Los mirlos blancos en política

RAMÓN FERNÁNDEZ

Ramón Fernández de TirsoComo es sabido, el mirlo blanco es una variedad de mirlo que es una rareza, al punto que se llegó a afirmar que no existía. Nosotros, en lenguaje coloquial, utilizamos a veces la referencia a esa rareza cuando queremos referirnos a alguna persona y queremos resaltar las cualidades que sobresalen en ella para el ejercicio de cualquier actividad. En política, al hablar de mirlo blanco, referido a alguien concreto, estamos dando a entender habitualmente que el político al que se le atribuye esa cualidad es capaz de ganar elecciones o, en cualquier caso, mejorar notablemente los resultados electorales obtenidos por un determinado partido o coalición en las elecciones inmediatamente anteriores.

El mirlo blanco puede ser un político con experiencia electoral e incluso de gobierno o puede ser alguien sin experiencia política. En el primer caso sus virtudes y sus defectos ya son conocidos y, salvo sorpresa, puede preverse que sus decisiones no nos dejarán anonadados en un determinado momento, aunque la especie de los políticos siempre nos puede dar sorpresas, unas veces agradables y otras desagradables. Aunque hay que reconocer que, salvo excepciones, es esta la especie, más divertida que probablemente haya sobre la faz de la tierra, si no fuera porque sus decisiones nos afectan cuando nos gobiernan. Pero si hacemos abstracción por un momento de este hecho: ¡que obras teatrales! Sencillamente espléndidas. Drama, humor, tragedia, vodevil, y a veces todo esto en la misma escena sin cambiar de personajes, ni de decorado.

En cambio el mirlo blanco sin experiencia política es harina de otro costal. Para empezar o se consiguen los resultados electorales para los que le han presentado o se fracasa. No hay término medio. Si consigue ganar, los dirigentes del partido o coalición que lo presentaron correrán raudos y veloces a ponerse las medallas. Si el mirlo fracasa, no tendrá padre, ni madre político que lo ampare. Si en caso de fracaso el mirlo abandona la escena política, todos contentos. Pero en ocasiones, sucede que el mirlo no es un tontín, lo suficientemente dúctil para ser manejado, sino un listillo dispuesto a aprovecharse de la situación. En este caso el entretenimiento está asegurado, porque el mirlo blanco traicionara al grupo político con el que se presentó a las elecciones y decidirá ser el jefe de la tribu, o al menos estar entre los hechiceros, es decir, estar entre los detentadores del poder en el partido. En cualquier caso, el mirlo blanco sin experiencia política puede ser para la llamada clase política un potencial peligro, salvo que el mirlo decida enfrentarse al aparato del partido, supuesto en que este aparato lo degollará sin rubor alguno, también en esto hay excepciones.

La búsqueda del mirlo blanco es especialmente intensa cuando están cerca las elecciones municipales. Un momento que puede ser muy entretenido para el elector. ¡La cantidad de razones que pueden exponer para justificar su fichaje!

En relación a esta cuestión de la elección del mirlo blanco, recuerdo que en un municipio de esta provincia de menos de 10.000 habitantes, un grupo de notables de un partido apoyaba como alcaldable a un mirlo blanco sin experiencia política porque afirmaban que tenía glamour. La cruda realidad del mirlo era que era un analfabeto funcional y un botarate, en definitiva para saltar del carro en marcha.

En otro municipio de esta provincia el mirlo blanco recién descubierto hizo su presentación en un lugar público antes de acabarse el plazo para la presentación de candidaturas en la respectiva Junta Electoral de Zona. Hay que reconocer que el mirlo blanco hablaba bien en público, pero a sus padrinos les puso nerviosos aquella exhibición de oratoria, y de la noche a la mañana desapareció. Misterios de la política. Nunca más se supo de él. Debió de comérselo el gato. ¿Que quién fue el felino? Prometo contárselo otro día.

De entre los mirlos blancos con credenciales políticas ya conocemos a uno: Manuel Valls, que al parecer está construyendo una plataforma electoral con el apoyo de Ciudadanos para presentarse a la Alcaldía de Barcelona. Habrá que ver que juego da y si al menos puede alzarse con el triunfo en el Ayuntamiento de Barcelona. Y si además ese triunfo, le permite ser el alcalde. Tampoco debemos perder de vista la influencia que en su elección puede tener el ser diputado en la Asamblea Francesa, y si lo será en periodo electoral o habrá decidido abandonar su acta mucho antes.

Hay otro mirlo blanco que toda la izquierda madrileña trata de hacer suyo y que no sabemos que decidirá al final: Manuela Carmena, a la que aparte de sus errores, como todos, hay que reconocerle su virtudes: su honestidad personal, su moderación, y sus cercanía al pueblo de Madrid. Es decir, aparentemente, y salvo el tiempo y el carácter personal: un Tierno Galván. Nada me extrañaría que volviera a ganar Madrid. En cuanto a los mirlos blancos sin experiencia política, con relación a los municipios de nuestra provincia, nada hay en concreto, salvo rumores, y en algunos casos ni eso. Habrá que esperar a que se acerquen las elecciones municipales. Es posible que nos deparen sorpresas.

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