por CÉSAR FRANCÉS 

And Justice for AllCon las últimas cuatro palabras del “Juramento de lealtad” a los EEUU y con la imagen de una justicia ligada y resquebrajada, de cuya balanza cae papel moneda, Metallica nos presentaba un trabajo de temática crítica y ejecución compleja.  Doble álbum definitivamente marcado por la trágica desaparición de Cliff Burton, el espectacular bajista que les llevó a afincarse en la Bahía de San Francisco, escena entonces emergente del estilo que empezarían coronando, y al que el macabro azar, en forma de un irónicamente privilegiado pasaje de autobús ganado a sus compañeros a los naipes, acabaría descabalgando.

 
La incorporación de Jason Newsted, y la inicial desconfianza por parte del dúo al mando del grupo hacia sus aptitudes, muy en parte por la siempre odiosa comparación con el anterior jinete, les llevaría a una peculiar producción, en la que el bajo resultaría atenuado hasta el punto de “mostrarse” casi imperceptible; esta mezcla si bien puede considerarse como deficiente, personalizaría de forma grata y casual el sonido de la banda.

Un bombo especialmente agudo, y de una nitidez patente, principal consecuencia de lo anteriormente expuesto, va a permitir la exhibición del danés Lars Ulrich y mantener una espléndida contienda, creativa e instrumental, con el segundo jefe presente, James Hetfield.

La complejidad y dificultad de los temas, así como el excesivo minutaje de los mismos, provocaría que fueran menguando las interpretaciones de los mismos, llegando a desparecer en su gran mayoría de las giras posteriores.

Sin embargo, “...And Justice for All” es considerado como el punto de inflexión del cuarteto, fundamentalmente a nivel de accesibilidad por parte de un público mayoritario, que pasaría a convertirse en multitudinario en la próxima grabación.

Mucha culpa de este acercamiento a las masas la tuvo el single “One”, primero con vídeo promocional, al que la MTV consideró como favorito para su propio premio, aunque no alcanzara tal galardón, inspirado en la novela “Johnny cogió su fusil”, de Dalton Trumbo y con imágenes de la película de igual título, y que consigue gracias a sus variaciones de intensidad y ritmos, con alternancia de compases ternarios y binarios, y a esa perfecta imitación instrumental de ráfagas, trasladarnos al escenario del combate que marca la historia escrita.

El resto de canciones pasan por el inicio característicamente potente en ellos de “Blackened”, y su reprobación al daño ecológico, seguida de la que da nombre al álbum y también montaña rusa en lo referente a la cadencia, llegando después de serios, extensos y exquisitamente resueltos ejercicios musicales, al homenaje merecido al extrañado bajista fallecido. En él se incluyen fragmentos, riffs y un poema creados por Cliff Burton. 

Como cierre, un tema demoledoramente rápido y enérgico, más en línea de los anteriores trabajos, de seguro disfrute para los melancólicos y para los ávidos censores que renunciarían posteriormente al grupo con el clásico y rotundamente inteligente argumento, o dictamen, de “haberse vendido”.


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