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VIGÉSIMO SEGUNDO DÍA: Temuco, el sur del mundo.

Buenas noches desde Temuco, en el sur de este continente y todavía nos quedan muchos kilómetros para llegar al fin de nuestro viaje. Pero Temuco es una ciudad especial para nosotros. Llegar a Temuco y quedarnos día y medio aquí era algo necesario. El Profesor Seva, que conoce bien esa zona por sus viajes anteriores, tenía un especial interés para que viésemos y absorbiésemos los aromas y las especies de la ciudad, así como sus espacios.

Una ciudad bulliciosa pero tranquila en determinadas zonas, no tiene plaza de Armas como tal, al estilo de Lima o Cusco, pero tiene una actividad envidiable. Autobuses, tiendas abiertas, mercadillos varios que venden su artesanía mapuche y que nos recuerdan al Alicante de los años cincuenta con sus tiendas: Las Filipinas, Almacenes Lepanto, El Arco Iris y la Porra, La Casa del Tejedor y Tomás, “le costará menos y le gustará más”, es una ciudad que se levanta muy pronto; a las seis de la mañana todo el mundo está en pié, y que tiene una actividad económica envidiable. Una ciudad, en esta zona del hemisferio  sur, gira en torno a su mercado central. Efectivamente Temuco gira en su mercado “moderno”, nombre del mercado central al estilo español.

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DÉCIMO SEXTO DÍA: Jornada académica en la Universidad de la Serena.

Panorámica del salar de Atacama (Foto: Eduardo Seva)

Panorámica del salar de Atacama (Foto: Eduardo Seva)

Hoy no ha habido desiertos, ni agobios, ni falta de oxígeno, ni situaciones extremas entre arenales inmensos y camiones de más de quince toneladas que, por millares, recogían mineral y renovaban viaje para volver a recoger mineral en las minas “Elenita; Fuensita, Yarita y congojas” y demás nombres muy de la región. Hoy no hemos visitado hornacinas con cerveza Austral Rubia o Budwaisser; o manzanas excesivamente maduras y petrificadas. Ya no hemos saludado al cóndor que planeaba sobre nuestras cabezas, a pocos metros y saludándonos. Hoy no hemos recorrido con La Cruz del Sur, los más de mil quinientos kilómetros que separan Lima de Cusco, hoy no ha habido aventuras, excepto la aventura del saber. Hoy hemos dedicado todo el día a la Universidad de la Serena, uno de los motivos que nos trajo a tierras hispanoamericanas.

Si Diego de Almagro no le puso el nombre a esta ciudad, sería algún lugarteniente suyo y originario de Badajoz, puesto que, proviniendo de Extremadura, el nombre de La Serena, comarca del norte de Badajoz,  tenía un doble sentido: recordar sus orígenes y expresar los sentimientos que transmite esta bella ciudad.

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OCTAVO DÍA: Esperando al Cóndor.

Hoy, 28 de marzo, es un día de transición. Seguimos en el hotel “Inkanto”, cercano al Ovalito de Vallecito, disfrutando de la hospitalidad Arequipeña. La gente de Arequipa es extremadamente amable, como han sido todos los que hemos tratado aquí, en Perú.

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Una esquina colonial de la calle de la Merced

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Junto a la Plaza de Armas, la calle de San Francisco nos lleva a la Iglesia de San Francisco de Asís (Foto: Eduardo Seva)

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La antigua casa del gobernador de Arequipa. (Foto: Eduardo Seva)

Esta mañana, Eduardo se acerca a un policía solicitando una información, el agente de la autoridad le pide que le acompañe y juntos marchan a la oficina de turismo, el policía regresa. Gianumberto y yo, al observar que Eduardo se retrasaba, le pedimos al agente que nos dijese dónde había llevado a nuestro amigo, el agente contestó: “Estaré encantado de acompañar a nuestros amigos españoles a la oficina de turismo” y nos acompañó. Toda la gente muestra su amabilidad y es muy respetuosa. Siempre con una sonrisa y siempre hay excepciones, con un tremendo cariño hacia los ciudadanos españoles.

El hotel Inkanto está compuesto de planta baja y primer piso. En el primer piso dispone de una terraza muy bien decorada y al aire libre. Es en dicha terraza dónde desayunamos todos los días. El único defecto atribuible a la gastronomía peruana es la ausencia de un aceite de oliva digno de esa mención. El desayuno es muy simple: zumos naturales de papaya, mango, piña y naranja, tostadas con mantequilla

y mermelada, jamón dulce (nuestro jamón de york), pan tierno y caliente y huevos pasados por agua. Un “matesito de coca” y café con leche. El café es americano, es decir, nada de expreso o fuerte; te puedes tomar tres o cuatro sin problemas. Solemos desayunar a las siete de la mañana pues en estas latitudes y a estas alturas del otoño austral, el sol se levanta temprano, prácticamente a las cinco de la madrugada es de día.

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Y EL SÉPTIMO descansamos en Arequipa.

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La avenida de la Merced, calle colonial española. (Foto: Eduardo Seva)

Querido amigo Joaquín Alonso: Te echo de menos en este viaje y te deseo larga vida para que me sigas dando tus buenos augurios. Efectivamente, hemos bajado únicamente a 2.300 metros sobre el nivel del mar y me encuentro perfectamente. En lenguaje coloquial: “como una moto”, notando mis excesos de hematíes y sin ningún cansancio ni agobio. Asimismo los “caminos al Averno” de Virgilio, ni el descenso al infierno de Dante, no eran suficientes para explicar los sueños que teníamos cuando el aire enrarecido nos generaba apneas durante las pesadillas e irrealidades vividas en el sueño reparador, es decir que ni era sueño ni reparaba; un duermevelas desesperante. Esto, querido lector, lo cuento por si decides venir a estas tierras altas o “highlands”. No se te ocurra trasladarte desde cotas bajas (Lima) a cotas altas (Cusco, Puno u otras ciudades del altiplano) con avión pues seguro que tendrás un malestar insoportable durante varios días. Es conveniente hacerlo en autobús cama con el fin de aclimatarte poco a poco y tomar mucho “matesito coca”.y si la cosa es más seria te confieso que Roger, nuestro guía en el lago Puma Gris nos recomendó “matesino muña”, una variedad similar a la hoja de coca pero con resultados mucho más espectaculares. Sigue leyendo

TERCER DÍA.- Cruzando los Andes

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Recuerdos de la presencia española en Lima

La plaza de Armas de Lima era el centro de toda la actividad administrativa y militar del antiguo Virreinato del Perú. Recogían la experiencia de la “Centuriación romana” que consistía en calles ortogonales cruzándose unas con otras. Actualmente la plaza es el centro de Lima con la Catedral en cuya capilla se guardan los restos de Francisco Pizarro; el palacio del Presidente de la República y una fuente central que, dice nuestro guía, es el único recuerdo atribuible a Francisco Pizarro.

Las calles aledañas nos muestran los edificios construidos por los españoles durante el siglo XVI. Algunos de ellos están restaurados y de una forma espectacular, con unas puertas de madera exquisitamente labradas. “Vinieron artesanos españoles a restaurar este edificio: herreros, carpinteros y albañiles”, afirmó nuestro guía.

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SEGUNDO DÍA. Lima y la Plaza de Armas

Querido lector, Lima es una ciudad amable, en un país con más de treinta millones de habitantes y con seis millones viviendo en su término municipal. Esta mañana, como siempre que estamos en América, nos hemos levantado muy temprano pues en América el personal madruga. A las seis nos levantamos y a las nueve nos recogía nuestro guía Luis, para llevarnos a recorrer Lima.

Desde el barrio de Miraflores, hasta el centro de la ciudad, pasando por el Pacífico que se abre en un bahía que el municipio intenta restaurar. Perdona, querido lector, que no te ofrezca ninguna fotografía pero es imposible puesto que salimos hacia Cuzco, la capital del imperio Inca y no tenemos tiempo para cargar las fotografías, pero prometo que en unos días estarán las fotos de la plaza de armas, y otros rincones del pasado colonial con la presencia española y con la fuente situada en el centro de la Plaza que, según nuestro guía, es lo único que queda del recuerdo de Francisco Pizarro. Sigue leyendo

PRIMER DÍA. De Madrid a Lima

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Masas nubosas sobre el Amazonas

A las 13.30 del martes 21 de marzo de 2013, rodaba por la pista número 4 del aeropuerto internacional de Barajas, el Airbus 340-600 del vuelo de Iberia 6651 Madrid – Lima. El viaje tiene una duración de 12 horas y se cumplió escrupulosamente el horario. A la una y media de la madrugada en España, siete y media de la tarde en Lima, aterrizaba el Airbus en el aeropuerto de la capital de Perú. Un viaje de 12 horas en un espacio reducido es, forzosamente, agotador, sobre todo cuando han pasado las primeras seis horas, pero desde el avión pudimos observar en toda su majestuosidad, primero la desembocadura del Orinoco y posteriormente la conjunción de dos afluentes con su río madre: El Amazonas. Aquello sirvió para que durante varias horas estuviésemos absortos en la contemplación de tales maravillas y se nos pasasen varias horas sin apenas darnos cuenta. Sigue leyendo