Por la boca muere el pez

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoA la portavoz del Gobierno Isabel Celaá le ha ocurrido lo mismo que le sucedió a la que fuera secretaria de Organización del PSOE Leire Pajín: se les descacharró el argumentario. Sea por un exceso de culto al líder, por un clamoroso déficit de atención o por ambas cosas a la vez, el caso es que si la segunda ya estaba en el abarrotado olimpo de los personajes políticos pintorescos debido a aquella desmesura consistente en proclamar como «acontecimiento histórico para el planeta» la coincidencia de Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero en las presidencias de EEUU y la UE, respectivamente, apenas diez minutos antes de que estallara la gran crisis económica, la primera se ha empeñado en entrar por la puerta grande.

Venía pulsando el timbre del portero automático desde que arribó al Consejo de Ministras y Ministros, pero acaba de conseguir el acceso libre y gratuito gracias a la defensa que hizo, es un decir, del Doctorado de Pedro Sánchez. Como a Pajín, se le fue la mano, y la olla, y lo ensalzó como primer jefe de un Ejecutivo en democracia con un Doctorado en el bolsillo. Afirmación que se ha revelado falsa de toda falsedad salvo que Leopoldo Calvo-Sotelo no cuente para ella como tal dado el escaso tiempo que permaneció en el cargo.

Pero es que, además, el miope apasionamiento de Celaá con su jefe de filas se quedó viejo a vuelta de hoja de calendario. Nada más loar la capacidad académica de Sánchez después de unos días en los que se puso en tela de juicio la autoría de su Doctorado, se denunció la existencia de plagios e incluso se cuestionó la calidad del máximo grado que conceden las universidades, y en medio de una epidemia de másteres y otras fabulaciones convertidas en afilados puñales a la que se sumó Berlanga con una flotilla de autobuses repletos de italianos que buscaban titularse en Derecho en la URJC para colegiarse en España y poder ejercer en su país, donde la exigencia pecuniaria para cubrir el trámite es muy superior, al inquilino de la Moncloa le salió otro grano en salva sea la parte.

Cuando las aguas, que no las sospechas, se serenaban y comenzaban a volver a su cauce, turbulento pero cauce al fin y al cabo, al presidente que más tarea tiene que hacer en el menor tiempo posible en toda la historia de la democracia, le sacaron las vergüenzas con un libro posdoctorado firmado al alimón con el economista Carlos Ocaña, al que algunos, sin duda malintencionados y pagados con el oro de la reacción, convierten en el «negro» del trabajo de fin de carrera de Sánchez. Y resulta que en el tochito de marras reproducen párrafos ajenos sin entrecomillarlos ni citación de fuentes y, por ende, se saltan a la torera la tan sacrosanta como vulnerada propiedad intelectual. Moncloa, es decir, su usuario principal, atribuye el copieteo a un error involuntario, lo cual no deja de ser una redundancia porque si es error no puede ser voluntario, y viceversa, y asegura que se subsanará en breve. O sea que, con la que está cayendo, Moncloa, Pedro Sánchez, vamos, endosa tácitamente a los administrados para los que trabaja la condición de tiernos infantes a los que se engaña con un caramelo o, peor, con un propósito de enmienda.

Ocurre sin embargo que, como es sabido, por la boca muere el pez. Y resulta que durante la moción de censura que le aupó adonde ahora está, el actual presidente le recordó a Mariano Rajoy que en Alemania dimitieron ministros tras descubrirse que habían plagiado sus tesis para reprocharle su resistencia a liar el petate y dejar libre el palacio. Por lo tanto, Sánchez debería aplicarse su propia medicina, mayormente para evitarnos a los demás dolores de cabeza. Sea en una tesis, en un currículum, en una novela, en un ensayo, etcétera, el plagio y el bulo es siempre una indecencia. Pero si, encima, procede de alguien  con responsabilidades políticas cuyo principal capital reside en no mentir o, al menos, en cultivar la mentira sin que se note, el asunto adquiere las dimensiones de una traición y un fraude al elector que no se puede despachar con excusas increíbles. Si se pone el listón muy alto hay que estar seguro de que se tienen piernas y riñones para superarlo antes de colocarse la medalla, chaval.

Comparte este contenido:

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar