VIGÉSIMO TERCER DÍA: Colibríes y Volcanes

Esta mañana, amanecimos en el hotel Diego de Almagro de Temuco. Debido a problemas que tenemos con la conexión al servidor, no pudimos enviar un comentario con suficiente texto para trasladar a nuestro querido lector, las experiencias vividas en Temuco. Esta noche, arribados a Puerto Montt, último vestigio de vida con conexiones por carretera a otras partes de Chile; a partir de aquí, quien quiera viajar más hacia el sur debe utilizar el avión, la primera vista que ha acudido a nuestros ojos han sido los volcanes nevados que rodean esta parte del fin del mundo.

La vista de los volcanes ha sido impresionante. Imaginemos la panamericana que serpentea entre bosques de hayas australes y araucarias, con un suelo oscuro, debido a su contenido en materia orgánica y que, repentinamente el paisaje nos ofrece majestuoso el volcán de Villarrica o el de Osorno o los dos volcanes más importantes de Puerto Montt. Volcanes que todavía están activos pero adormilados en este siesteo austral.

Salimos de Temuco y marchamos en búsqueda de la Ruta 5 o panamericana que recorre Chile desde Arica, en el norte hasta Puerto Montt en el sur. Hicimos una parada en Villarrica para visitar el parque natural de Pérez Valdivia, con sus contenidos en araucarias y el lago Villarrica y el correspondiente volcán.

En un recodo del camino, Eduardo Seva me anunció la vista del volcán, majestuoso, impresionante y callado nos recibió. Villarrica es una ciudad muy pequeña y si cierras los ojos, tras recibir las primeras impresiones, crees estar en una pequeña ciudad alemana, o austríaca. De Villarrica, bordeando el lago del mismo nombre, nos dirigimos a Pucón, al otro extremo del lago. Visitamos el parque natural con sus araucarias y sus hayedos australes y marchamos a Villarrica a comer antes de emprender viaje a Puerto Montt.

En las afueras de Villarica, en la calle Las Colinas 115, radica la Hostería Las Colinas, cuyo propietario es Glen y su esposa Beverly, que cambiaron los paisajes de Montana y Oregón, respectivamente, por las nieves chilenas y el azul intenso del lago Villarrica. Glenn nos acompañó al comedor con vistas al lago desde la altura de las colinas circundantes. “Las abejas que ven ahí afuera están libando la comida de los colibríes”, nos dijo nuestro anfitrión. Efectivamente, las abejas comían en los comederos de este fantástico pájaro de pico largo, tan habitual en estas latitudes como extraño en Europa. Pero nuestra sorpresa es cuando dos colibríes de fantásticos colores vinieron a comer haciendo la competencia a las abejas. El vuelo del colibrí sigue trayectorias perfectamente simétricas. Sus trayectorias son rectas perfectamente definidas, no curvas, y ello exige un tremendo consumo energético del batir de sus alas, afirmaba Eduardo Seva.

Uno, dos y tres, y treinta y tres colibríes acudían a comer. El espectáculo era fantástico. Junto al vuelo de los colibríes abría sus flores fucsias una “Fucsia magellanica” con sus flores púrpuras junto a un magnolio y dos granados en flor, con sus típicas flores absolutamente y maravillosamente rojas. El matrimonio propietario de la Hostería de las Colinas, nos agasajó y encendió la chimenea del salón para solaz nuestro y allí terminamos nuestro vino variedad Carmenère, gran descubrimiento de este viaje como descubrimos el excelente vino californiano en nuestro viaje a USA en 2011

El tiempo de estancia en el salón, con la chimenea encendida en esta plenitud del otoño austral, algo así como nuestro diciembre, nos relajó el cuerpo y el alma. Glenn nos presentó a Anna, una austríaca que trabaja en el hotel como economista y que piensa regresar a Austria en breve. “Me gusta esta parte de Chile, es muy parecida a Alemania, pero añoro Viena”, nos dijo en correcto chileno español con acento austríaco. “El austríaco es un alemán italianizado, por ello es muy meloso”, afirmó Gian Umberto.

El viaje es largo y pesado, pero como dije al principio, la visión de los volcanes circundantes a Puerto Montt, alejan el cansacio y alegran la vista.

Mañana iremos a visitar la ruta de los lagos, pero eso es otro día. En plena efervescencia electoral chilena y con los estudiantes reuniendo a miles de manifestantes desde el norte al sur (en Chile el oeste es el Pacífico y el Este los Andes), nos vamos a dormir. Buenas noches en el fin del mundo chileno, buenas madrugadas, cinco horas después, en España.

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