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La independencia de Cataluña y el País Vasco


RAMÓN FERNÁNDEZ DE TIRSO

Ramón Fernández de TirsoEn una tierra mágica como la nuestra no resulta extraño que por la noche puedan suceder fenómenos, quizá resultado de embrujos, que se manifiestan a través de los sueños, como en el caso que nos ocupa. Mi gato Felipe es al parecer un gato ilustrado porque, según me cuenta, en “Gatilandia” tienen un sistema educativo en donde no solo les instruyen en distintas materias, sino que además tratan de que tengan al finalizar sus estudios una mente crítica ante cualquier cuestión política, económica y social. Precisamente por esa formación crítica, me cuenta que le tiene pasmado la cuestión independentista que abiertamente se ha planteado en Cataluña y que no le cabe duda se planteará en el País Vasco. Porque realmente lo que al parecer le asombra a Felipe es observar que mentes preclaras del periodismo, la política, los intelectuales, los empresarios y de otros colectivos se les haya quedado cara de “pasmaos”, cuando, en opinión de mi gato, esto se veía venir.

Coincido con él, porque efectivamente se veía venir y el portón quedó abierto al introducir en el artículo 2 de nuestra actual Constitución el reconocimiento de las nacionalidades, término que en los tiempos en que se discutía el texto constitucional y con posterioridad se decía que su significado era meramente cultural, y al parecer alguno se lo creyó. ¿Acaso el español iba a ser el primer caso en la historia política mundial en el que una nacionalidad no supusiera a su vez la búsqueda de un Estado independiente asentado en un determinado territorio? Hay que ser ingenuo o algo peor, para pensar que partidos políticos como el PNV, Convergencia Democrática de Cataluña o Unió Democrática de Cataluña se declararan nacionalistas en términos culturales. Basta leer las ponencias de algunos de sus Congresos para llegar a la conclusión contraria, pero ¿cuantos de esos personajes se las leyeron?, o si lo hicieron ¿valoraron debidamente sus conclusiones? Buenas preguntas me comenta mi gato felipe, y añade, que según ha sabido, esas eminentes mentes estaban convencidas que con continuas cesiones y sobre todo con darles dinero la cuestión de que se declararan nacionalistas se reduciría, ad calendas grecas, a manifestaciones retóricas en fechas concretas: La Díada o el Día de la Patria Vasca, y por supuesto al ámbito de los Congresos de los partidos políticos nacionalistas.

Aclaro a Felipe, que en mi opinión, y esta es una cuestión que he seguido siempre con interés, los nacionalistas vascos y catalanes fueron construyendo con paciencia y persistencia una mayoría social que apoyara un proyecto decidido y claro para la declaración de la independencia de Cataluña y el País Vasco. El único problema es como se consigue que una vez proclamada esa independencia pasen a formar parte de la Unión Europea, porque lo que a priori ni el PNV ni CIU quieren es que Cataluña y Euskadi se queden descolgados de la Unión.

Me comenta mi gato Felipe que podríamos discutir las cuestiones históricas pero yo me niego porque considero que ya no es el momento, en mi opinión, y salvo que se produzca un cambio notable en la situación, que no me parece en estos momentos posible, la construcción de una mayoría social favorable a la independencia es un hecho, y mirarnos el ombligo no es precisamente la mejor solución. Claro que esa ha sido la política de todos los gobiernos de España, porque son ellos quienes han hecho posible la construcción de esa mayoría, han sido los errores o la desidia de quienes gobernaron y gobiernan en Madrid, los que han permitido, por ejemplo, que para el Congreso de los Diputados el voto de un ciudadano catalán a un partido nacionalista valga más que el voto emitido por un ciudadano valenciano para cualquier partido que se presente en una de nuestras tres provincias; clara discriminación bendecida en su momento por las Cortes Generales Y entiendo que para defender la unidad de España, de la que soy partidario, no se puede pensar en la Europa del siglo XXI en mandar a la Guardia Civil a detener a Mas o al Presidente del Gobierno Vasco, con el correspondiente conflicto social que esto generaría, ni tampoco en suspender el Estatuto de Cataluña, ni el del País Vasco. Y tampoco se debe de tomar como baladronadas las intenciones proclamadas por Artur Mas, y las intenciones parecidas y aun no proclamadas abiertamente del candidato a Lendakari por el PNV, fiando en que después de las elecciones catalanas y vascas todo quedará en una tormenta. Me temo que tendré que darle la razón a Rubalcaba, al menos en esto, cuando afirma que a Mariano se le escapa el país de las manos.

Mi gato Felipe me comenta que en “Gatilandia” están sorprendidos de que el presidente del Gobierno de España no haya convocado formalmente a las formaciones parlamentarias partidarias del mantenimiento de la unidad de España para estudiar conjuntamente la situación, y consensuar una postura común. Me cuenta también, que los expertos de “Gatilandia” han llegado a la conclusión de que debería de estudiarse el supuesto de que los parlamentos autonómicos de Cataluña y Euskadi declararan por mayoría absoluta la independencia de ambas regiones incluyendo la ratificación del acuerdo mediante plebiscito, y además decidieran internacionalizar el conflicto; y si internacionalizado consiguieran el reconocimiento de algún gobierno soberano extranjero, lo que por otra parte no es ciencia ficción, y menos en la política internacional. También me cuenta que, en cuanto al problema de la Unión Europea existen varias posibilidades, según los expertos de “Gatilandia”, que permitirían a una Cataluña independiente entrar en la Unión Europea. Partiendo de un hecho actual: el escaso peso político de España en la Unión y que cada país que la integra va a la suya. Y añade, por si no me he enterado, que internacionalizar el conflicto no significa la utilización de la fuerza bruta.

Creo llegado el momento de cambiar de tema, porque como le digo a mi gato estamos haciendo política ficción. Pero felipe es insistente y me espeta que ya hubo en España algún precedente de política ficción que él ha tenido a bien recordarme. ¿Qué partido estuvo en el poder con más de 160 Diputados y en las siguientes elecciones generales obtuvo menos de 20 escaños e inmediatamente después desapareció?. La UCD. Y de paso me recordó aquellas palabras de un ex ministro de ese partido, de las que fui testigo, y que por aquellas fechas daba por ganadas esas elecciones, afirmando “por cada voto que perdemos por la derecha ganamos dos por la izquierda”, ni Nostradamus hubiera superado la profecía.

Hasta la proxima entrega querido lector, si a la empresa editorial le place, por supuesto.