Si por algo se ha caracterizado Zack Snyder en los pocos años que lleva de carrera cinematográfica es por su arriesgada apuesta al introducir en películas comerciales lenguajes más modernos y no tan alejados del cine como pueden parecer a simple vista. Con cierta predilección por los lenguajes de los comics, video-clips y videojuegos, su intento de innovación ha conseguido resultados algo dispares, como demuestran las excelentes Amanecer de los muertos y Watchmen o la fallida 300.
Sucker Punch cuenta la historia de Baby Doll, quien, tras sufrir la muerte de su madre, es internada por su malvado padrastro en una clínica mental para que le realicen una lobotomía. La única manera de salvar su vida será a través de la ventana abierta de su imaginación, donde tendrá que sobrevivir a desmesuradas y peligrosas aventuras con la ayuda de sus amigas y compañeras de fatigas…
Por primera vez en su trayectoria, Snyder se sirve de una idea propia para construir argumentalmente el largometraje. Lo cual es especialmente relevante en el caso de Sucker Punch porque al contrario que sucedía en Watchmen, de donde disponía del guión perfecto gracias a Alan Moore, la base narrativa en la que se apoya su última propuesta es muy endeble, quedando todo supeditado al plano visual, en el cual el director da rienda suelta a su sentido del espectáculo, creando escenas de acción con la intención de epatar fuertemente al público.
Pero esta total despreocupación a la hora de crear un guión sólido y la preferencia por una estructura visual (un error muy común en el cine comercial de hoy en día, como demostró Avatar) juegan totalmente en contra de Sucker Punch, puesto que lo único que consigue es que el espectador deje muy pronto de interesarse por la película al no empatizar con lo que sucede en pantalla, error que Snyder ya cometía en su adaptación de 300. De hecho, en muchos instantes se tiene la sensación de asistir a una especie de video-juego cinematográfico sin sentido, ya que se compone de manera muy similar, es decir, a base de episodios, o en el lenguaje del videojuego, pantallas, en las cuales los protagonistas tienen que superar todos los obstáculos para pasar al siguiente nivel. Pero es que ni siquiera las escenas de acción son tan impactantes como se pretende, ya que muchas están rodadas de manera torpe y acaban resultando confusas y caóticas, como la que enfrenta a las protagonistas contra nazis pseudo-zombis o contra robots enojados, con lo cual esa apuesta por la innovación visual acaba resultando un fracaso.
Todo esto hace de Suker Punch una fallida muestra del potencial del lenguaje de las nuevas tecnologías al cine, y una película de la que el público poco exigente o con nulas expectativas puede llegar a disfrutar si no se la toma en serio. Algo que, como demuestra la reflexión final, no era en absoluto la intención de su creador.