por MIGUEL ROJAS IBÁÑEZ
Noche de miedo es el enésimo remake que llega a nuestras pantallas en los últimos años. En este caso se trata de una nueva versión de una modesta película de terror realizada en el año 1985 y que con el paso de los años ha alcanzado el estatus de obra de culto entre los aficionados a este tipo de cine. Afortunadamente, la Noche de miedo de 2011, a pesar de partir del mismo planteamiento de la original, decide recorrer un camino distinto, evitando así convertirse en una mera actualización o en una descafeinada fotocopia de la primera versión.
Es en este hecho y en sus modestas pretensiones donde se encuentran las grandes bazas del remake. Al fin y al cabo, la nueva Noche de miedo lo único que busca es divertir y asustar al espectador a través de una historia siniestra, recuperado en algunos momentos el espíritu y la filosofía de serie B que contenían este tipo de películas anteriormente.
Charlie es un joven residente en Las Vegas que trata de dejar atrás su infancia y convertirse en un adulto, especialmente por la influencia ejercida en él por su novia. Pero la vida cotidiana de Charlie se trunca con la aparición de Jerry, su nuevo vecino, quien resulta ser un sanguinario y despiadado vampiro, y que pronto representará un peligro mortal no sólo para él, sino también para todos los residentes de su barrio. Para hacer frente a esta amenaza sobrenatural, Charlie contará con la inesperada ayuda de Peter Vincent, un mago de Las Vegas teóricamente cazador de vampiros y experto en las ciencias ocultas.
Curiosamente realizada por un director curtido en el cine independiente, Craig Gillespie, Noche de miedo acaba resultando un remake canónico puesto que en ningún momento falta el respeto al material original, y a pesar de las interesantes diferencias argumentales, especialmente notables el la descripción de los personajes de Jerry y Peter Vincent, totalmente opuestos a los caracteres que los definían en la original, logra captar el espíritu de diversión despreocupada y macabra, a lo que ayuda las elevadas dosis de comedia que pululan por la película. La película también apuesta por recuperar la figura del vampiro más cruel, inhumano y salvaje, alejándose completamente de la imagen impuesta por el éxito de la saga Crepúsculo.
El filme no va más allá del divertimento, pero tampoco lo pretende en ningún momento. Su reducido presupuesto juega en su contra en determinados momentos, sobre todo en los efectos visuales que resultan demasiado evidentes y poco creíbles, pero realmente se trata de un problema menor.
En definitiva, el remake de Noche de miedo se encuentra algo por encima de la media de las nuevas versiones de clásicos del cine de terror, y los aficionados a este tipo de películas harán bien hincándole el diente.