La formación de Santiago Iglesias tocó el clásico We are the Champions de The Queen junto a un coro juvenil procedente de un instituto ilicitano. Foto: LCV

por NACHO ALTED 

Santiago Iglesias, profesor de guitarra de la Universidad de Alicante, ofrece un concierto de educación musical basado en la historia del rock. Pocas veces el auditorio del Paranimf ha soportado tanto ruido. Por un lado, el sonido estruendoso de la clase teórica y práctica de Santiago Iglesias y su grupo; por otro, las numerosas hordas adolescentes que masificaron la sala. Se nota que querían bullicio y jaleo. Todo sea por cambiar unas horas los logaritmos neperianos y las oraciones subordinadas por los acordes de Metallica y Guns´N´Roses.

 
Es “Escuela de rock” (2003) una comedia entretenida y sin pretensiones que trató un tema poco o nada explorado por los guiones cinematográficos: la vertiente académica del rocanrol. Y aunque Santiago Iglesias no es Jack Black ni esto es Hollywood, está claro que el espectáculo “La historia del Rock” bebe mucho de la idea original de aquella película que encerraba una cierta denuncia sobre el mundo encorsetado en que se ha convertido la educación para los más jóvenes. 

Porque ese es el objetivo de este concierto con esencia divulgativa: hacer ver a los adolescentes que existen otras realidades culturales más allá de los rigurosos discursos del sistema educativo, de las radiofórmulas, de los libros de texto promovidos por las grandes empresas editoriales y mediáticas, y del negocio cibernético y las videoconsolas. 

A través de una clase a medio camino entre la teoría y la práctica, Santiago Iglesias y su formación repasaron la historia de un estilo musical con 60 años de vida, una manifestación cultural que, salvo en eriales como España, ha servido de plataforma para muchos artistas y gente con inquietudes que veían en el rock una forma de tambalear los cimientos del “Establishment”, o por lo menos un acicate para salir adelante en una sociedad clasista en donde suelen ganar los poderosos.

La propuesta que presenta Santiago Iglesias es simple y efectiva: acompañar el repertorio musical con diapositivas proyectadas en una gran pantalla para que el respetable aprenda divirtiéndose. De esta manera, uno va asimilando nociones básicas mientras escucha canciones que permanecen en la memoria colectiva por derecho propio.

Un concierto de rock sin liturgia es como una cama sin sábanas. No tiene sentido. Foto: LCV

El manual introductorio iba desde la explicación de lo que es un “riff” hasta temas más relevantes como las influencias y los protagonistas que forjaron una música que, en la mayoría de las ocasiones, supone un canto de libertad. Desde luego a más de un crítico musical que va dando conferencias sin saber lo que es un hammond le vendría bien asistir a este tipo de eventos. Por lo menos aprendería lo que es el abecé. Pero en fin, supongo que tenemos lo que nos merecemos.

Está claro que el repertorio de “La historia del Rock” no fue perfecto. Pero muchas veces importa más el gesto que la meta. Es verdad que sonaron auténticos mitos como Led Zeppellin, los Stones, Bob Dylan, Chuck Berry, Metallica, Aerosmith o Guns´N´Roses, pero el espectáculo tiró mucho de clichés y lo políticamente correcto. En vez de The Police o U2 podría haber sonado The Doors o The Darkness, por poner un ejemplo reciente de un grupo que consiguió hacerse un hueco en medio de un panorama gobernado por el pop de corte británico y los gafapasteros. Aunque, claro, esto ya es a gusto del consumidor. Si bien es importante no quedarse siempre en la superficie.

Por lo demás, los cientos de asistentes que masificaron el auditorio del Paranimf vivieron en primera persona lo que supone un concierto de rock. La liturgia fue completa: una intro misteriosa compuesta a base de truenos y ruidos turbadores, un front-man que interactuaba muy bien con el público, la participación del personal tarareando estribillos, los solos de una guitarra que te elevan hasta el paroxismo, las luces fluorescentes para las baladas -en este caso los móviles-, y el viejo truco del rocanrol: el bis amagado tras una despedida ficticia. 

La formación de Santiago Iglesias clavó algunas versiones. Otras en cambio no fueron muy fidedignas. El cantante tiene buenos registros vocales, pero sus interpretaciones fueron a menudo demasiado personales. 

En general, la función fue in crescendo. Desde luego el sonido era mucho mejor al final. 

Las hordas adolescentes se lo pasaron en grande. Apenas conocían los temas, pero se impregnaron del espíritu rockero desde el minuto uno. En más de una ocasión abandonaban las butacas y daban rienda suelta a su efervescencia. Quizás el mejor recibimiento lo tuvo “Highway to hell” de AC/DC. Hay cosas que nunca cambian.

La principal conclusión que se puede extraer tras asistir a un recital como “La historia del Rock” es que los tiempos cambian. Esto suena a perogrullada, pero en realidad encierra mucha chicha. Si ha tenido un aliado el rocanrol durante su existencia ese ha sido la juventud. A fin de cuentas no ha sido más que un altavoz púber para intentar cambiar el mundo. El rock ha sido el fenómeno cultural juvenil más importante del siglo XX. Pero a día de hoy parece música para dinosaurios. El desconocimiento de los grupos y las letras en el Paranimf era evidente. 

Como rezaba la última diapositiva de la proyección: “El futuro de esta música está en tus manos”.

It´s only rock´n´roll, but I like it.

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