por CÉSAR FRANCÉS 

Live... In The RawEste “grandes éxitos” a la vieja usanza, en vivo, cuando los recopilatorios no brotaban en cantidades industriales de hasta debajo de las piedras, es compendio representativo de los tres primeros “larga duración” de la banda y recapitulación de un espectáculo asociado a la pirotecnia, la sangre y demás elementos de la anatomía humana.

Pese a ausencias tan significativas, como el célebre primer single de la banda, y poseedor de una de las portadas más macarras conocidas, “Animal (F**k Like a Beast)”; y contando con el, a la vista de los resultados, insignificante hándicap de un repertorio completado con dos temas no recogidos anteriormente en ninguno de sus discos de estudio.

Con, la muy apropiada, “Inside The Electric Circus” comienza este show, a su paso por California, y que por la época solía incluir en el apartado visual, el degüello simulado de alguna fémina, torso desnudo, capucha en cabeza, y extremidades encadenadas a un bastidor. Fuego, plumas, y carne troceada y lanzada al público eran elementos que no podían faltar en las representaciones de unos individuos que tenían por ideograma la hoja de una sierra mecánica. El plasma, bien derramado de algún cráneo, o para conseguir algún descuento en la entrada, previo paso por el remolque de donantes, también entraba en el saco.

Estos cuatro chicos, comandados por el pletórico Blackie Lawless, que cuenta en su haber con un paso fugaz por los New York Dolls, y por la personificación del título inaugural de la agrupación, el guitarrista Chris Holmes (impagable su “actuación” en el rockumental “The Decline of the Western Civilization Part II: The Meta Years) descargan su contundente sonido mediante tributos, “I Don’t Need No Doctor” de Humble Pie, baladas al uso, “Sleeping in The Fire”, y clásicos, “Wild Child”, “9.5. – Nasty”, especialmente, la consagrada como himno, “I Wanna Be Somebody”.

Los dos temas nuevos vienen introducidos por sendas referencias a las mujeres, en el primero de ellos, “The Manimal” el discurso viene a ser una loa genérica; el previo al segundo, “Harder Faster”, va dirigido a un grupo más concreto, el que las esposas de ciertos diputados estadounidenses, encabezada por la entonces aún consorte del un día vicepresidente, Al Gore, formaban bajo ese nombre abreviado de P.M.R.C., o en su versión extendida, Parents Music Resource Center. En este comité, las distinguidas y escandalizadas damas jugaban, durante su desmesurado tiempo libre, a ser sus maridos; adecentando, como si del cuarto de la niña se tratara, el panorama musical mundial.
Así, con esa profusa inteligencia y capacidad transferidas a través del respetable, (que no respetado) sacramento del matrimonio, las “Washington Wives” dieron con el significado oculto en las siglas de la banda, calificándolos de pervertidos sexuales (otras infalibles deducciones del acrónimo los asociaban a un determinado colectivo étnico-religioso); e incorporaba el citado “Animal” a su lista de las “quince sucias”, entre las que podíamos encontrar los dañinos trabajos sobre la masturbación, el ocultismo, las drogas, la violencia y el sexo en general producidos por ilustres de la talla de Prince, Madonna, AC/DC, Cindy Lauper, Black Sabbath y alguno más.

El concierto acaba con la gloriosa “Blind in Texas”, cuyo vídeo promocional cuenta, como no podía ser de otra manera, con el simpático cameo del trío más estimado de Houston. Pero una canción más remata este “Live... In The Raw”, la única grabada en estudio, y que estaba incluida en la banda sonora de la película de “Ghoulies II”, cuyo avance promocional permitía a estas criaturas, en conjunto, compartir protagonismo.

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