ELADIO ANIORTE
Hoy ya me es imposible recurrir al humor o la ironía. Hoy no me queda más remedio que expresar con la mayor rotundidad posible que los agricultores de la provincia de Alicante estamos sufriendo y mucho las nefastas decisiones que a la Unión Europea le ha dado últimamente por adoptar. La delicada situación en la que nos encontramos por los bajos precios en origen, los elevados costes de producción y los robos se complica con la reciente decisión del Parlamento de aprobar el acuerdo de Marruecos. La sombra de la desdicha se cierne sobre el futuro de nuestros trabajos, es cierto.
En el sector de los productos agrícolas, el compromiso adoptado permite triplicar los contingentes que importamos de pepinos hasta alcanzar la friolera de las 15.000 toneladas; en el caso del tomate, se duplicarían las cantidades importadas al fijarse el límite en 257.000 TN y hasta en 28.000 TN más a partir de 2013; en los cítricos, como en el limón y en otros productos, permitirían la libre entrada sin límites, trabas ni control alguno. ¡Una completa y absurda barbaridad! Los productos marroquíes ya nos están desplazando o rectifican o ahora más que nunca han puesto en jaque a toda la agricultura del Arco Mediterráneo, la de mayor calidad del mundo. ¡Menuda barbaridad!
Pero no se crean que los daños sólo los sufrirá nuestro modelo productivo, también los marroquíes, sí señores, pero sólo los agricultores pequeños y medianos. El motivo no es otro que el acuerdo únicamente premia a tres grandes empresas, joyas del emporio de la realeza marroquí, que acaparan el 70% de los beneficios que genera el sector y que cuentan con participación francesa en alguno de los casos. ¿A nadie le sorprende que la Unión Europea se le llene la boca hablando de derechos humanos y, sin embargo, acepte premiar a quienes imponen un sistema social agrario de semiesclavitud donde el expolio de las propiedades se denuncia con frecuencia?
La hipocresía que hemos vivido llega a tal punto que siempre se dijo que entrar en la Unión Europea nos beneficiaría. ¡¿Cuántas veces nos dijeron que formar parte de un Mercado Común Único fortalecería nuestras economías, cuántas?! Nada de esto se ha cumplido, nada. En la actualidad, ni siquiera contamos con una verdadera frontera común. Nuestros puertos europeos son “coladeros” de todo lo que quieran los países terceros y encima, teniendo en cuenta la grave situación de crisis económica y financiera, les animan a importar aún más. Inaceptable también desde el punto de vista del consumidor. Es más que sabido que en estos países no se siguen las mismas normas de seguridad alimentaria, bienestar animal y trazabilidad al poder, por ejemplo, utilizar productos fitosanitarios prohibidos en nuestro territorio. La UE nos vende como si fuéramos ilusos que Marruecos sólo podrá importar lo que cumpla con nuestras normas. ¡Tendrán cara dura! ¿Quién les va a vigilar en su país? ¿Ellos? ¡Pero si hasta se ha difundido que les presionaban con aumentar la presión migratoria marroquí! Anda y que vayan a contarle la milonga a otro que sí peque de ingenuo.
La sinvergonzonería europea llega a tal extremo que en el acuerdo contemplan cultivos que se producen principalmente en el Arco Mediterráneo y no tratan otro tipo de alimentos, generados en países como Alemania y muy presentes en Marruecos como son los cereales y el grano. Somos conscientes que otro gallo cantaría si fuera Alemania o Francia el país que saliera perjudicado de este acuerdo de liberalización comercial. Pues bien, con el daño que han ocasionado, estimado en 2.240 millones de euros para España, ahora tienen que apretarse bien los machos y aprobar medidas de compensación. Le recordamos que el sector citrícola de la Comunidad perderá alrededor de 53,4 millones de euros. En Alicante las pérdidas alcanzarán los 2,4 millones, que lo vayan apuntando.
Ésta no es la única medida que deben aprobar por su pésima actuación. Además de presionar para que la aprobación del acuerdo de Marruecos la anule el Tribunal de Estrasburgo, exigimos a la Unión Europea que de inmediato limite el número de puertos de entrada y que empiecen a tener el valor de defender la producción en su territorio y dejar de premiar a la gran distribución que podrá comprar cultivos a 2 pesetas a cambio de instaurar la ruina en nuestros campos. ¡Mucho ojito, señor Rajoy! Alemania y Francia nos llevan a la ruina. Observo cada día con mayor preocupación las recomendaciones del dúo Merkel y Sarkozy para salir de la crisis. Está claro que nosotros con estos políticos europeos, que sólo piensan en recortes y exprimirnos hasta el exceso, los tiros no apuntan donde deben, pero hasta cuándo. La clase política debería preocuparse cada día más por la desafección que los ciudadanos sienten hacia ellos. Un consejo, para liderar, hay que tener muchos apoyos y una gran dosis carisma. De lo contrario, tarde o temprano, caes.