por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ 

SyrianaA pesar de los seis años transcurridos desde su estreno, la temática de este filme, que supuso el debut en la dirección del guionista Stephen Gaghan, se sigue encontrando de vigente actualidad debido a las revueltas democráticas y revolucionarias acaecidas en los países árabes y a los continuos intentos por parte del mundo occidental por tratar de controlar el mercado del petróleo.

Ninguneada en los Oscars del 2006, año en el que se alzó como vencedora Crash, una película de estructura narrativa similar a Syriana pero mucho más endeble y mediocre, el filme de Stephen Gaghan, visto en la actualidad y a pesar del poco tiempo transcurrido desde su realización, se revela como una de las obras más comprometidas de la década, y necesaria para entender las manipulaciones políticas y sociales que el mundo ha sufrido durante los últimos años.

El esqueleto narrativo de Syriana se compone de varias historias entrecruzadas: desde un agente de la CIA caído en desgracia hasta un joven musulmán al cual intentan convertir en terrorista anti-occidental, pasando por un príncipe árabe quien planea introducir una serie de reformas democráticas en su país en contra de Estados Unidos, y finalmente un abogado que investiga las maquinaciones de una gran petrolera internacional por hacerse con el control del líquido negro.

Es tal la cantidad de personajes que aparecen en la trama y de datos propiciados sobre el argumento que el espectador, tan abrumado por los detalles, no puede evitar sentirse perdido de la trama en algunos momentos, quizá un síntoma de la sociedad informativamente sobresaturada en la cual vivimos y que Syriana juega con este concepto con la idea subyacente que sea el público quien obtenga una conclusión de los sucesos que está viendo en pantalla. Con respecto a esta maniobra, el guión trata de ser un acercamiento lo más verosímil posible a la realidad que dramatiza, pero tratando de ser lo más imparcial y objetivo posible, sin visiones maniqueístas que irían en contra del espíritu planteado por la película.

Y debido a esa idea de resultar creíble, Syriana se plantea muy cerca al espíritu de las producciones que jugaban con el thriller político allá por los años 70, adoptando la forma del realismo social y cámara en mano. Se crea así una brillante película, a medio camino entre el thriller y la vocación documentalista, imprescindible para conocer el devenir del modelo occidental de vida en los últimos años y los extremos a los cuales algunos están dispuestos a llegar con el fin de alcanzar la supremacía económica, política y social a través del camino corrupto marcado por la senda del petróleo.

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