por GRACIA BENITO 

La escala de los mapasGopegui descubrió su verdadera vocación estudiando Derecho, con sus tiempos suspendidos entre páginas de libros y hojas en blanco posteriormente rellenadas a conciencia. Su primera obra, La escala de los mapas (1993), no sólo fue galardonada con los premios Tigre Juan y el Iberoamericano Santiago del Nuevo Extremo para autores noveles, sino que se colocó como la artífice de una enigmática y prometedora carrera literaria. Tras ver convertida La conquista del aire (1998) en el film Las razones de mis amigos, sus aptitudes como guionista se despertaron activamente para participar en el guión de La voz dormida  junto a Ángeles González-Sinde, y en El principio de Arquímedes, en solitario.

La escala de los mapas, nos dibuja una novela reflexiva, donde los personajes que interactúan con el protagonista, Sergio Prim, ni siquiera albergan una mínima importancia dentro del argumento. Sergio Prim sustenta las más de 200 páginas con su sola presencia y sus pensamientos acerca del límite de la realidad en las acotaciones del espacio y del tiempo. 

Prim, geógrafo de profesión, utiliza los conceptos de sus estudios para evaluar aspectos de la vida: su torpeza inherente, su visión del amor y la muerte, y su relación con Brezo Valera, una mujer que en el pasado, y tal vez en el presente, ilustra su amor platónico.

La novela va fluyendo con naturalidad, en armonía, con una prosa que destila poesía. Sus capítulos son breves, pero tan densos e intensos como un manual de filosofía. Derrocha lo atemporal e imperecedero que se refugia en los asuntos banales y cotidianos, para recurrir en cualquier momento a una segunda o tercera lectura de tan deliciosa narración.

El protagonista, la escritora, cada uno de nosotros busca un “hueco” donde respirar quietud, paz y felicidad. El “hueco” del viejo Prim se haya lejos de cualquier sentimiento de amor, fugaz dejando un rastro de inmenso dolor y dudosa tranquilidad; se esconde a una enorme distancia de los placeres del sexo, placentero pero efímero al igual que el orgasmo; se escapa de casi cualquier relación personal que traspase lo meramente cordial y artificial.

Subraya una percepción peligrosamente novedosa, consigue que el lector se replantee verdades y ante todo realidades que las tenía estipuladas como tal, sin parecer, en ningún momento, las ideas descabelladas de un enfermo que no sabe lo que se dice ni lo que se hace.


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