por CÉSAR FRANCÉS

Sorprendentemente, hasta ocho ciudades del país, y en tantos días correlativos, aparecían programados en el cartel de visita de estas dos bandas vecinas y originarias del cono sur que se atrevían a desafiar la posible extenuación de la dilatada planificación y la, fácilmente achacable a los tiempos que corren, escasez de auditorio.
Pero esa fidelidad que caracteriza al público de los argentinos Decadentes, se convirtió en una digna respuesta numérica, que permitió cubrir lo justo de la rebautizada sala “The one”, anteriormente conocida como Nave 8, y que ya hospedara tremendos compatriotas.
Con el ya conocido, en estos eventos, “olé olé olé... cada día te quiero más...” que la afición entonaba y se entonaba, quedó dispuesta la salida al escenario del primer combo de la velada. Correspondió este cometido a los uruguayos Notevagustar, y a decir verdad, no mucho.
Estos nueve jóvenes, pero con un saco ya de grabaciones a sus espaldas, llenaron literalmente el escenario, pero no consiguieron trasladar esa abundancia al plano sonoro, resultando contrariamente vacío el mismo durante el primer tema ofrecido.
Si bien tienen grabación reciente, fue un repaso por toda su discografía la que confeccionó el repertorio, siendo su segundo de estudio el que mayor protagonismo cuantitativo alcanzara durante el show con temas como Más mejor, No hay dolor, Tenés que saltar, Mucho más feliz, la bonita Clara y Me cuesta creer.
Éstas, junto al resto no consiguieron diferenciarse en intensidad por los mismos intérpretes, resultando tan monótono, que sólo durante la final Te voy a llevar, la guitarra consiguiera, por momentos, darle ese vigor y esa electricidad de la que adoleció hasta entonces. Patente quedó también una extraña falta de comunicación con el público, entregado de antemano, al que incluso sólo se le presentó un único componente de la banda.
Los Auténticos Decadentes, por contra, tiraron del descaro que les caracteriza, y propusieron lo que los asistentes esperaban, sin desconciertos; es decir, los dos temas más promocionados de su nuevo trabajo Irrompibles, entremezclados entre todo su catálogo de clásicos, nacidos ya con esa identidad.
Se presentaban los doce, con ese Somos y a la seguida Como me voy a olvidar estabas inmerso en la fiesta, el canto y el baile; enseguida comenzarían ese intercambio de papeles, cediéndole el “Cucho” Parisi, todos los honores al gran merecedor de los mismos, el reservado pero a tiempo espoleado por sus compañeros, D. Jorge Serrano, que interpretaría esas, también modestas, delicias compositivas que son Corazón, Diosa, Un osito de Peluche en Taiwán o la emocional El Pájaro vió el Cielo y se Voló.
También De Marco dejaba su guitarra por momentos para atacar sus temas, como la encantadora “Besándote” o “El Gran Señor”. El resto del show, todos esos himnos colectivos, reversioneados y ocasionalmente transformados a gusto de hinchadas y aficiones: Los Piratas, Vení Raquel, Entregá el Marrón, Guitarra. Las nuevas Los Machos, con baile masculino invitado, y Distrito Federal, dedicada a México, encajan perfectamente en el conjunto.
Salida y vuelta al escenario para acabar Loco, otra vez Serrano demostrando y derrochando talento a espuertas, y el final de fiesta de Siga el Baile, que hiciera popular el cantante de tangos y actor Alberto Castillo, allá por los 40.