VIGÉSIMO SEXTO Y SÉPTIMO DÍA.- Palo Alto, Villarica y el Pisco Sour peruano

Una vez más, querido lector, la tecnología de transferencia de la comunicación nos deja “colgados en las alturas”, frase de Joan Manuel Serrat, cuando no se hace otra cosa que pensar en ti. El 15 pernoctamos en Villarrica. Sepan los que no estén al corriente, que ya estuvimos en Villarrica en nuestra bajada hacia el sur y encontramos una pequeña hostería, regentada por el matrimonio Glenn y Beverly Aldrich, que vinieron a estas tierras australes desde el norteño estado de Montana y el quasi vecino de Oregón, para estar dos semanas en Villarica y tras veinticinco años, todavía siguen en estas zonas.

Es una hostería familiar y el matrimonio se desvive por los huéspedes a los que trata como si de su propia familia se tratase. Glenn prepara café para servirnos a todos a cualquier hora, cuando anochece aparece con la bebida nacional Peruano Chilena: el “Pisco Sour” y por la noche se sienta con nosotros y en una mezcla encantadora de inglés americano y español chileno, nos cuenta mil y una anécdotas sobre la flora, fauna y espacios naturales de esta zona del “sur chico” de Chile. Especialmente fue la atención que le prestó Antonio Pastor cuando disertó Glenn sobre la Araucaria, el árbol representativo de Chile y le enseñó una inflorescencia de dicha especie. “Es una maravilla poder observarla y tocarla”, afirmó el profesor Pastor. Por la mañana, si hace buen día, podéis desayunar en la terraza y los colibríes, al principio huraños, se confiarán en pocos minutos y volarán sobre vuestras cabezas.

El colibrí, ya lo dijimos en anteriores artículos, es un ave fascinante, con un pico muy largo para poder libar las flores y le atraen los colores fuertes, especialmente el rojo, “Si se ponen alguna prenda roja, les atrae mucho”. No eran las siete de la tarde cuando Glenn me dijo: “Voy a prepararles la tina”, y se marchó al jardín. Cuando volvió al cabo de unos minutos, nos dijo que el agua estaba a cuarenta y cuatro grados pero que si la removíamos con el remo que estaba situado a la izquierda, el agua fría del fondo subiría hacia arriba y enfriaría el conjunto.

Me quedé sorprendido pero Eduardo tomó la iniciativa y nos fuimos a la habitación, nos pusimos el bañador y una toalla que nos dio Ana, ¿recuerdan?, la chica austríaca que trabaja en la hostería y nos fuimos hacia una zona recoleta del jardín donde estaba la “tina”.

La tina es un barril grande, “tub” en inglés americano, partido por la mitad y lleno de agua muy caliente que se caldea con leña en un pequeño quemador anexo. Si ustedes han visto la película “About Smith”, a propósito de Smith, protagonizada por Jack Nicholson, su encuentro con su consuegra tiene lugar en una tina en el jardín de la casa. El agua efectivamente estaba muy caliente pero soportable. Nos introdujimos en la tina y allí dejamos pasar bastante tiempo. La sensación de relajación fue paulatina, comenzó por las extremidades inferiores y fue subiendo hasta llegar a nuestro cerebro. La sensación de placidez fue extraordinariamente intensa y agradable. Salimos de la tina y nos marchamos a la ducha y de allí a descansar. Aquello no terminaba nunca y la relajación seguía tiempo después. Para acompañar la ensalada que tomamos para cenar, Glenn nos invitó a una botella de vino, Palo Alto, variedad “Carmenère”, la variedad estrella en Chile, que estaba excelente. Tras la cena, saludamos al equipo de cocina de la hostería y nos fuimos a dormir.

Despertamos a las siete de la mañana , ya dieciséis de abril, repitiendo la experiencia en la tina a las nueve de la mañana, antes del desayuno. Sobre las diez nos despedimos del matrimonio y emprendimos la vuelta a Santiago, pero los 900 km de distancia eran suficientes para aconsejar una escala previa. Recordamos que en Talca, había un restaurante asador denominado “locos de asar” y allí nos dirigimos para dormir, pero en la ciudad de Los Ángeles, aproximadamente a mitad de camino, paramos para tomar un pequeño almuerzo.

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La ciudad de los Ángeles es pequeña pero debido a que sus construcciones son bajitos por los terremotos, crece a lo ancho. Encontramos un pequeño restaurante en el centro que se denominaba Italia, allí nos atendió Carla. “Ustedes son españoles, les identifico por su acento especial. Carla nos contó que estudió turismo en la Universidad Nacional de Chile y que viajó a Europa para trabajar y encontró un trabajo en Andorra y posteriormente en Barcelona; “Fue muy feliz los primeros años pero me podía la necesidad de volver a mi tierra, soy de Los Ángeles”. Posteriormente volvió pero se percató, ya en plena crisis en España, que cuando volvía “lo hacía con menos plata de la que me llevé” y es por ello que se ha tomado un respiro y trabaja en el restaurante. Los españoles son muy queridos en Chile y Carla nos comentaba que había dos formas de hacer el “Pisco Sour”, a la manera chilena o peruana; “Yo prefiero el peruano, es más sabroso”. La receta peruana es muy sencilla: Pisco, similar a nuestro orujo pero obtenido de uva, no de ollejo, zumo de limón, azúcar, una cucharadita de clara de huevo batida y nada más. Sin embargo el pisco sour peruano es diferente y mucho más sabroso a juzgar por el preparado por Carla: “En una licuadora coloco varias limas y las trituro y filtro, coloco el zumo de esa lima filtrada en una coctelera, le añado azúcar, pisco y tres cubitos de hielo por cada copa de pisco, posteriormente el pisco y una cucharada de clara de huevo muy batida con azúcar. Lo sirvo en un vaso enfriado con hielo, no en congelador, y le añado dos toques de la clara de huevo y encima de la clara le pongo una gota de angostura, prueben, prueben, “.

Yo no lo probé pues tengo prevención con las bebidas alcohólicas azucaradas, pero realmente el pisco peruano estaba superior a juzgar por las afirmaciones de mis compañeros. Otra vez la carretera interminable en esta panamericana que recorre el país de norte a sur. Innumerables chiringuitos que ofrecen “tortillas, miel y queso, pancakes y pisco”, y en uno de ellos ofrecían vino de forma muy especial. Anunciaban “Vino de misa, pipeño, cornudo, moscatel, orgasmo y gallipavo”. Juzguen ustedes

Hemos llegado a Talca, cuyos habitantes nos dicen que se llaman “talquinos”, ciudad típica de la zona central y hemos vuelto a “locos de asar”. Un bife chorizo al punto y dos sangrantes y una ensalada chilena que se caracteriza por su sencillez: tomate y cebolla fresca chilena, mucho menos picante y llorosa que la española, con aceite de oliva, un poquito de pimienta molida y sal al gusto.

La vuelta al hotel la hemos hecho andando y enfilando el paseo de la Alameda, donde por cierto, no hay álamos, hemos encontrado una “Araucaria angustifolia” preciosa, árbol nacional chileno y cuya inflorescencia la encontramos en la hostería de Villarica y pocos metros después un roble boreal, nada que ver con el roble austral de estas latitudes. “Este roble es importado y plantado aquí”, afirmó Eduardo. Al igual que con el cedro japonés que nos recibió en la frontera Arizona California y que, compromiso personal, trasladamos a nuestros lectores en la siguiente crónica, no les hemos hecho fotos a ambas especies por falta de luz pero prometo querido lector que mañana tendrás cumplida cuenta de las dos maravillas. Este continente sigue asombrando al viajero.

Pero permítenos que eso sea mañana, es muy tarde y a la altura de Concepción hemos sobrepasado los 10.000 km de viaje. Mucho más que en las grandes praderas. Buenas noches desde el centro de Chile, buenos dias en España. 

2 pensamientos en “VIGÉSIMO SEXTO Y SÉPTIMO DÍA.- Palo Alto, Villarica y el Pisco Sour peruano

  1. José Antonio

    Esta mañana, como muchas otras, con Tachi y Giner hemos comentado vuestras últimas andanzas. – Hay que organizar la sesión audiovisual en la “Barbacoa de Juanito” para empaparnos de esta magnífica experiencia -.
    Ya queda menos. Han sido muchos kilómetros, muchas peripecias, y posiblemente algo de nostalgia por el hogar, pero seguro que os quedaríais un mes más. O dos.
    Esperamos vuestra vuelta. Apurar los últimos dias y disfrutar.

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