Gracias a Moisés nos acercamos a un mundo marginal donde la prostitución de inmigrantes como alternativa económica y salvación “divina” resulta ser el espejo de millones de vidas. Sin sentir como finalidad esa denuncia el escritor y periodista Juan Bonilla crea una novela negra y de intriga, que ganó el premio Biblioteca Breve en 2003, y que recoge como base algunos sucesos reales acontecidos en nuestro país, plasmados sobre las columnas de periódicos o diarios.
El protagonista, Moisés Froissard, acude a Bolivia para ayudar con sus trucos de magia y malabarismos de payaso a un grupo de niños y jóvenes, y finaliza sus días en ese espantoso entorno como cazador de bellezas en la compañía “El club Olimpo”. Sufrirá un proceso de aprendizaje para captar a las mejores “piezas”, y convencerlas de que en España existe un paraíso digno de sus cuerpos, y dispuesto a engrosar sus carteras. Viajará por los continentes en busca de carne fresca que responda a la definición que su superiora contempla sobre los diamantes que resaltan dentro del fango, serán “aquellos cuya contemplación te la pone dura”. Pero la verdadera historia central la forman una pareja de inmigrantes nubios, componentes de una tribu africana sometida por los islamistas en Sudán y caracterizada por su narcisismo y su beldad, que malviven en las miserias de Málaga, y a los cuales se les ofrece la oportunidad de prostituirse a cambio de alcanzar la Tierra Prometida o el Nuevo Mundo.
Con la descripción de sus personajes y las experiencias que pesan sobre sus espaldas logra ahondar en los valores morales y éticos de los humanos y cómo llegamos a ser capaces de manipular, mentirnos a nosotros mismos y vender nuestro cuerpo y, sobre todo, nuestro alma.
En Los príncipes nubios (2003) los acontecimientos trágicos se suceden de continuo mezclados con una vis cómica que nos sorprende riendo ante la posibilidad de que los prostitutos sean amparados por el beneficio económico de los derechos de imagen al usarse su recuerdo para masturbarse, o ante la eventualidad de que se despierten nuevos deseos sexuales, nunca antes imaginados, al mantener relaciones con personas del mismo sexo, o conseguir el orgasmo observando un salvaje polvo entre dos o más fulanos.
La narración entrecortada de Moisés se intercala con breves diálogos que dan la nota de color y ritmo al escrito, excepto en el desenlace, acaeciendo éste de una manera descaradamente predecible, y restando encanto y verosimilitud al conjunto de la obra.
A pesar de que lo notorio debería perfilarse en esa denuncia que remarcaba al principio, la lectura nos hace regocijarnos sobre la opción de convertirnos en salvadores y dioses, aunque los métodos utilizados encarnen unos seres perversos y despreciables