por GRACIA BENITO 

Antonio Vega. Mis cuatro estacionesEste proyecto nace a partir de la amistad que compartieron Juan Bosco y Antonio Vega. Inicialmente se imaginó como un boceto al alimón donde se narraría parte de la biografía de Antonio, analizando cada canción, pero tras 4 años trabajando y debido al desorden diario que cohabitaba con él, nunca culminaron tales expectativas. La muerte llamó a su puerta, y el autor no tuvo más remedio que recomponer la obra con el material recaudado hasta el momento, más el que le ofrecían sus compañeros (la banda), su familia y amigos.

Todos han contribuido para crear una perfecta amalgama con pedazos de conversaciones o entrevistas, divagaciones del escritor sobre la vida y obra de uno de los iconos de la Nueva Ola, intercalando fotos inéditas, manuscritos del puño y letra de este ídolo de masas desgreñado y taciturno, dedicatorias de sus álbumes, carátulas de los CD… material de una tremenda valía para cualquier fan de “ese chico triste y solitario”, o del sonido de los 80. 

Logra dar luz a la persona que se esconde tras la figura de Antonio Vega. Un tímido enfermizo, habitante de un universo paralelo, que encaminaba sus fuerzas hacia la práctica de la música. No sólo vivía por y para ella, sino que sobrevivía por ella. Era el mástil de su barco llevado a la deriva por sus episodios con las drogas, sus enfermedades (tuberculosis, neumonía y cáncer), sus desamores. Los acordes de una guitarra, las horas delante de una página en blanco esperando a las musas, paliaban los infortunios que acaecieron sobre su entorno (la muerte de dos de sus hermanos y de su novia Marga).

Desde un caos cronológico nos descubre a un artista fuerte, inflexible con los parámetros creados, controlador de cada palabra y nota, y alejado de la imagen de un hombre insociable, huraño, con un pie en la tumba, como muchos ilustrados quisieron hacer saber al público durante años.

Obvio parece que al comentar su proceso evolutivo en lo profesional se tenga que nombrar la etapa junto al grupo Nacha Pop (La chica de ayer), y las divergencias que le llevaron a aprender a desenvolverse en solitario, para llegar a su máxima desenvoltura ante la guitarra, y a componer e interpretar canciones míticas como Se dejaba llevar por ti, Lucha de gigantes, El sitio de mi recreo.

Lo que hace particular a este ejemplar consiste en que no se queda en el mero vómito de datos biográficos, fechas y hechos concretos sino que ahonda en el pensamiento, en el día a día, fuera terrible o mundano, sin temor a que el lector juzgue al personaje. Tal vez sea porque, de sobra sabemos, que “Antonio no es una persona normal y corriente, no lleva una vida normal y corriente y no se le puede medir con el mismo rasero con el que se mediría a una persona normal y corriente. Sería una grave equivocación hacerlo porque las personas normales y corrientes no componen Sentado al borde de ti o El sitio de mi recreo”.

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