por CÉSAR FRANCÉS
Último trabajo de Alice Cooper como banda, con la formación clásica, y que no obtuvo la consideración, ni crítica ni comercial, que habían conocido sus tres anteriores grabaciones y que suponen el sólido germen del shock rock: Killer, School’s Out y Billion Dollar Babies. Es 1973 y la revista Creem, por boca de sus lectores, nombra al vocalista, de nombre original Vincent D. Furnier, “punk del año”.
Esta dieta tan rica en bebidas espirituosas, irá mermando la salud y el equilibrio del conjunto, provocando durante la producción de Muscle of Love, la necesidad de incorporar algún músico extra, en auxilio del guitarrista Glen Buxton.
La fidelidad y el amor por la representación llega incluso al diseño gráfico del estuche que acoge el vinilo, y repitiendo experiencias anteriores, como ya hicieran con la billetera gigante del Billion, ahora la funda viene teatralizada en una caja de cartón típico de embalaje, con su sello de frágil incluido.
Sólo la falta de cohesión en el conjunto que forman los diferentes cortes, le impiden convertirse en el cuarto as que completara ese póker encadenado; en cambio, lo que sí nos brinda, es la posibilidad de disfrutar de una colección de canciones, entre las que aparece hasta una aspirante a banda sonora de cierta entrega de James Bond.
Big Apple Dreamin (Hippo) abre con un sonido sólido muy “Purple”, hasta que el timbre de Alice la arrastra a su terreno, especialmente en el estribillo, a continuación el rock de Never Been Sold Before arranca con un riff que evoca al que posteriormente convertiría Nazareth en clásico con su Hair of the Dog.
La suave y delicada Hard Hearted Alice rebaja el inicio tan hard rockero del disco, y da paso al blues-jazz, incluso a lo ragtime de musical ,de Crazy Little Child. Working Up A Sweat es la más desenfadada del total, y la que inaugura la segunda parte. Explotando a continuación con la frenética Muscle of Love, en la que cada miembro de la banda parece luchar por exhibir, precisamente, su fortaleza instrumental.
Y por encima de todas, Teenage Lament’ 74, y es que por sí sola merece los mayores elogios; sensación de nostalgia que brota al tiempo que la inicia esa pareja de bajo y guitarra, y a la que van a dar su apoyo, ese elenco de coros que forman las voces acreditadas de Ronnie Spector, The Pointer Sisters, y Liza Minelli.
Concluye este, injustamente infravalorado, trabajo de la banda que iniciara su trayecto, bajo la tutela del otro genio de la escena, Frank Zappa, con Woman Machine, contenedora de un riff que hoy mismo podríamos encajar en el Black Ice de los australianos AC/DC.