Vigésimo día: las sequoias del parque Trinidad de Eureka

A través de las montañas que nos separan del Pacífico

A través de las montañas que nos separan del Pacífico

“Un soneto me manda hacer Violante / que en mi vida me he visto en tal aprieto / catorce versos dicen que es soneto / burla burlando van los tres delante”.

Un viaje me prometieron tranquilo y relajado estos “diablillos de Descartes (Justo Oliva, clases magistrales en el colegio universitario de Alicante)”, pero la realidad ha superado la imaginación. Cuando ya creía que todo estaba visto, organizado, relajado e incluso me atreví a decirle, querido lector, que “mañana no tengo ni puñetera idea de lo íbamos a hacer”, en el transcurso de la salida de Redding, ciudad donde pernoctamos ayer, costera del norte de California, la vida nos ha vuelto a dar un beso, bailar un tango, comer una tortilla de cebollita, una olleta (Ay! Mónica, cómo echo de menos tus olletas y tus guisitos), en el transcurso de nuestro traslado a Eureka.

Sequoias en el parque de Trinidad

Sequoias en el parque de Trinidad

Este país se enorgullece de “El sitio de dónde salieron las carretas con destino al Oeste, hace ciento veinte años”. En las fotografías de ayer, se me escapó una matrícula de Alaska “50 aniversario de la adhesión del estado a la Unión”. Es un país joven con una geología y paisaje virgen puesto que el hombre comenzó a pisar estos parajes hace trescientos años. Por ello, al igual que dije que California es el mediterráneo más virgen que existe en nuestro mundo, puedo afirmar que los bosques que hemos recorrido en apenas 180 kilómetros (cada vez me cuesta más no hablar en millas y perdóneme lector la frivolidad), ha sido “otra experiencia”, como dice el profesor Seva. En este vigésimo día, no ha habido volcanes, ni montañas de nieve, ni depresiones fluviales fruto de la erosión y elevación de terrenos durante más de 200 millones de años. Sencillamente ha sido un bosque descomunal de diferentes especies, entre las que predominan las sequoias, en unas elevaciones de 2000 metros aproximadamente y con un idílico río encajonado al fondo del valle.

Así las cosas, hemos parado en uno de los “Turnout” o amplitud de la calzada para aparcar o dejar pasar a los vehículos traseros y hemos obtenido algunas de las fotografías que se acompañan a este artículo.

Juzgue el lector las fotografías y saque sus propias conclusiones. “Juan, las fotografías son un infinitésimo de la realidad que estamos viendo. No se puede trasladar a los lectores de la crónica virtual, la belleza del momento”. Así se expresaba esta mañana Joaquín Alonso, hombre curtido en mil experiencias y haber recorrido toda América Latina en ¡autobús!.
Bien, bien, bien, hemos llegado a Eureka, ciudad norteña de California y costera del Pacífico. La visión del mar nos ha llenado de alegría y satisfacción, al tiempo que hemos añorado nuestro Mediterráneo. Pero “tetas y sopas no caben en la boca”. El mar, la mar, que gran tema para hablar, decían los habituales a los juegos florales de los años cincuenta. El mar. «plus belle qu’en voyage, plus douce, plus sauvage, plus calme et plus cruelle que la mer qui m’appelle (George Moustaki, 1970. La mer), al que tanto hemos esperado durante tanto tiempo. ¡yo tomaré un bonito asado, y yo una merluza, y yo una lubina, seguro que hay buenos restaurantes de pescado en Eureka!. Cuando hemos ido al supermercado a reponer las viandas (siempre ensaladas y jamón ahumado), una guapísima dama se acercó al profesor Seva y le preguntó de dónde era: “Español”, hablaron un cierto tiempo y nos indicó que el “Seagrill”, en la calle F, es un sitio especial para el pescado. Allí nos dirigiremos esta tarde, pues aquí el personal cena a las seis y media y se retira a sus aposentos a las nueve.

La entrada al Parque Trinidad de Eureka

La entrada al Parque Trinidad de Eureka

Pero lo bueno, como siempre, estaba por llegar. Querido lector, te recomiendo si vienes a estas tierras con mucho tiempo, que tu cuerpo cansado descanse en “Motel 6”. Es un invento del ilustre médico Alonso que lo recibió de su hija cuando estuvo recorriendo estos pagos. Los moteles 6 son similares al hotel Ibis o Formule1 de Europa. Son baratos, limpios y con todos los servicios. María Dolores se sorprendería si me hubiese visto ayer por la tarde introducir 1.25 dólares en la maquina de lavar, añadir el detergente justo y el suavizante, darle a la tecla y esperar treinta minutos, colocar la ropa en la secadora y esperar hasta sacarle seca y ¿planchada?. Bueno, “nobody is perfect”.

Cuando llegamos al motel 6, preguntamos a la recepcionista dónde podríamos ir a un Pic Nic en Eureka. “Vayan ustedes a la calle W y justo al lado del zoo tienen un parque grande dónde las personas van a comer y pasar el día”, nos contestó en correcto castellano. Colocamos la dirección en nuestra tontona y allí que fuimos. El parque de Eureka es la última reserva de sequoias sempervirens de esta zona. Cuando le comentaba, querido lector, las sequoias de Yosemite, a más de trescientos kilómetros de distancia, no podía imaginar que esta zona era un bosque inmenso de sequoias y demás especies. El municipio de Eureka ha conservado, en el parque Trinidad, sequoias que hacen palidecer a las de Yosemite. Y se encuentra en el centro de una ciudad; por cierto estoy seguro que el la arboladura del Trinidad, buque insignia de la flota hispano francesa en la batalla de Trafalgar, procedía de estos pagos pues no debemos olvidar que California perteneció al virreinato de Nueva España casi trescientos años.

Así es este país lleno de contrastes. Pero cuando afirmaba que observar un tren de trescientos vagones, siete máquinas y un funambulista haciendo equilibrios en la chimenea; a Jerónimo, jefe indio de maquinista y al propio Hunmphrey Bogart de interventor del tren ya no nos llama la atención, le juro que es cierto. Síndrome de Sthendal.

El parque Trinidad de Eureka

El parque Trinidad de Eureka

La comida ha sido de auténtico lujo. En el parque Trinidad, rodeado de sequoias centenarias, en una umbría y degustando la ensalada del profesor , no cito quien pues no hace falta, con un pequeño queso “Gouda” holandés (Peter Stuyvesant fundó Nueva York), y una botella de vino “La Tremenda” de Enrique Mendoza, hemos arañado el cielo.
En el hotel descansamos en este momento recuperando una tradición española “Señorita, le dijo Churchill a Oriana Fallacci, he llegado hasta aquí con esta salud de hierro pues aprendí en Cuba la siesta que me enseñaron los españoles”, le contestó a la periodista. Esta noche comeremos pescado, el primero tras veinte días de estar en el trapecio.

Como es habitual para deleite de los amigos y “cabreo” de los enemigos que visitan este blog, más de 3000 entradas diferentes, lo cual ya es una satisfacción, hemos seguido con la compañía de la música. George Moustaki, amante de Edith Piaf, la novia de Marcel Cerdán cuyo nieto tiene un restaurante en la plaza de Gabriel Miró, publicó en 1970 “Le Metèque”.  “La mer”  ha culminado nuestros deseos cerrando los ojos al vibrar del Pacífico.

“La mer m’a donné
Sa carte de visite
Pour te dire je t’invite
A voyager
J’ai de grands chevaux
A la crinière blanche
Et puis j’ai dans la manche
Tans des bateaux
Dans tes yeux ouverts
Le ciel était bleu tendre
Tu m’a laissé te prendre
Come on prend la mer “.

Ya llegamos casi al final de nuestro viaje, únicamente nos quedan diez días. Terminaremos en Nueva York cinco días apasionantes donde, permíteme querido lector esta afección sentimental, veré a mi niño de muchos años pero que, al igual que mi madre me llamaba Juanín, yo siga llamándole Nito.

Buenas noches en Eureka, California, hora del Pacífico, buenas madrugadas en Nueva York, hora del Este y buenos días en España, hora de Europa.

6 pensamientos en “Vigésimo día: las sequoias del parque Trinidad de Eureka

  1. Paco Navarro

    ¡Hola tete! nosotros tambien te echamos de menos a tí, hoy nos han dejado a los nietos y estaban ansiosos de que sus padres les conectaran con el «viaje del tío Juan». Las crónicas realmente reflejan no sólo las maravillas de esas tierras legendarias, sino que denotan la camaradería y compenetración de que disfrutais los cuatro (algo fundamental en este tipo de viajes). Mañana como con Hugo que está hecho en jabato en su nuevo destino.¡¡¡Un abrazo muy fuerte de tods nosotros a vosotros cuatro!!!

  2. jose luis

    JUANITO ERES UNA MARAVILLA, YA ME EXPLICARAS DE DONDE SACAS EL TIEMPO PARA VIAJAR,VER,COMER Y DORMIR Y ESCRIBIR LOS MAGNIFICOS RELATOS QUE NOS ENVIAS, UN ABRAZO

  3. Roberto

    Hola Juan y compañía.
    Sigue disfrutando y no te preocupes por nosotros, porque aquí todo va bien……salvo una tremenda envidia que nos corroe las entrañas.
    Un abrazo a todos.
    Roberto

  4. MEDYMED

    Hola Juan & Cia, ya estaís llegando a la META, y aunque llevais muchos kilometros, ensaladas y alguna que otra hamburguesa en el cuerpo, sabemos que estaís disfrutando como niños.
    Pues nada que siga bien el viaje, os seguiremos leyendo y nos vemos pronto.
    Muchos besos de Toñi, Vanesa y Pilar.
    Y a seguir disfrutando.

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