por CÉSAR FRANCÉS 

The future is unwrittenUno podrá tener en mayor o menor estima una banda, o adorar esta o aquella obra, considerarla clásica, legendaria, ... pero si hay un disco que merece el conocido y malgastado apelativo de “imprescindible en toda fonoteca”, ése es el London Calling de The Clash. The future is unwritten viene a radiografiarnos la historia de su vocalista, Joe Strummer. 

El británico Julien Temple dirige esta película, y no es de extrañar. Este veterano en documentales y vídeos musicales (grandísimos como She Was Hot de los Stones o Blue Jean de Bowie), “cronista” de los Sex Pistols, y que firma películas tan extravagantes como Absolute Beginners o Earth Girls are Easy, ha mantenido desde sus primeros trabajos, una estrecha relación con el movimiento “punk”.

Los irregulares créditos de máquina de etiquetado DYMO, en cinta roja sobre fondo negro, dan inicio a la biografía por el final de la historia, con voces radiofónicas que anuncian el fallecimiento del vocalista. Una respuesta que parece epitafio en palabra propia del protagonista y con tono sobrio y solemne, se funde con el grito rabioso, hueco y encerrado de la cabina del estudio de grabación.

Así empieza este recorrido por la vida de un muchacho inglés, de nombre original John Graham Mellor, que nació en Turquía, hijo de madre escocesa, y padre diplomático, y que pasó de disfrutar de lugares tan distanciados en kilómetros y cultura como Egipto, México y Alemania, a ser confinado en un internado de su país, donde se formaría su perpetuo combate con la autoridad.

A través de la emisora, él mismo nos va presentando canciones, de otros, y acontecimientos, propios, que se ven apoyados en lo visual, con viejas películas familiares, archivos documentales de diversa temática, dibujos animados, y animaciones de dibujos de su autoría, que se van alternando con una cadencia rítmica agradablemente dinámica.

Amistades, compañeros, conocidos y celebridades van dejando su opinión sobre el personaje, de su paso por los grupos The Vultures, The 101’ers con esa encantadora Keys to your heart, de su conversión al “punk”, por la onda expansiva que desencadenaron los Pistols, y que dejó numerosos damnificados en forma de deslealtad. 

Aparece el inventor del movimiento, el señor Bernard Rhodes para conformar ese grupo con un cantante que se cambia al nombre a Strummer, porque sólo sabe rasgar la guitarra, un bajista que avisa de antemano que no sabe tocar (sinceridad como virtud), un batería que sólo estaba de paso, esperando un futuro grupo del que le gustara la música y un guitarrista, éste sí, que sabía qué debía sonar y cómo.

Y el mismo que lo creara, volvería más adelante, para destruir, maquinaciones y expulsiones mediante, lo que ya se estaba apagando, justo por el exceso de flashes y que mostraron a Joe lo alejado que se encontraba de su primigenia idea del camino. Repetir todos los errores que viera en los grandes grupos y de los que pensaba estar vacunado ayudó en el proceso.

Historias de encarcelamiento por robo de almohadas!!, imágenes de participación en maratones deportivos!!, Granada, postales hogareñas, participaciones en variopintos filmes progresan con la historia en la que el director consigue hábilmente desaparecer, y dejarle todos los honores al retratado.

De su paso junto a Los Mescaleros, tratan las últimas conversaciones a la luz de las fogatas, y que señalan a nuestro protagonista como el gran anfitrión que siempre fue. 

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