El original y la copia

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoComo diría uno de esos descuartizadores que nutren la parte más gore de la historia del crimen, vayamos por partes: ni en un par de glaciaciones sería posible que se volvieran a alcanzar en la Comunidad Valenciana los niveles de corrupción registrados tanto en el PP orgánico como en los gobiernos amparados por estas siglas a lo largo de las dos últimas décadas. Difícilmente podría darse un alineamiento astral capaz de producir tanto delincuente por metro cuadrado institucional, incluyendo en el término a los ayuntamientos, diputaciones y al propio Consell, amén de las empresas sujetas a su disciplina. Ahora bien, el hecho de que el récord se antoje imbatible no significa necesariamente que no haya lugar a segundos y terceros puestos en la clasificación general. Lo cual, lejos de ser un consuelo, debería preocupar a los actuales gestores del botánico y alejarles de la autocomplacencia.

Declarar cancelada la «hipoteca reputacional» producto de años de latrocinio administrativo, como viene haciendo el titular de la Generalitat Ximo Puig desde hace unos meses, y alardear de que el territorio que dirige se encuentra entre los mejor valorados de Europa, es, como poco, una temeridad. Sobre todo si tomamos en consideración que semejante exhibición de pureza ha coincidido con episodios calcados del pasado como el protagonizado por el expresidente de la Diputación de Valencia, el socialista Jorge Rodríguez, que desembocó en su detención y las de los demás implicados en la contratación de altos cargos afines a Compromís y al PSPV para controlar la firma pública Divalterra, heredera de Imelsa, con las intenciones que se pueden intuir.

Si a esto añadimos las investigaciones en curso sobre la financiación irregular en 2007 y 2008 del partido que lidera Puig y el informe fiscal conocido recientemente que avalaría el pago de gastos electorales por empresas privadas a través de la agencia de publicidad Crespo Gomar mediante facturas supuestamente falsas, habrá que convenir en que la cruzada que emprendió en pro de la salvaguarda del buen nombre aborigen requeriría el envío de nuevas mesnadas para seguir convenciendo a las cancillerías continentales de que esto es miel sobre hojuelas y de que a la Comunidad no la conoce ya ni la madre que la parió, que diría el poeta Alfonso Guerra.

Incluso dando por hecho que las fechorías del PP no tienen parangón por más que la lideresa popular Isabel Bonig se empeñe en mantener lo contrario para democratizar el reparto de mierda, la sensación de estar en un bucle es sumamente pestilente. No es ya que las sospechas sigan anidando entre nosotros a la espera de que avancen las pesquisas y se pronuncien los jueces un siglo de estos. Lo kafkiano de la situación es que las actitudes y declaraciones de los actuales gestores de la cosa pública suelen ser copias fieles de las de aquellos a los que reemplazaron enarbolando, entre otras, la bandera de la honradez y el juego limpio. Paradigmático resulta que el dimisionario Rodríguez utilizará en su defensa la frase «podemos haber metido la pata pero no la mano», idéntica la que pronunció Juan Cotino, si bien al que fuera conseller y presidente del Parlamento doméstico le traicionó el subconsciente y cambió el orden de las extremidades en la cita, lo que ocasionó un gran jolgorio entre la concurrencia.

La sucesión de mantras y el escaso respeto a la inteligencia de los ciudadanos siguen siendo el pan nuestro de cada día. Sorprende sobremanera, por ejemplo, la tibieza de la vicepresidenta de la Generalitat Mónica Oltra –vociferante azote del PP hasta anteayer– a la hora de censurar las presuntas corruptelas propias casi tanto como la beligerancia de la no menos estruendosa jefa de la oposición con la supuesta corrupción ajena. Si cuando tocaba hubiera sido tan inflexible con las tropelías de su partido como lo es ahora con las de partidos ajenos gozaría de unos gramos más de credibilidad. Con fórceps había –y hay todavía– que sacarle repulsas, condenas y demás zarandajas si el infractor es cuña de la misma madera.

En este raro empeño por mantener una señas de identidad comunes en la salud y en la enfermedad, siempre hay, además, quien riza el rizo. Le tocó el honor al delegado del Gobierno en la Comunidad, Juan Carlos Fulgencio. Nada más tomar posesión del garito, el nuevo poncio puso en tela de juicio la detención del que era todavía presidente de la Diputación de Valencia y los registros practicados en la operación «Alquería». Algo que nos hizo recordar reacciones idénticas de ministros, altos cargos, etcétera, del gobierno de Rajoy cada vez que pintaban bastos. Siguen, por tanto, poniendo en tela de juicio desde el Gobierno intervenciones y estrategias de su propio aparato de seguridad. Que es igual que tirar piedras sobre el tejado común para debilitar la necesaria confianza del contribuyente en las instituciones.

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Comentarios   

0 #1 Latesha 17-08-2018 06:41
Me ha apasionado este post y en ningún momento había leído una
opinión como esta sobre el tema, genial !

Saludos

Feel free to surf to my page: Latesha: http://www.mundosalud.org/2017/12/3-problemas-de-salud-que-se-pueden-corregir-al-hacer-ejercicio.html
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