por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ 

Scream 4Esta semana se ha estrenado la cuarta parte de la saga Scream, cuya primera entrega apareció de la nada a mediados de los años noventa, y sin que nadie esperase gran cosa de ella, se convirtió en un gran éxito de público y crítica, generando tres secuelas más (la última de reciente estreno en nuestro país) que trataban de mantener las constantes de la original. 

La saga Scream siempre se ha caracterizado por encontrarse a medio camino entre la parodia y el homenaje al slasher (subgénero del cine de terror que se caracteriza por tener a un asesino enmascarado masacrando a adolescentes) con un utilización de recursos metalingüísticos y reflexivos sobre el cine de asesinos enmascarados que le han otorgado su punto de especificidad y originalidad dentro del amplio universo que conforma el cine de terror. Scream 4 nos vuelve a situar en Woodsboro, el típico pueblo norteamericano en el que transcurrían los asesinatos de la primera entrega. Sidney Prescott, la eterna víctima y superviviente de todas las entregas, vuelve a su pueblo natal para promocionar su último libro, ya que se ha convertido en una escritora de gran éxito. Su regreso coincide con el aniversario de los crímenes narrados en la primera entrega, fecha que aprovechará un nuevo asesino para atormentar a los habitantes de la ciudad, entre ellos el sheriff Dewey y su mujer Gale, los otros dos supervivientes de las anteriores películas de la saga.

Esta nueva secuela parte de una premisa bastante curiosa e interesante, y muy bien enlazada con la filosofía Scream, y es que el nuevo asesino (cinéfilo, porque todos los asesinos de esta saga suelen ser cinéfilos, mostrando así la faceta más oscura de éstos) está haciendo un remake de los sucesos de la película original, y muchos de sus asesinatos resultan muy similares a aquellos, igual que muchos de los personajes nuevos que aparecen, y que en su gran mayoría acaban pasados a cuchillo, resultan correspondencias a personajes que aparecían en el primer Scream.

A pesar de ello, la película arrastra un cierto cansancio en lo que cuenta y algo de repetición de situaciones que ya hemos visto anteriormente, que aunque es lo que pretende y queda explicado en su premisa, le hace perder gran parte de la originalidad de la saga, algo que ya sucedía en la tercera entrega. También el hecho de esperar lo inesperado, idea que es explicada por uno de los personajes, provoca que la identidad final del asesino no sea tan sorprendente y rompedora como pretende, a pesar del interesante giro argumental que queda apuntado y que podría haber dado lugar a una curiosa reestructuración de la saga si hubiese sido llevado a sus últimas consecuencias, y que realmente sí que habría sido lo inesperado.  Por otro lado, también encontramos un tono cómico que adorna el conjunto y  que hace que la película no se tome muy en serio así misma, siendo muy consciente de su naturaleza, lo cual la conecta con el resto de la saga y la favorece bastante.

Por lo demás, los asesinatos resultan más sangrientos que en las anteriores entregas, algo que caracteriza cualquier remake-secuela que se precie. Scream 4 gustará a los fans de Ghostface (nombre en clave del asesino) y se revela como una continuación no revolucionaria, pero sí decente, lo cual ya es bastante para los tiempos que corren. 


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