por NACHO ALTED

Dayna KurtzDayna Kurtz ofrece un concierto elegante e intimista. La bonita voz de la cantante de Nueva Jersey recorre los diferentes géneros que han hecho grande la música sureña. Hubo blues, country, folk, unas gotas de soul, y por supuesto mucho jazz. La fórmula era sencilla. Dayna Kurtz ponía su formidable voz y la guitarra. Peter Vitalone le daba color a las composiciones con su hammond y el piano. El resultado fue un cuadro nada recargado que, junto al vino, hacía volar la imaginación de los asistentes. 

 
La velada fue algo así como un homenaje a los sentidos. Los ingredientes de la noche invitaban al placer y el hedonismo. El interior de las Cuevas del Canelobre ofrecía unas vistas cargadas de formas sinuosas y sugerentes; el vino de las bodegas Verum halagaba el gusto y el olfato, sobre todo ese tinto mezcla de Merlot, Tempranillo y Cabernet Sauvignon, profundo y aromático, que recorre el paladar con fuerza y personalidad; y la música de Dayna Kurtz sonaba continuamente a melodía celestial. El tacto, eso sí, quedó reservado para los afortunados que acudieron a la cita en buena compañía; amparados en la intimidad de la oscuridad, las parejas podían jugar a espiritismo nocturno a base de caricias y roces amorosos...

Decía Boris Vian en el prefacio de “La espuma de los días” que solo existen dos cosas importantes en la vida: el amor, en todas sus formas, con mujeres hermosas, y la música de Nueva Orlenas. Si a esto le sumamos un néctar divino y la magia que puede llegar a generar un determinado lugar, entonces la felicidad resulta abrumadora.

Desde luego, el público se fue del concierto embelesado. El recital de Dayna Kurtz fue una combinación de elegancia, intensidad y recogimiento. Durante casi dos horas, la cantante de Nueva Jersey hizo gala de un profundo conocimiento de la música sureña. Cultivó todos los géneros musicales que han hecho grande al sur de los Estados Unidos. Hubo blues, folk, country, unas gotas de soul, y por supuesto mucho jazz. Solo faltó el rock´n´roll, pero las singulares características del decorado propiciaban una función acústica y minimalista.

La fórmula era sencilla. Dayna Kurtz ponía su formidable voz y la guitarra. Pete Vitalone le daba color a las composiciones con su hammond y el piano. El resultado fue un cuadro nada recargado que, junto al vino, hacía volar la imaginación de los asistentes. Foto: LCVLa fórmula era sencilla. Dayna Kurtz ponía su formidable voz y la guitarra. Peter Vitalone le daba color a las composiciones con su hammond y el piano. El resultado fue un cuadro nada recargado que, junto al vino, hacía volar la imaginación de los asistentes. 

La Kurtz se presentó en el escenario con un estilo bohemio en su vestimenta, dejando todo el protagonismo a sus innegables cualidades vocales. Su voz tiene algo de Tracy Chapman, un poco menos grave, sin llegar al chorro huracanado de la cantautora afroamericana. Digamos que es más sensual, tenue, de una textura suave y aterciopelada. 

El repertorio en las Cuevas del Canelobre estuvo compuesto principalmente por las canciones de “Secret Canon Vol.1”, su último trabajo, aunque también recuperó para la causa antiguos temas como “Invocation”,  “Love gets in the way” o “Postcards from downtown”.

Los primeros acordes correspondieron, sin embargo, a “Do I love you?”. La melancolía comenzó a gravitar en el aire. El ambiente nostálgico fue apoderándose poco a poco de la velada. Piezas como “Take me in your arms” o “I´ll close my eyes”  consolidaron una atmósfera tristemente embriagadora que se instaló prácticamente hasta el final. Los títulos de las canciones no son más que un preludio de lo que uno se va a encontrar. “Your fool again”, “Someday you´ll need me”, “Faraway again” versan sobre el amor, el desamor y la soledad. En las relaciones sentimentales, mientras uno cruza el paraíso, el otro suele descender a los infiernos...

A destacar la preciosa balada “Love Gets in the Way”. Puro sentimiento. “Fui buscando la libertad, pero el amor se cruzó en mi camino”. A buen entendedor, pocas palabras bastan. 

Dayna Kurtz poco a poco se fue acercando al folk y al country. En “Venezuela”, por ejemplo, metió un slide guitar a la melodía proporcionando un sonido vibrante y desgarrador. El blues vino con “You fine girl”. Totalmente a capella. “Parlez-moi d'amour” fue un tributo a la chanson francesa.

La despedida, para deleite de los seguidores de Dayna Kurtz, le correspondió a “Love, where did you go?”. De nuevo jazz en estado puro. El remate perfecto para una noche de vino y rosas.

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