Casualmente, estas semanas está sucediendo la curiosa coincidencia en la cartelera dos películas que versan sobre una misma temática, el exorcismo, y digo “casualmente” porque la película que hoy nos ocupa se estrena en nuestro país casi con un año de retraso. Y a pesar de la coincidencia en las pantallas entre El rito y El último exorcismo, las dos películas no podrían resultar más opuestas en su forma de enfocar la posesión diabólica y en su calidad cinematográfica.
El último exorcismo tiene como protagonista al reverendo Cotton Marcus, un falso y escéptico exorcista de Louisiana que aprovecha sus conocimientos para estafar a las mentes más supersticiosas y fanáticas. Cansado de su manera de ganarse la vida, invita a un grupo de rodaje para que filmen el último exorcismo que tiene pensado realizar. La elegida es Nell, una joven traumatizada por la muerte de su madre y cuyos extraños y terroríficos cambios de personalidad puede que escondan algo diabólico y peligroso…
Como se deduce de su argumento, El último exorcismo sigue la estela tan de moda del falso documental, por lo cual su montaje final está más trabajado y se nota más que el de otros films que utilizan el recurso de la cámara subjetiva, como es el caso de Rec o Monstruoso, de hecho en algunos momentos incluso podemos encontrar el uso de música como golpe de efecto para potenciar los sobresaltos. Debido a la estética documental, los acontecimientos narrados en la película son retratados de manera más creíble y realista que lo que viene siendo costumbre, al igual que las interpretaciones resultan más trabajadas de lo esperado, especialmente Patrick Fabian, quien interpreta con un carisma arrollador al reverendo Cotton Marcus, al igual que Ashley Bell como la chica poseída, quien curiosamente padece una enfermedad llamada síndrome de hipermovilidad articular, que se caracteriza como un aumento exagerado de la movilidad de sus articulaciones, con lo cual todas sus terroríficas contorsiones fueron realizadas por ella misma, sin ayuda de los efectos especiales, resultando así mucho más creíbles y efectivas.
Estas son unas de las principales bazas del filme, pero no las únicas. También consigue alejarse con gran éxito de los tópicos de este subgénero, planteando un punto de vista novedoso en este tipo de películas, y es que durante gran parte de su metraje se juega a la ambigüedad, dudando de si realmente los problemas de Nell son provocados por una posesión demoníaca o por una enfermedad psicológica, situación que se resolverá en el inesperado y muy criticado giro final que obviamente no comentaré, eludiendo en todo momento el ya recurrente y desgastado enfrentamiento entre el bien y el mal, al contrario de lo que sucedía en El rito.
En definitiva, El último exorcismo es un soplo de aire fresco en un subgénero necesitado de películas originales e sugestivas como la que aquí nos ocupa. Y no sólo eso, sino que esconde una soterrada y ácida crítica contra el fanatismo y la intransigencia religiosa más extrema que campa a sus anchas por los estados más conservadores de la América profunda donde, supuestamente, el demonio campa a sus anchas.