VIGÉSIMO NOVENO DÍA: Valparaiso

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Flores en los cerros de Valpariso (Foto Eduardo SEva)

Flores en los cerros de Valpariso (Foto Eduardo SEva)

Diego de Almagro volvía de las tierras incógnitas del sur hacia el norte limeño, derrotado puesto que no había encontrado el dorado, fuente de oro y plata y apenas con una centena de hombres de los más de mil que le acompañaron en la aventura, tras haber luchado contra los hielos, la lluvia, la nieve y la tierra abrupta y hostil, envió a su capitán Juan de Saavedra a explorar “esa lengua de tierra que nos separa de la mar océana de Nuestra Señora de los Ángeles” descubierta algunos años antes por Nuñez de Balboa y que posteriormente se llamaría Océano Pacífico.

Cuando atravesó la última colina antes de llegar al mar, Saavedra frotó sus ojos pues no podía creer lo que estaba viendo. Acostumbrado al sur chileno, a todas las calamidades pasadas con su capitán Diego de Almagro, la presión y ataque de los mapuches, el frío, la nieve, las mil y una penalidades quedaron lejanas cuando observó por primera vez la bahía de Valparaiso. Tan impresionado quedó que bautizó el entorno recordando su localidad natal, la conquense Valparaiso de Arriba. Le acompañaban cinco soldados y cuatro mapuches.

A su izquierda se extendía un inmenso valle verde, frondoso, con árboles y arroyos que descendían hasta las arenas. Era el año del Señor de 1536. Valparaiso es en la actualidad patrimonio de la humanidad, declarado por la UNESCO.

Desde la planta séptima del hotel Diego de Almagro, calle de Molina número 76, el cual te recomiendo, querido lector, observo la niebla cerrada que envuelve a la ciudad como un sudario; estamos en el otoño que se acerca al invierno como la primavera alicantina se acerca al verano. Cuarenta y seis colinas o “cerros” como aquí llaman, nos esperaban. Eduardo, Antonio y Gian Umberto son biólogos y están curtidos en mil y una caminatas y con ellos decidí compartir el reconocimiento del medio. “To meet a day” que siempre afirmábamos al despuntar el día, Pina y yo, en las grandes praderas. “And the beer I had for breakfast was not bad and I have one more for dessert” (La cerveza que tomé de desayuno no estuvo mal y por ello tomé otra como postre), afirmaba Kris Kristofferson.

Bien, tomamos el incierto destino de no saber cual es nuestro destino y llegamos a la plaza del Almirante Blanco, preguntando nos indicaron que “suban ustedes hasta la plaza de Aníbal Blanco y luego tuerzan a la derecha, allí encontrarán la subida al cerro Bellavista”. Seguimos las indicaciones y volvimos a preguntar: “”Los cerros de Valparaiso”. En este caso era un vendedor de bebidas que había montado su chiringuito en plena calle: “Tuerzan ustedes a la derecha”, afirmaba mientras su mano indicaba la izquierda, y “a la derecha hay una cuesta”, mientras su mano indicaba la izquierda. “Disculpe señor”, le dije, ” la mano indica la izquierda y usted habla de girar a la derecha”. Se me quedó mirando y se golpeó la frente con la mano indicadora. “Camarada, perdona pero es un tremendo error; la izquierda, la izquierda, la izquierda”, repitió levantando el puño. “Viva el compañero Salvador Allende”. Me alegró la mañana este chileno recordando a Salvador Allende, al cual recordamos hace ya mil años, cuando estuvimos en Santiago y “recorrimos las calles nuevamente”.

DSCF2068En el funicular al cerro Bellavista suben hasta los perrillos, lo cual es una delicia recordando a mi Lala.  “Son doscientos pesos”, algo así como diez céntimos de euros. “Señora el perro está en la cabina”, informé a la responsable del funicular. “No se preocupe, cuando abran la puerta arriba, ellos bajarán, necesitan caminar”.  El cerro de Bellavista es un lugar maravilloso. Cuando visitamos María Dolores y yo, el lago Argentina, le dije que no me importaría vivir en la Patagonia. Viendo las casitas pequeñas, coloreadas, coquetas, recoletas y con unos miradores frente a la bahía de Valparaiso, no me disgustaría pasar muchos meses en este espacio. Volvemos al lago Almanor, en la frontera entre Arizona y California. No me disgustaría pasar temporadas de mi vida en estos escenarios.

Una de las casitas, tenía un pequeño jardín de apenas diez metros cuadrados, un jazminero y una buganvilla .Arranqué la flor de un jazmín para ofrecérsela al Profesor Caravello, cuando apareció la propietaria. “Señora, discúlpeme pero he arrancado unas flores de jazmín de su jardín”. La señora, avanzada en edad, se me quedó mirando con ojos intensamente azules y me dijo: “Mi madre siempre me decía que el ramo que llevó en su boda era de jazmines, coja usted las que quiera”, a continuación abrió la cancela y me invitó al interior. 33 de la calle Papudo del Cerro de Bellavista.

En la mañana recibí un Watsapp de un amigo alicantino el cual me preguntaba como estábamos y dónde íbamos a comer. “No sabemos pero la experiencia nos indica que siempre encontramos sitios agradables, doña Emilia, la hostería de la Colina y otros”. Efectivamente, querido lector, dejemos que el destino nos lleve a cualquier lugar. Y hoy, dieciocho de abril, vigésimo octavo día de nuestro viaje, nos llevó al “Paparazzo”, un pequeño restaurante del cerro Bellavista, frente a “Lapislazuli” tienda de artesanía. Frente al restaurante y lugar de copas, una chica joven, no más de veinte años, vestida totalmente de verde, incluidos los zapatos, tocaba al violín, piezas de Schubert y Brahms. Me senté frente a ella y cerré los ojos, ¿”Aimez-vous Brahms”?. No quise molestarla haciendo una fotografía. Me miró y sonrió, podría haber sido mi hija o mi sobrinita Ana. Me rechazó un dinero que le ofrecí pensando que estaba allí para ganarse la vida. “Señor, vengo aquí todos los días a ensayar, estudio en el conservatorio de Valparaiso y no encuentro otro lugar mejor que observar la bahía e interpretar obras de Brahms, Vivaldi o Mozart al violín”. Sentí una gran vergüenza, le pedí perdón y me alejé. La muchacha me despidió con las cuatro estaciones de Vivaldi.

En una esquina había unas mesitas del restaurante Paparazzo. Nos recibió Claudio y nos ofreció cerveza. “No quiero ofrecerle ninguna marca, elija usted la que quiera”. Decidimos comer allí. Nos ofreció pescado y entre ellos nos informaba que el atún era formidable: “Sellado y al tiro”, recordé que “al tiro” es enseguida, ahora mismo, ya voy y demás frases hechas. “Claudio, confío en usted, si el sellado es el cierre de los bordes del filete de atún y al tiro es vuelta y vuelta, se lo acepto”. Bien, querido lector, llegó el atún sellado y al tiro y ciertamente estaba exquisito, tan exquisito que pedí otro plato del mismo para compartir con mis amigos y la botella de vino que nos invitó Mauricio, propietario del restaurante. La primera variedad era un “Petit Verdot” Santa Catalina, la segunda, era un “Santa Rita Triple C”, variedades Cabernet Franc, Caberbet Sauvignon y Carmenère.

Chile me sorprende con sus espacios naturales. Cuando cruzamos las grandes praderas nos movimos en el mismo paralelo, con lo cual el clima, el paisaje y la temperatura eran similares entre San Luis y San Francisco, distantes  cinco mil km. Pero en Chile nos hemos movido a lo largo del meridiano. Ello significa que la hora no cambia pero cambia el clima, el paisaje, la temperatura y demás. Villarica tiene un paisaje que no comparte con Atacama ni con Valparaiso, pero comparte la hora. Eduardo estaba encantado observando las diferencias del paisaje y las diferencias climáticas y ya lo sabes, querido lector, puesto que lo afirmábamos ayer, cuando encontramos el parque urbano de Talca y observábamos las hayas boreales, las araucanias y las palmeras canariensis.

La tertulia fue breve pues ya no podemos “platicar” tras la comida. El cansancio de tanto tiempo fuera es suficiente para que nos obligue a acudir al hotel como refugio tranquilo para dormir la siesta. Podríamos haber continuado con los cuarenta y seis “cerros”, colinas le llamaríamos nosotros, pero nos retiramos a nuestros aposentos para reflexionar. Estoy escribiendo esta crónica, querido lector, en la habitación del hotel. Frente a mí las colinas de Valparaiso, “cae la noche en Delancey Street”, afirmaba en mis crónicas del viaje a USA, “Cae la noche en Valparaiso”, y las luces se encienden y se nos ofrecen en todo su esplendor y cuanto más esplendorosa es la noche, más nos acordamos de lo que hemos dejado allí, al otro lado del mundo, en el otro hemisferio. En la hostería de Villarrica había un niño, Fausto, que hablaba por los codos y para tranquilizarlo le dije: “Fausto, vené conmigo a España que ahora empiesa el verano y no tenés que ir a la escuela”.

e cosi’ arrivo’ dolcemente la fine del mistico visggio iniziatico alla terza vita che sara’ per noi il prossimo sereno futuro, Gianna! , le dice Gian Umberto a Giovanna, como declaración amorosa.

Mas emociones no, queridos, es el síndrome de Sthendal.”Miro el instante que ha fijado la fotografía/ ríes con la timidez de a quien le avergüenza la risa/ quince años que sujeto entre mis brazos/ al compás del último disco robado/ nada queda de ese trozo de papel/ todo es alquimia/. Luis Eduardo Aute compuso y cantó “queda la música” y yo se lo ofrezco a María Dolores.

Querido lector, muchas gracias por habernos acompañado en esta locura austral, en esta maravilla de viaje, en este descenso a los lagos, volcanes y desiertos, agobios, falta de oxígeno y cansancio absoluto. Mirar hacia atrás y recordar a todos los amigos y amigas que tan bien nos trataron. Recuerdo a Carola en Atacama, a Glenn, a Beverly, a Carla, a Fabricio, Mauricio, Claudio y tantos amigos que sería largo enumerarlos, pero sobre todo a los que nos habéis acompañado, a los que han dejado sus comentarios como Chimo, Rafa el buso, Lolines, Circunspectos y otros. Algo totalmente diferentes a las grandes praderas. Un amigo me decía que encontraba diferentes los escritos de ahora frente a los de las grandes praderas. Efectivamente esto es distinto, diferente, soberbio, brutal, maravilloso. Allí nos movimos de este a oeste y aquí de norte a sur. En lenguaje radiofónico le informamos, querido lector, que este emisor deja de transmitir.

Con la nostalgia de mi país, España, y sintiendo el cariño que nos tiene acá, buenas noches España, buenas tardes Valparaiso, Chile

 

 

4 pensamientos en “VIGÉSIMO NOVENO DÍA: Valparaiso

  1. chimo

    Queridos figuras, a pesar del apagón informativo de días pasados, mis felicitaciones Tío Chan por el relato y por las “afotos” del ¿ “jodio” o “judio”? E. Seva , han sido realmente buenos. Soportar en pocos días cambios de altitud y temperatura tan grandes, supone un ejemplo del correcto funcionamiento homeostático de vuestros atléticos cuerpos jajaja y mentes disciplinadas. Buen viaje de vuelta

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  2. Giovanna Caravello

    Il viaggio è terminato. Buon ritorno, amici.
    E’ stato bello seguirvi, vedere attraverso i vostri occhi, anche sentire la vostra stanchezza, l’entusiasmo la gioia, la meraviglia, tutto quello che avete saputo comunicarci.
    Vi aspettiamo, certi di aver partecipato almeno in piccola parte alla vostra esperienza.

    Gianumberto, lo so, sono parte della tua quest, sei con me, sono con te, non abbiamo mai smesso di cercare insieme.
    “Tell me again
    When I’ve been to the river
    And I’ve taken the edge off my thirst
    Tell me again
    We’re alone and I’m listening
    I’m listening so hard that it hurts
    Tell me again

    Tell me again
    Tell me over and over
    Tell me that you want me then
    Amen…”
    L. C.

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  3. El tete

    Bueno, nosotros también efectuamos apagòn informativo de retornos. Ha sido una gozada el seguiros en vuestra peripecia viajera; hemos sudado con vosotros, nos ha faltado el oxígeno, nos hemos mareado, hemos disfrutados en vuestros descansos, olido las flores y visto las maravillas….., gracias a las crónicas de Juan, las fotos de Edu y los versos y la dulzura del idioma de Dante y Petrarca de Giovanna dedicados a su Gianumberto. ¡¡¡Qué más se puede pedir!!! MUCHAS GRACIAS y buen viaje de vuelta.

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  4. BUSO

    Un día más por el padre Fontova.
    Bienvenidos Mister Marshall,perdón Miss Merkel,un duro golpe volver a la realidad lo siento por vosotros.Menos mal que nos queda la imaginación y el recuerdo,lo cual quiere decir que la eternidad existe aunque sea brevemente y os agradezco habernos hecho partícipes de vuestras vivencias.
    Me reitero Bienvenidos.Sorprendentemente a vuelto Kerouac,lo viví de joven,pienso volver a vivirlo de abuelo(al menos su espíritu)con menos energía pero con la misma ilusión.

    On The Road Again Picha
    El Buso

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