito del que hablábamos en Motas Blancas, camino de Atacama, respondía así a mi querido Eduardo Seva cuando le pidió cerveza mejicana.  La “Kuntsmann gute weissbier” o “la cerveza artesana suave Mann” tampoco estaba tan mal, pero ese toque romántico de viajes pasados referidos al desierto de Arizona y ese momento de degustar una cerveza “heladita” como dicen aquí, me llenó de una dulce melancolía recordando a nuestro querido amigo, el Profesor José Antonio “Bronco” Pina.

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OCTAVO DÍA: Esperando al Cóndor.

Hoy, 28 de marzo, es un día de transición. Seguimos en el hotel “Inkanto”, cercano al Ovalito de Vallecito, disfrutando de la hospitalidad Arequipeña. La gente de Arequipa es extremadamente amable, como han sido todos los que hemos tratado aquí, en Perú.

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Una esquina colonial de la calle de la Merced

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Junto a la Plaza de Armas, la calle de San Francisco nos lleva a la Iglesia de San Francisco de Asís (Foto: Eduardo Seva)

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La antigua casa del gobernador de Arequipa. (Foto: Eduardo Seva)

Esta mañana, Eduardo se acerca a un policía solicitando una información, el agente de la autoridad le pide que le acompañe y juntos marchan a la oficina de turismo, el policía regresa. Gianumberto y yo, al observar que Eduardo se retrasaba, le pedimos al agente que nos dijese dónde había llevado a nuestro amigo, el agente contestó: “Estaré encantado de acompañar a nuestros amigos españoles a la oficina de turismo” y nos acompañó. Toda la gente muestra su amabilidad y es muy respetuosa. Siempre con una sonrisa y siempre hay excepciones, con un tremendo cariño hacia los ciudadanos españoles.

El hotel Inkanto está compuesto de planta baja y primer piso. En el primer piso dispone de una terraza muy bien decorada y al aire libre. Es en dicha terraza dónde desayunamos todos los días. El único defecto atribuible a la gastronomía peruana es la ausencia de un aceite de oliva digno de esa mención. El desayuno es muy simple: zumos naturales de papaya, mango, piña y naranja, tostadas con mantequilla

y mermelada, jamón dulce (nuestro jamón de york), pan tierno y caliente y huevos pasados por agua. Un “matesito de coca” y café con leche. El café es americano, es decir, nada de expreso o fuerte; te puedes tomar tres o cuatro sin problemas. Solemos desayunar a las siete de la mañana pues en estas latitudes y a estas alturas del otoño austral, el sol se levanta temprano, prácticamente a las cinco de la madrugada es de día.

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