por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ
Más allá de la vida cuenta tres historias aparentemente no conectadas entre sí pero que poseen un fondo común: la vida más allá de la muerte, como muy bien indica su título en castellano. Por un lado tenemos a un vidente americano torturado por su talento sobrenatural, condenado a no encontrar la felicidad al poseer un don que también puede considerarse una maldición; por otro, una periodista francesa quien, tras sobrevivir a un desastre natural durante el cual llegó a estar muerta durante un breve instante, trata de encontrar una explicación a lo que sucede después de la muerte y a lo que ella experimentó; y por último, un niño que debido al fallecimiento de un ser querido, comienza a plantearse una serie de cuestiones con respecto a la muerte para así poder seguir con su vida.
Esta es la sinopsis de la última película del ya legendario Clint Eastwood, considerado el último de los directores clásicos, y quien en esta ocasión intenta dar un giro notable con respecto a su filmografía, abordando sin cortapisas una temática sobrenatural que solamente había sido apuntada en alguna de sus anteriores películas como Infierno de cobardes o El jinete pálido. Aún así, el tratamiento que Eastwood otorga a la temática de su película es realizado desde un punto de vista realista, contenido y natural, sin grandes arrebatos fantásticos exhibicionistas.
Durante todo el metraje la puesta en escena nos lleva de manera suave pero efectiva y contundente a través de las tres historias diferentes, pasando de una a otra sin precipitación. El filme comienza con una secuencia totalmente arrebatadora e impactante, en la cual un tsunami arrasa un paraíso tropical, y que se revela como una de las mejores secuencias de Más allá de la vida.
El principal defecto de la película es que durante algunos fragmentos de su metraje el interés de las historias se disipa y queda algo descompensando, entrando justo antes de su recta final en un bache narrativo que es superado ampliamente en su amplio desenlace, que deja claras las intenciones de Eastwood de realizar una película dura pero amable y esperanzadora sobre un tema que en manos de otros directores podría haber degenerado sin problemas en un melodrama lacrimógeno que no otorgase tregua emocional al espectador.
Desde luego, Más allá de la vida no se encuentra dentro de los grandes títulos que Eastwood ha regalado a lo largo de su carrera, como Bird, Sin perdón, Mystic River o El intercambio, y sí más cerca de películas correctas como Ruta suicida, Invictus o Banderas de nuestros padres. Pero aún así es una buena muestra de sabiduría cinematográfica y de clasicismo puesto al servicio de la narración, algo que hoy en día es cada vez más difícil de encontrar.