Chulos

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoAun siendo lo más sustancial y preocupante, lo de menos es la deplorable gestión gubernamental de las nevadas que cayeron sobre media España coincidiendo con la operación retorno de las vacaciones de Navidad que convirtieron algunas estratégicas carreteras en ratoneras para miles de automovilistas, bastantes de ellos con la pegatina de la inconsciencia adherida al salpicadero como si se tratara de un San Cristóbal. Tomando en consideración las estrafalarias explicaciones, justificaciones y excusas que suelen seguir a los desbarajustes perpetrados por nuestros administradores, tampoco parece capital, por redundante, aludir a su tradicional resistencia a asumir errores en cuanto vienen mal dadas, que suele ir asociada a su alergia a pedir unas disculpas que, en cualquier caso, solo podrían ser aceptables como prólogo de higiénicas dimisiones o destituciones.

Lo más desasosegante del asunto es la constatación de que el insulto a la inteligencia del respetable y el desprecio al sentido común siguen siendo en este 2018 que acaba de comenzar una prolongación de ambas actitudes derivadas de la prepotencia y la chulería. Amén la ausencia de memoria de Rajoy y su tropa en relación a situaciones semejantes en el pasado, solo desde estas anomalías políticas se puede aguantar, sin saltar a la yugular de los actuantes, que dos de los máximos responsables de poner orden en el caos viario, el ministro del Interior Juan Ignacio Zoido y el director general de Tráfico Gregorio Serrano, estuvieran disfrutando de sus últimas horas de asueto en la tierra de María Santísima y del Copón Bendito mientras la situación meteorológica apuntaba hacia la hecatombe.

Y únicamente desde las buenas formas y la tolerancia que han caracterizado al ciudadano de a pie durante los años de latrocinio y afrenta se puede soportar sin romper ni un solo plato que el segundo de los mencionados, después de despejar balones a diestro y siniestro el día de autos y de culpar hasta al lucero del alba del desmadre, publicara un tuit en el que pedía perdón, sí, pero con un recochineo más propio de un señorito andaluz a punto de salir hacia la Feria de Abril bien cebado de fino que de un servidor público cuyo sueldo sale de los bolsillos incluso de aquellos que se sintieron «molestos porque la tarde de la tremenda nevada sobre la AP-6 estaba con mi familia en Sevilla pasando el día de Reyes, una maravillosa ciudad donde funcionan las líneas telefónicas e internet».

Que algunos han elevado la chulería a la categoría de obra de arte es indudable. Ahí están el portavoz popular Rafael Hernando o su antítesis indepe-republicano Gabriel Rufián para confirmarlo. Pese a los propósitos de enmienda formulados sin pausa durante la inacabada crisis económica, moral y política, la ofensa, y la ofensiva, continúan. Si el tal Gregorio Serrano ha demostrado que no hay un antes y un después, el que fuera vicepresidente con Aznar –que todavía le alaba– y director gerente del FMI, además de autor del milagro contable español y no sé cuántos prodigios más, Rodrigo Rato, reapareció para ratificarlo en la comisión creada en el Congreso para hurgar en el fiasco de Bankia.

Allí, en el estrado situado dos palmos por encima de sus señorías, el condenado a prisión por apropiación indebida en el caso de las tarjetas Black repartió estopa a mansalva a tirios y troyanos y explicó con la solvencia y la distancia de un catedrático emérito las razones que habían motivado el tsunami financiero. Lo hizo, igualmente, instalado en la chulería que ya apuntaba cuando estando en la cresta de la ola clamaba por la honradez y la honestidad y reclamaba la picota para los infractores. Si un marciano se hubiera colado en el Congreso a buen seguro habría pensado que el estafado, el agraviado, el zaherido, el vituperado, era el que ocupaba el sitial del investigado por múltiples tropelías y depredaciones dinerarias. Tal fue el desparpajo –último peldaño de la chulería innata– que esgrimió un delincuente que pese a acumular una cuantas causas más pendientes de resolución sigue intentando impartir lecciones. Para rizar el rizo y ahondar en el esperpento actualmente en vigor le faltó declararse preso político en expectativa de destino.

Comparte este contenido:

Comments are now closed for this entry