por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ 

BuriedPaul Conroy es un joven transportista americano que trabaja para la una empresa de su país cuya misión es portear material para el ejército estadounidense en Irak, un país en plena guerra. Tras sufrir un ataque de una guerrilla, durante el cual pierde el conocimiento, Paul despierta en un ataúd, sin recordar cómo llegó allí ni quién le metió. Acompañado de un móvil, un mechero y una linterna, Paul tendrá que hacer todo lo posible para poder escapar de una muerte aparentemente segura…

A pesar de contar con el actor norteamericano Ryan Reynolds como gran protagonista, Buried es una producción enteramente española, y de hecho fue una de las grandes triunfadoras de los últimos premios Goya (junto a Pa negre), logrando los galardones de mejor guión original, sonido y montaje, además de convertirse en uno de los títulos patrios de más repercusión y más éxito de los últimos meses.

Y todo este éxito es totalmente merecido, pues digámoslo ya, la propuesta de Buried parece en un principio completamente imposible: construir un thriller de hora y media de duración que mantenga en todo momento al espectador en tensión manteniendo toda la acción en un único escenario, un ataúd, y con un solo personaje como eje central de toda la trama.

Pues la película lo consigue. Durante todo el metraje, el espectador se siente en la piel de Paul Conroy y se sumerge por completo en la angustia situación que le dejará sin aliento, en una identificación provocada en gran parte por la sorprendente interpretación de Ryan Reynolds, al cual estamos acostumbrados a ver en producciones más intrascendentes y que en Buried se revela como un actor a tener muy en cuenta en el futuro. Pero el gran responsable de que el filme funcione de una manera tan contundente es su director Rodrigo Cortés, quien demuestra un gran vigor narrativo a la hora de jugar con el reducido espacio que se propone, creando instantes de gran fuerza y tensión, como por ejemplo la amenaza que sufre el protagonista por parte de una escurridiza serpiente.

Y también podemos encontrar en Buried una crítica feroz y brutal hacia los grandes estamentos occidentales cuyo máximo interés es el beneficio económico, y que en muchos casos están dispuestos a pasar por encima de las personas sin reparo ni remordimiento alguno mientras ello les signifique unas cuantiosas ganancias. Por comentar algún punto negro de Buried, quizá su desenlace se hace demasiado previsible en determinado momento, y en algunos instantes el ritmo narrativo flojea, pero son males menores de una propuesta interesante y arriesgada y por supuesto lograda, que desde luego no es recomendable a las personas que sufran de claustrofobia o que se agobien en espacios cerrados.


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