por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ

«Confucio». Foto: Beijing Dadi Century LimitedDurante los últimos años se ha producido por parte del gobierno comunista de China un intento de recuperar la figura del filósofo oriental Kong Zi, más conocido en Occidente como Confucio. Esta recuperación se ha convertido en algo necesario debido al consciente olvido que sufrió durante la dictadura de Mao, a quien no le gustaba nada la filosofía de este pensador. Y bajo esta premisa se explica la realización del biopic que se ha estrenado recientemente en nuestro país.

La película sigue gran parte de la vida de Kong Zi, quien se dedica a funciones legislativas dentro del reino de Lu. Su práctico y sabio pensamiento hará que el rey se interese por él, nombrándole ministro a pesar de no pertenecer a la aristocracia que detenta el poder. Éstos, al verse amenazados por su figura, maquinarán una serie de intrigas que llevarán a Confucio al exilio, donde, acompañado por sus discípulos, se dedicará mendigar pregonando su filosofía por los reinos vecinos, a pesar de lo peligroso de su situación.

El resultado final de Confucio es bastante aceptable, a pesar de que su duración final de dos horas acabe resultando muy limitada para el elevado número de situaciones, personajes y elementos que se quieren contar. Y es que se intenta abarcar desde la vida y pensamiento del filósofo chino hasta la situación social en la época de lo que hoy en día es China.

Y es que tanto abarcar para que al final la película no acabe de profundizar en ninguno de los elementos que baraja, provocando un sabor de boca bastante agridulce al espectador y quedando latente la sensación de oportunidad fallida a la hora de retratar un personaje histórico tan fascinante como complejo, situación que por desgracia es algo muy extendido dentro de los biopics cinematográficos.

Curiosamente, y quizá en vista de proporcionarle al filme una mayor salida comercial en los países extranjeros, el ritmo de la película se aleja en gran medida del cine chino más convencional y pausado y se acerca a la narrativa más hollywoodiense, con grandes escenas de acción y el concepto de espectáculo estrechamente vinculado al de Occidente.

La labor de Chow Yun Fat como Confucio, al que interpreta a lo largo de diversas épocas de su vida, es de lo más notable de un filme, que por lo demás se ve con agrado y está realizado con corrección, pero que acaba resultando demasiado intrascendente y carente de alma y de garra para ser recordado en los años venideros.

En definitiva, Confucio puede ser una gran toma de contacto para el espectador que desconozca la figura de este gran pensador, y es un filme que gustará a los aficionados al cine épico. Pero nada más.

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