El CIS se fía de Rajoy

JESÚS ALONSO

Jesús Alonso Con la osadía propia de una mosca cojonera y la contumacia de una gota malaya, Mariano Rajoy insiste en que el suyo es el único partido fiable de cuantos habitan el ecosistema político conocido. Pues va a ser que sí. Al menos para el 26,3 por ciento de los votantes que según la reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) le siguen siendo leales, el PP es la única marca a la que le comprarían un coche usado.

Con lo cual la última entrega del rey de los sondeos es desoladora. Revela que los populares caen en picado desde las elecciones de junio de 2016 ante el acoso de Ciudadanos por la derecha, pero también descubre que se mantienen como la fuerza más votada pese a la masiva acumulación de escándalos de corrupción que en cualquier otra democracia avanzada hubiera entrañado la desaparición del escenario de sus autores bien en calidad de ejecutores directos, por complicidad tolerante o por omisión en el deber de vigilancia.

Resulta desasosegante saber que aunque las investigaciones policiales y fiscales y las resoluciones judiciales firmes o a la espera de recurso están dejando claro que la formación conservadora hizo trampas para proveerse de fondos que le permitieran competir con ventaja en distintos comicios, todavía más de la cuarta parte de los electores comulga con los sumos sacerdotes del desaguisado hasta el punto de estar dispuestos a renovar sus votos en las urnas. Es desalentador que pese al expolio que ha supuesto para las arcas públicas la acción de personajes inclasificables que medraron al amparo de políticos depredadores, aún queden en el censo ciudadanos dispuestos a poner la otra mejilla para que se la partan tan ricamente.

Si descartamos que todos ellos sean familiares de los interfectos, o abducidos por alguna misteriosa fuerza, habrá que convenir en que o les va el flagelo o tienen una peculiar manera –tan peculiar como la de sus héroes– de entender el servicio público. También pude haber sucedido que se hayan creído a pies juntillas los propósitos de enmienda formulados por lo bajini en tantos y tantos foros y los afanes regeneradores que exhiben con impudicia, cosa que se compadece bien poco con su actitud cotidiana, su desafío constante a las más elementales normas que rigen el sentido común y su resistencia a admitir la mayor: los nuestros robaron, luego nosotros somos, como poco, herederos de unos réditos tan espurios que nos deslegitiman. Y a otra cosa, mariposa.

Es francamente descorazonador que un sistema democrático que ha abolido por sufragio universal el bipartidismo permita que siga sentado tan campante al frente del Consejo de Ministros el líder de un partido que ya lo era en distintos niveles de responsabilidad cuando ocurrieron muchos de los hechos punibles que se van concretando con el paso de los años. Y ello, oye, gracias a la insolvencia de una oposición cainita, despistada y chiripitifláutica por la banda izquierda, y colaboracionista con maquillaje de inflexible por la banda derecha.

La fiabilidad que proclama Rajoy es como el marchamo de los embutidos, entre ellos el chorizo: de imposible digestión. Fiable se autoadjetiva el mandamás de una agrupación de intereses que mide sus imputados por toneladas métricas. Y lo que te rondaré morena. Los más optimistas auguran que nos espera una década de tribunales antes de que la depuración, o al menos una parte significativa de ella con forma de punta de iceberg, se consume por la vía penal.

Como ha advertido el caricato consejero delegado de la trama Gürtel Francisco Correa, divirtiéndose en su insultante comparecencia ante la comisión parlamentaria que investiga la financiación ilegal del PP, en la pomada no están todos los que son. Hay más. Y todos ellos con el aval de ese suculento pedazo de la tarta demoscópica que permite a Rajoy, el hombre que bascula entre la mentira, la simpleza y la torpeza, sacar pecho y exhibir músculito sin mirarse las vergüenzas.

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