Rajoy comparece en los cerros de Úbeda

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoNo es que se fuera por los cerros de Úbeda. Es que hace tiempo que se ha instalado allí. Parecía estar en el Congreso, pero no. Fue desde los cerros de Úbeda desde donde Mariano Rajoy respondió -es un decir- a la ilusa pretensión de la oposición de que diera explicaciones acerca de la corrupción que asola al partido que sustenta al Gobierno y, por ende, al propio Ejecutivo. En aquellos parajes de la provincia de Jaén en los que, según cuentan las crónicas, se perdió Álvar Fáñez ‘El Mozo’, lo que le impidió engrosar las huestes de Fernando III de Castilla para reconquistar la población que les da apellido, anduvo el líder del PP durante toda su intervención.

Recordando viejos tiempos en los que hacía curiosas piruetas verbales para evitar citar al extesorero Luis Bárcenas, pongamos por caso, Rajoy consiguió no mentar la bicha de Gürtel pero, a cambio, fue pródigo en referencias a la marcha de la economía, al desafío soberanista, a la lucha contra el terrorismo yihadista y, en fin, a todos aquellos otros asuntos que suele utilizar como escudo a falta de mejores defensas. En su desenfrenado campo a través por los cerros se remontó al caso Lasa-Zabala y a Irán y a Venezuela para responder con el ataque a las andanadas que le habían lanzado la portavoz socialista Margarita Robles y su homólogo de Podemos Pablo Iglesias. Que por un oído le entraba lo que le decían, desde mentiroso hasta lelo, y por el otro le salía, dio cumplida cuenta el hecho de que Rajoy se viniera arriba y retara a la oposición a presentarle otra moción de censura si sus integrantes querían despojarle de la dignidad que ostenta a sabiendas de que, con un aliado como Albert Rivera, ni la aritmética parlamentaria ni la química personal de sus señorías permiten que se opere semejante prodigio.   

Si alguien esperaba que Rajoy explicara algo plausible en un formato en el que, como señaló el líder de Ciudadanos a modo de reproche universal, al interpelado no se le exige decir la verdad, es que vive en un guindo del que no acaba de caerse y que está plantado, tal vez, en los mismísimos cerros de Úbeda en los que mora el director de la banda conservadora. El presidente del Gobierno, o del PP, según esté en el papel del doctor Jeckyll o de mister Hyde, no puede ofrecer ninguna explicación sobre las relaciones de su partido con la corrupción porque ello supondría, sencillamente, admitir a viva voz su responsabilidad en unos hechos suficientemente contrastados y probados, a muchos de los cuales solo les falta el empujón final de la sentencia.

En su comparecencia, Rajoy ya ni siquiera utilizó el comodín del embuste que exhibió ante los jueces de la Audiencia Nacional en julio en un ensayo general de cara a su interrogatorio en la comisión de investigación del Congreso. Se limitó a pasear por los cerros de Úbeda como si se estuviera dando un placentero garbeo vacacional entre Pinto y Valdemoro.

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