por RICARDO HERNANDO 

El poder del cuerpo«Te propongo una lectura corpórea / desde el prólogo de tus ojos / hasta el epílogo de mi boca». Estos versos de Gloria Bosch incluidos en El poder del cuerpo condensan la propuesta de esta antología de poesía femenina contemporánea en la que el cuerpo se desdobla en sujeto y en objeto poético. Meri Torras, editora de la compilación, reúne textos escritos a partir de 1995 por poetas consagradas como Cristina Peri Rossi, Rosa Lentini, Josefa Parra o Ana Rossetti junto a creaciones de algunos de los nombres más pujantes de la poesía joven española, como Miriam Reyes, Elena Medel o Vanesa Pérez Sauquillo. 

 
Pero si algo distingue a El poder del cuerpo de otras antologías es que supera la limitación de centrarse sólo en escritos en lengua castellana al incluir a autoras periféricas que escriben en su lengua materna. De este modo, autoras como la catalana Maria Jose Marçal, la gallega Yolanda Castaño o la vasca Miren Agur Meabe prestan sus voces y sus lenguas para completar una de las antologías poéticas más sugestivas publicadas recientemente. El cuerpo femenino se traduce en versos gracias a la osadía de un conjunto de autoras que no elude los aspectos viscerales ni el lenguaje más atrevido desafiando los convencionalismos según los cuales hay ciertos temas que no tienen cabida en la llamada 'alta literatura'. La poesía, como el cuerpo, se desarrolla a paritr de heridas («cuando tu mano me toca / graba en mí llagas», escribe Miriam Reyes), el paso del tiempo (los versos de Aurora Luque; «Reconstruir un cuerpo / fragante en la memoria: / ingresa en el recuerdo semidiós / y en el olvido, viento») y, finalmente, la conciencia de la muerte (el extraordinario poema de Elena Medel “¿Te das cuenta de que todas las personas que conoces morirán algún día?”). 

La búsqueda de estas escritoras es doble; pretenden alcanzar una identidad propia como sujetos y como poetas y buscan una libertad vital y creativa que les lleva a apartarse tanto de los estereotipos sociales como de los literarios, como escribe Olga Novo: «soy tan obscena porque sé / que esto es el fin del tiempo y de todas las épocas / es el momento de la mordedura del alacrán: // no sé vivir de otra manera / si no es enferma de tener fieras al límite por dentro».

Las intimidades femeninas son abordadas sin eufemismos, en ocasiones incluso con crudeza. Así, Anunciada Fernández de Córdova escribe; «En las mujeres / la sangre / se hace mierda, / la menstruación / es lo impuro / y la fecundidad», y Miriam Reyes describe la capacidad de concebir despojándola de sentimentalismos; «Eso que tú expulsas / casi como a un desecho / es basura reciclable en mi cuerpo. / Puedo construir muñecos / a tu imagen y semejanza. / Dios me ha dado ese poder / yo lo he disimulado con mi frágil apariencia». Las poetas escriben sus textos con su cuerpo y éste a su vez se configura mediante la palabra, como en estos versos de María Paz Moreno: «Palabras, / secreciones de mi cuerpo, como el sudor, la saliva o las heces / (...) Toda yo soy un diccionario / de páginas anotadas en los márgenes / y lomos gastados por el uso». 

El poder del cuerpo propone una poesía más física y carnal, alejada del idealismo, una poesía valiente que busca una belleza real e incómoda en ocasiones, una poesía que reta al lector a no permanecer impasible ante lo que lee y que le exige una reacción, que es lo que, al fin y al cabo, busca la buena literatura. 


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