por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ

«El árbol», de Julie Bertuccelli. Foto: Les Films du PoissonA estas alturas no se le escapará a ningún aficionado al cine la especificidad que posee en gran parte de su totalidad el cine australiano, y lo particular que éste resulta para el espectador. No hay más que fijarse en la carrera realizada en su país natal por los directores más conocidos: George Miller, Peter Weir, Baz Luhrmann, Vincent Ward, etcétera. El árbol es una nueva muestra estrenada en nuestras pantallas del peculiar cine de las antípodas, y lo es tanto en su forma como en su contenido, a pesar de venir de la mano de una directora francesa, puesto que la película acaba resultando muy cercana a otras muestras de la filmografía de este país.

El árbol nos cuenta la historia de Simone, una niña australiana que disfruta de una feliz existencia con su familia en un remoto paraje australiano. Tras el fallecimiento inesperado de su padre, se convence de que el espíritu de su progenitor ha ido a parar a un inmenso árbol situado enfrente de su casa, y a través de su imaginación tratará de superar la trágica pérdida. Mientras tanto, su madre tratará de rehacer su vida, en contra de los deseos de su hija pequeña y quizá del árbol...

Filme dirigido por la realizadora francesa Julie Bertuccelli, basada en la novela de la australiana Judy Pascoe y coproducida entre Francia y Australia, esta pequeña sorpresa cuenta en su el reparto con la presencia de algún nombre conocido como Charlotte Gainsbourg (hija del legendario cantante galo) o Marton Csokas (a quien pudimos ver en la saga de El señor de los anillos).

Al contrario de lo que puede parecer por su argumento, El árbol se encuentra muy lejos de ser el típico melodrama pensado para epatar a la audiencia. Porque a pesar del carácter trágico y amargo del argumento y de los hechos que son narrados en la película, su directora decide mostrarlos de una manera sobria, sin recargamiento y sin tratar de buscar en ningún momento la lágrima fácil por parte del espectador, lo cual sorprende y juega a favor de una película que en manos de otro director habría derivado hacia un facilón melodrama más convencional e insulso.

Entre paisajes desérticos encontramos una bonita historia de cómo sobrellevar y aceptar la realidad a través de la imaginación y la fantasía, combinando a la perfección el realismo con cierta fantasía en algunos momentos puntuales. También la naturaleza a veces sosegada y a veces salvaje de Australia, y en la cual se reflejan los personajes, guarda un importante papel en el curso de los acontecimientos, especialmente en su catártico final. En este aspecto, acapara un especial interés el árbol que da título a la película, el cual a veces esta filmado como si de un ente animado o sobrenatural se tratase.

En definitiva, El árbol es una buena muestra de un cine algo diferente al que estamos acostumbrados a ver. Una película que a pesar de su trágico planteamiento, finalmente acaba resultando tan vitalista como imaginativa.

Los blogs de LCV

La dolce vita                                              por Juan Navarro
La dolce vita por Juan Navarro 
Desde la cuina d'Alacant                            por Paz Atienza
Desde la cuina dalacant