por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ 

HowlCompletamente desapercibida está pasando por nuestras pantallas esta recreación de parte de la vida del escritor norteamericano Allen Ginsberg, uno de los mayores exponentes de la Generación Beat juntos a otros grandes literatos como Jack Kerouac o William Burroughs, y quizá uno de los más interesantes y brillantes poetas del Siglo XX, y a pesar de acabar resultando una película fallida, sí que contiene ciertos elementos de interés que hacen que su visionado merezca la pena.

 
La película trata de centrarse en los acontecimientos que llevaron a su autor a escribir el polémico poemario titulado Howl (editado bajo el nombre de Aullido en España), la obra que le otorgó la fama y que se vio enfrentada a un proceso judicial, ya que los sectores más conservadores de la sociedad norteamericana acusaron a Ginsberg y a su obra de obscena y poco literaria. Pero el filme de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, veteranos en el terreno documental y que aquí realizan su primer largometraje de ficción, también intenta retratar la psicología del poeta y su particular visión del mundo, además de su relación con los más importantes integrantes de la Generación Beat, como Kerouac o Neal Cassady.

Y para tratar de plasmar en pantalla el poderío y la fuerza tanto del poemario como de la personalidad de Ginsberg, los autores se valen de numerosos recursos técnicos y cinematográficos, como la animación para ilustrar ciertos fragmentos seleccionados del poema, el falso documental, el ‘auténtico’ documental y el drama ‘documentalizado’, que al principio le otorgan a la película un toque original y algo innovador pero que a medida que avanza el metraje esta miscelánea de estilos acaba resultando algo repetitiva y acumulativa.

Sin embargo, el principal problema del filme es que trata de abarcar demasiados aspectos y temas en un metraje demasiado limitado, menos de hora y media, lo cual provoca que Howl no acabe de ahondar en alguna de las cuestiones que plantea, puesto que no hay tiempo para mucho y finalmente acaba resultando una crónica limitada de ese periodo de la vida del autor. A pesar de ello, las interpretaciones del reparto resultan ser una de las grandes bazas del filme, especialmente James Franco quien se transforma a la perfección en Allen Ginsberg.

Quizá no sea la obra que un autor de las características de Ginsberg se merece, pero al acabar su visionado a uno le entran ganas de  volver a leer (o por primera vez, si se desconoce) Aullido, lo cual es lo mejor que podemos decir de una película de estas características.


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