Archivo de la categoría: Viaje a USA 2011

Vigésimo noveno día: The Mardi Grass is over. (El carnaval se acabó)

Cloudy days in New York

Cloudy days in New York

En 1964 los Rolling Stones publicaron un sencillo denominado “It’s all over now”, algo así como “todo está acabado” o “todo se ha acabado”. Por el poco inglés que hemos aprendido, cuando liquidamos la cuenta se suele decir: “It’s all over”.

Pues bien, querido lector, ayer decíamos que todo se acaba: “Everything is finished”, musitaba Elton John en su conocido “Your song” de 1971. Y eso pensábamos. Pero otra vez, la traca final nos reservaba un resquicio. “De vez en cuando la vida, nos besa en la boca y nos saca un conejo, de la vieja chistera, y uno es feliz como Paula, cuando sale de la escuela”.(Serrat, de vez en cuando la vida, 1981).

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Vigésimo octavo día: “It’s 0ver” (Se acabó)

“Cuando un amigo se va/
Una estrella se ha perdido.
La que ilumina el lugar
Dónde hay un niño dormido”.

El puente de Brooklyn nos observa

El puente de Brooklyn nos observa

En las grandes praderas, en el Valle de la Muerte; cuando nevó en las Rocosas o cuando observamos la grandeza de los espacios inmensos, siempre me sorprendió la luminosidad de las noches americanas, Hemos estado en cientos de sitios, cubriendo miles de situaciones y en momentos complicados, pero siempre la noche nos acompañaba, echándonos una cubierta amable, “Everynight she kept me from the cold” decía Kriss Kristoferson en Me and bobbie Mc Gee. Disculpa, te tuteo, querido lector, son ya tantos días, que me refiera a la misma canción pero ellos, Bobbie y Kriss, fueron los viejos viajeros de la vieja carreta de la vieja montaña y de la vieja ilusión que nos movió a recorrer estos mundos. “Cada noche ella me protegía del frío”, traducción literal de la canción de Kristoferson. Protegidos del frío siempre me sorprendió la luminosidad de la noche en las grandes praderas. Por ello uso la poesía de Alberto Cortez referenciada al principio. La estrella que ilumina el lugar dónde hay un niño dormido. Sigue leyendo

Vigésimo séptimo día: Two out three, ain’t bad (Dos de tres, no está mal)

El mercado de la calle Essex en Lower East Side

El mercado de la calle Essex en Lower East Side

Querido lector, qué gran canción dos de tres no está mal, de Meat Loaf, literalmente “pedazo o cacho de carne”, que la he recordado esta tarde oyéndola en un bareto del “Village”. Bueno vayamos a lo que hemos de ir. “Un hombre debe hacer lo que un hombre tiene que hacer”, decía John Wayne en la entrada del parque de Cañonland. Quiero pedirle humilde perdón por haber desistido ayer de nuestra cita diaria. Aunque no hay excusa posible, he de confesarle que ayer fue un día de desparrame, somnolencia, cansancio y futilidad del tiempo. Me explico: Preparé una cuidada crónica explicando las múltiples vicisitudes del día, pero releyéndola llegué a la conclusión que no era significativa en el tratamiento de los días, realizado en este blog a lo largo de tantas jornadas. ¡Cómo podía interesarle las enotecas del aeropuerto de San Francisco, dónde degustamos un delicioso Pinot Noir o qué interés podía tener para usted, lector amigo, encontrarme a un nicaragüense llamado Toribio, que lustró mis zapatos casi como lo hacía mi querido amigo Salvador, en Alicante. Posteriormente subimos al vuelo de American Airlines: San Francisco, International Airport, New York, John Fitzgerald Kennedy. ¡Cinco horas y media! . Ese vuelo mata a cualquier persona pues es un vuelo nacional con duración del internacional Madrid-Moscú. Sigue leyendo

Vigésimo quinto día: Jefferson Airplane

Foto tomada desde la acera de una calle superior.

Foto tomada desde la acera de una calle superior.

“Hola, desde lo más alto de nuestro Jet y acompañado por la vieja carreta de los grandes éxitos, el aeroplano de Jefferson nos ofrece su indiscutible número 1 de nuestras series doradas, brillando con luz propia: alguien a quien amar. Desde vuelo 605, te habla Ángel Álvarez”.

When the truth is found to be lies
And all the joy within you dies
Don’t you want somebody to love
Don’t you need somebody to love
Wouldn’t  you love somebody to love
You better find somebody to love.

Algo así como: “Cuando la verdad que encuentras es mentira y toda tu alegría ha muerto, ¿no quieres amar a alguien?, ¿no necesitas amar a alguien?, no querrías amar a alguien?, Mejor encuentra alguien a quien amar”.

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Vigésimo cuarto día: “Another day in the paradise”

Una típica calle franciscana

Una típica calle franciscana

Phil Collins, batería y compositor del grupo “Génesis”, hasta su disolución en 1980, compuso a principios de los 90 “Another day in the paradise”.
La canción, dedicada a un mendigo, comenzaba diciendo: “She calls out to the man on the street: Sir, can you help me”. Permítame, querido lector, una trducción libre. “Ella gritó a un hombre en la calle, señor: ¿Puede ayudarme?. “Oh, think twice, is another day for you and me in the paradise”. “¡Oh, pensó dos veces, es otro día para ti y para mí en el paraíso”.

Hoy ha sido otro día en el paraíso. Un paraíso franciscano que hemos aprovechado hasta la médula. Comenzó el día a las siete de la mañana. Estamos hospedados, querido lector, en el motel Super 8 de Lombard Street. Habíamos observado, en el motel, una publicidad de la municipalidad, (municipality from San Francisco), que nos informaba acerca de una ruta de 49 millas, rodeando el perímetro de la ciudad para recorrerla en vehículo particular. San Francisco es una ciudad muy turística pero sin una presión sobre el turista por parte de los operadores. Uno puede aparcar en un gran aparcamiento junto a los autobuses que trasladan a los que deciden hacer un circuito turístico sin ningún problema. En Alicante, en ocasiones, es imposible desplazarse con el coche particular pues eso puede chocar con los intereses de los operadores. Pues bien, Eduardo Seva, que es nuestro conductor particular en San Francisco, nos esperaba, tras el desayuno, a los mandos de nuestro Nissan Quest, matrícula SF9G9W de Missouri, para trasladarnos al “Scenic drive 49 miles”, circuito que nos acercaría más a esta impresionante ciudad que ayer, como pudo comprobar el lector, recorrimos a pie su parte antigua. Sigue leyendo

Vigésimo tercer día: San Francisco

El Pacífico te confía y se muestra amable

El Pacífico te confía y se muestra amable

Johnny, querido amigo desconocido: debo reconocer que tiene usted razón. No es Scott Mackenzie, a pesar de su conocido San Francisco, el paradigma de homenaje a esa ciudad. Efectivamente es el grupo: It’s a beautiful day, con su encantador “White bird” quien mejor puede condensar el espíritu y la historia de esta ciudad en los años de la explosión hippie y del amor libre. Sin embargo eso ya quedó en la cuenta atrás de muchos años y prácticamente olvidado por las generaciones actuales.

“White bird
In a golden cage
on a winter’s day
in the rain.
White bird
In a golden cage
Alone
The leaves blow
Across the long black road
To the darkened skies
In its rage.” Sigue leyendo

Vigésimo segundo día: Fort Bragg. Medio camino a San Francisco

Los ríos siempre van al mar

Los ríos siempre van al mar

Una de las situaciones más extrañas que me han ocurrido en este país, ha sido el rápido acomodo a su forma de vida, sobre todo en el despertar. Como he comentado en alguna ocasión, este país madruga. En televisión o el cine, hemos visto que el protagonista está despierto y dispuesto al desayuno en horas cercanas a las seis y media de la madrugada. Pues bien, a las seis, como muy tarde, ya estamos despiertos y comenzamos nuestras diarias sesiones de ducha, afeitado y otras necesidades.

Esta mañana, siguiendo nuestra norma, a las seis ya estábamos en pie. El sol entraba por la ventana, sonriendo al nuevo día; ayer fue un día lluvioso y ha estado lloviendo toda la noche. La temperatura, en esta zona del pacífico, oscila entre los 8º centígrados por la mañana, 15-18 grados durante el mediodía y vuelve a bajar a partir de las ocho de la tarde. Únicamente en el valle de la Muerte tuvimos temperaturas altas, cercanas a los cuarenta grados y en el cañón del Colorado nos acercamos a los 32º Centígrados. Sigue leyendo

Vigésimo primer día: llegada al Pacífico

La llegada al Pacífico

La llegada al Pacífico

En el comentario de ayer, que se tuvo que retrasar debido a un problema con la conexión Wifi del hotel donde nos hospedamos, hablaba de la llegada al mar. Tras tantos días sin verlo, por fin sabíamos de su existencia al lado; cerca, muy cerca. En Alicante podemos estar varios días o quizá semanas sin acercarnos a saludar al Mediterráneo, pero saber que está ahí te tranquiliza. Algo similar nos ha pasado a nosotros. Sabíamos que estaba cerca pero no nos habíamos acercado a saludarlo.

Anoche acudimos a cenar a Seagrill. Es un de los mejores restaurantes de Eureka y no nos defraudó. Está en la calle F y su decoración es exquisita y cuidada. Cenamos salmón, bacalao y merluza; previamente tomamos una sopa de pescado muy buena. Vimos el puerto de Eureka desde lejos, por ello el contacto con el Pacífico todavía no se había realizado. Sigue leyendo

Vigésimo día: las sequoias del parque Trinidad de Eureka

A través de las montañas que nos separan del Pacífico

A través de las montañas que nos separan del Pacífico

“Un soneto me manda hacer Violante / que en mi vida me he visto en tal aprieto / catorce versos dicen que es soneto / burla burlando van los tres delante”.

Un viaje me prometieron tranquilo y relajado estos “diablillos de Descartes (Justo Oliva, clases magistrales en el colegio universitario de Alicante)”, pero la realidad ha superado la imaginación. Cuando ya creía que todo estaba visto, organizado, relajado e incluso me atreví a decirle, querido lector, que “mañana no tengo ni puñetera idea de lo íbamos a hacer”, en el transcurso de la salida de Redding, ciudad donde pernoctamos ayer, costera del norte de California, la vida nos ha vuelto a dar un beso, bailar un tango, comer una tortilla de cebollita, una olleta (Ay! Mónica, cómo echo de menos tus olletas y tus guisitos), en el transcurso de nuestro traslado a Eureka. Sigue leyendo

Decimonoveno día: colimbos y barnaclas canadienses

El lago de Almanor

El lago de Almanor

“Norman Thyler miró a Ethel  con sus ojos intensamente azules. Ambos habían superado los octogésimos cumpleaños. Él comentaba que el teléfono no funcionaba y que había mucho polvo en la cabaña, que no encontraba la cafetera para preparar un café y que la nevera no se ponía en marcha. Ethel asentía con la cabeza. En un momento dado tomó a Norman por el brazo y lo llevó al porche desde donde se divisaba todo el lago en su esplendorosa belleza, rodeado de pinos y sequoias cubiertos parcialmente de nieve. Tienes razón, está todo estropeado porque llevamos bastante tiempo sin venir, pero han venido los colimbos”. La película On Golden Pond (En el estanque dorado), dirigida por Mark Rydell en 1981, estuvo protagonizada por Henry Fonda (Norman) y Katherine Hepburn (Ethel) y recibió tres Óscar.

Esta mañana del décimo noveno día, volvimos a levantar el vuelo muy pronto. A las seis de la mañana, hora del Pacífico, ya estábamos en pié y a las siete ya habíamos desayunado y preparados para afrontar el nuevo reto: el parque de Lassen o parque de los volcanes. La página de información de la Secretaría de Agricultura dice: El parque tiene cerrada su puerta norte desde octubre hasta junio; la puerta sur estará abierta dependiendo de las condiciones climatológicas. Esta noche he pasado bastante frío en la habitación del hotel. No he tomado precauciones puesto que estamos en California y según los estereotipos que uno se crea en su mente, California era el paraíso que buscaban los neoyorquinos u otros para huir del frío. Recuerden la película “Midnight Cowboy” con Dustin Hoffman y Jon Voight, que huyen de NY buscando el sol de California aunque Hoffman queda en el autobús, o bien recuerden la canción de Kriss Kristofferson, Me and bobbie Mc Gee: “From the coal mines of Kentucky to the California sun, Bobbie share the secrets of my soul” (Desde las minas de carbón de Kentucky hasta el sol de California, Bobbie compartía los secretos de mi alma). Sigue leyendo