por CÉSAR FRANCÉS 

Rocky IVLa cuarta entrega de la saga del personaje pugilístico de mayor reconocimiento, en la ficción y en la realidad de muchos, además de abarcar géneros como los de acción, drama o deportivos podría muy bien catalogarse como película musical, no en vano constituye una de las muestras más representativas de la categoría, durante la década de los ochenta.

La banda sonora del film, a pesar de en alguna ocasión recurrir a partituras imprescindibles del originario, deja de estar bajo la batuta del genio Bill Conti, para pasar a nutrirse de los artistas que en ese momento engrosaban las filas del sello Scotti Brothers.

El grupo Survivor, apuesta personal que ya diera sus réditos al guionista, director y actor Sylvester Stallone con la archiconocida (si no se puede usar este calificativo aquí, es que simplemente debería desaparecer del diccionario) Eye of the Tiger, vuelve a facturar otro himno atlético, de los que esta cinta está plagada, con el tema Burning Heart.

También se encontraba trabajando para dicha compañía James Brown, al que le conceden el honor de protagonizar el primer vídeo-clip de la película con el tema Living in America, y es que la sucesión de vídeos musicales al uso van a marcar el ritmo del montaje de la historia.

Durante la primera parte el desarrollo va a seguir el cauce habitual en cualquier otra cinta cinematográfica clásica, con la música supeditada a la imagen, con temas como One Way Street del dúo Go West, o la canción Double or Nothing, la preferida de la novia cibernética (ejemplo de ostentación y del concepto de futuro propios de la década) de Paulie, interpretada por otra pareja estelar, la formada por “la emperatriz del soul”, Gladys Knight y Kenny Loggins, compositor de éxitos fílmicos como Footloose, Danger Zone (Top Gun) o, la versioneada por los Poison, Your Mama Don’t Dance.

A partir del meridiano exacto de la narración, la música manda, y vamos a poder disfrutar, como espectadores o como oyentes, de una sucesión de cortes completos de los temas No Easy Way Out, del también en nómina de los hermanos Scotti, Robert Tepper; en el que la sucesión de flashbacks de la antología completa (hasta la fecha) de “El Potro Italiano” componen la parte visual de la secuencia. Pasando por la ya mencionada Burning Heart, Training Montage y Hearts on Fire del “springsteeniano” John Cafferty, sustituta de la mítica Gonna Fly Now, en lo que a escalada a la cima (esta vez literal y sin peldaños) se refiere.

Éstas dos últimas se alzan, por tanto, como los dos nuevos himnos-estímulo para la práctica deportiva diaria. La alternancia entre tecnología y recursos naturales son plasmados en la fotografía y el sonido de dichas canciones, y el hecho de que aparezcan incluso agujas, y esteroides las convierten en precursora y paradigma de la lucha contra el dopaje. 

El magnífico himno soviético (no incluído en la bandas sonora en formato audio), precede al combate en el que War/Fanfare From Rocky acompaña no menos majestuosamente la sucesión de asaltos, dotándolos de toda la épica y tensión que sólo una obra de tal calibre es capaz de transmitir.

Retazos de las primeras composiciones de la serie, aparecen antes de volver a un Hearts on Fire que nos trae los créditos de una película, en la que a partir del minuto 39 no dejaremos de escuchar música durante escasos cinco minutos seguidos hasta la aparición del logo de la distribuidora.


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