El rey propuso un sorteo a los líderes de los principales partidos para evitar la convocatoria de nuevas elecciones

Carlos Fabra, rodeado de niños de San Ildefonso, en una imagen de archivo

Carlos Fabra, rodeado de niños de San Ildefonso, en una imagen de archivo

El rey cerró la tercera ronda de negociaciones con los líderes de las cuatro grandes formaciones políticas con una propuesta revolucionaria e innovadora en el ámbito del parlamentarismo internacional. Ante las dificultades para lograr un acuerdo que evitara la repetición de las elecciones generales y dado el fuerte desembolso económico que esto supone para las arcas públicas, Felipe VI puso sobre la mesa la posibilidad de que se celebrara un sorteo similar al de la Lotería de Navidad para elegir el partido ganador y, en consecuencia, el presidente del Gobierno. La iniciativa, que no ha desentonado en el contexto de las conversaciones que han propiciado la sucesión de ocurrencias a lo largo de los últimos cuatro meses, fue relativamente bien acogida inicialmente por Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, representantes de PSOE, Podemos y Ciudadanos respectivamente, pero fracasó después de que Mariano Rajoy reclamara que fuera el expresidente de la Diputación de Castellón y reincidente ganador del Gordo, Carlos Fabra, el que extrajera las bolitas aprovechando una de sus salidas de la cárcel.

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