por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ 

Kick AssLa avalancha durante los últimos años de adaptaciones cinematográficas basadas en comics ha comenzado a resultar agotadora. Muy pocas de ellas se salvan de la quema, ya que gran parte han sido convertidas en productos de entretenimiento prefabricados y poco más, olvidando conscientemente los aspectos más oscuros de las obras que adaptan.

 
Kick-Ass es una de las pocas excepciones dentro de la extendida mediocridad que se ha apoderado de estas adaptaciones. Matthew Vaughn, su director, convierte el material en el que se basa en un ejercicio de estilo violento y divertido. Básicamente, la película podemos dividirla en tres partes. La primera de ellas trata sobre un chaval de instituto obsesionado con los comics y los superhéroes, que, tras ser atracado, decide imitar a sus ídolos, fabricarse un disfraz y patrullar las calles con las idea de repartir justicia, aunque los primeros días lo único que hace es recibir palizas. Es en este fragmento donde Kick-Ass resulta más interesante, al plantear de manera cómica y divertida el mundo de los superhéroes desde un punto de vista más cotidiano (pero no mucho) que el resto de adaptaciones realizadas.

En un momento determinado, el protagonista se encuentra con una niña y su padre, quienes están más cercanos al arquetipo de superhéroes clásicos pero sin poderes especiales, aunque tienen una de las principales motivaciones de este tipo de roles: la venganza. A pesar de la aparición de estos dos personajes y el mundo dramático que les rodea, el tono de diversión desprejuiciada y jocosa no se pierde. Kick-Ass posee durante todo su metraje un ritmo y una realización conceptual muy cercana al comic puro y duro, algo similar a lo que le ocurría a Hulk de Ang Lee, pero en este caso con una visión menos oscura y más alejada de la conceptualizad psicoanalítica con la que el director asiático abordó la adaptación del monstruo verde.

La parte final de Kick-Ass es la que más se acerca a los esquemas  más tópicos de este tipo de filmes, con los héroes dispuestos a derrotar al villano, siendo una excelente y estupenda guinda final a la película y sin desentonar en ningún momento con el cuadro argumental compuesto hasta el momento. Hay que destacar la labor de los actores, desde un Mark Strong convertido en el villano por antonomasia de los últimos años hasta Christopher Mintz-Plasse, y especialmente  Chloe Moretz, la gran revelación de la película y que encarna a la joven Hit Girl, una niña convertida en una superhéroe y que no duda en asesinar a quien le impida llevar a cabo su misión.

Finalmente, Kick-Ass es una buena muestra de que el género no está tan colapsado como nos puede parecer si echamos un vistazo a las propuestas de los últimos años, sino que si se apuesta por la originalidad y la innovación en lugar de repetir fórmulas ya colapsadas y desgastadas, aún se pueden realizar películas de interés y de calidad.


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