por CÉSAR FRANCÉS 

David BowieTrasladando ahora la ambigüedad al título del disco, en el que el juego de palabras le permite alternar entre la sensatez y la demencia de su nuevo personaje; este ser omnipresente factura, ya con la categoría de estrella, su particular trabajo en carretera. La icónica portada de Brian Duffy, nos abre un álbum en el que el protagonismo musical es, en buena parte, cedido por el anfitrión a la guitarra de su ya conocido compañero, Mick Ronson y al piano del nuevo invitado Mike Garson.

Así, mientras en la rockera y stoniana “Watch That Man” las seis cuerdas van a ser las que definan el sonido del tema, en “Aladdin Sane (1913-1938-197?)” la 3ª Guerra Mundial insinuada, viene en forma de solo al teclado. Ejercicio de jazz vanguardista, en el que se incluyen pinceladas latinas y que debe su existencia a la confianza depositada, en forma de respetuosa exigencia, por el jefe.

“Drive-In Saturday”, un doo-wop que relata un futuro post-apocalíptico, en el que los supervivientes necesitan rebuscar entre los referentes nostálgicos que suponen ídolos carnales como Jagger o la filmografía pornográfica de la época para recordar el cómo de la reproducción; vino a la mente de su creador a raíz de la visión de unas extrañas luces en el trayecto entre Seattle y Arizona, durante la gira estadounidense del 72 y fue ofrecida en un primer momento a Mott the Hoople, cuyo rechazo provocó la frustración del autor y la consiguiente autoeliminación del vello de las cejas. 

El sonido glam, patente de la casa Bolan-Visconti, que ya se deja entrever en un primer momento en “Panic in Detroit”, aunque un poco difuminado pese a la percusión de esas congas que no cesan y quizás por los coros gospelianos que la adornan, va a ser mucho más evidente en “Cracked Actor”, canción que describe la ocasional relación entre una menguante estrella hollywodiense y una prostituta, con todo el sexo y las drogas que el asunto conlleva.

Paso al cabaret en “Time”, con la brillante interpretación al piano, y la no menos deslumbrante respuesta de la guitarra, y en la que se incluye el respeto a la memoria del, prematuramente desaparecido, batería de los New York Dolls, Billy Murcia.

Escrita y publicada anteriormente a este trabajo y pensada para su, entonces, mujer Angela Barnett, “The Prettiest Star” es ahora reinterpretada, trancribiendo Mick Ronson la guitarra que grabara para la primera ocasión Marc Bolan, y ,curiosamente, acabando el conjunto con un estilo mucho más glam que la original.

"The Jean Genie", de la que saldría el nombre de la conocida banda escocesa Simple Minds, y que vuelve a acudir al juego de palabras, esta vez para tomar el nombre del novelista, dramaturgo y poeta contestatario francés Jean Genet, y a la figura de un personaje inspirado en Iggy Pop, representa en lo sonoro, la vuelta a las raíces blueseras con un riff que coincidiría extraordinariamente en asonancia y cronología con el “Block Buster!” de The Sweet.

El festín final del señor Garson lo podemos degustar en la romántica, al estilo Bond, “Lady Grinning Soul”, inspirada en la sugerente figura de la cantante de soul, “Ms. Brown Sugar”, Claudia Lennear.

La versión, con inicio sideral incluido, de “Let’s Spend the Night Together”, va a servir de aperitivo del que será el posterior trabajo del británico, “Pin Ups”.

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