Vigésimo primer día: llegada al Pacífico

La llegada al Pacífico

La llegada al Pacífico

En el comentario de ayer, que se tuvo que retrasar debido a un problema con la conexión Wifi del hotel donde nos hospedamos, hablaba de la llegada al mar. Tras tantos días sin verlo, por fin sabíamos de su existencia al lado; cerca, muy cerca. En Alicante podemos estar varios días o quizá semanas sin acercarnos a saludar al Mediterráneo, pero saber que está ahí te tranquiliza. Algo similar nos ha pasado a nosotros. Sabíamos que estaba cerca pero no nos habíamos acercado a saludarlo.

Anoche acudimos a cenar a Seagrill. Es un de los mejores restaurantes de Eureka y no nos defraudó. Está en la calle F y su decoración es exquisita y cuidada. Cenamos salmón, bacalao y merluza; previamente tomamos una sopa de pescado muy buena. Vimos el puerto de Eureka desde lejos, por ello el contacto con el Pacífico todavía no se había realizado.

La vegetación llega hasta el océano

La vegetación llega hasta el océano

Esta mañana, tras acudir al supermercado a reponer avituallamientos diversos tales como: lechugas, pimiento verde, cebollas tiernas, rábanos, alcaparras, aceitunas, pepinillos agridulces al estilo berlinés, tomate cherry y otras delicias, marchamos a conocer el Parque Nacional de Redwood (bosque rojo). Esperábamos encontrar arrayanes que, a diferencia de nuestra zona dónde son arbustos, aquí pueden medir varios metros y presentan un tronco rojizo, pero encontramos más sequoias. El bosque de sequoias que tuvieron que ver los primeros españoles que pasearon estas tierras con Fray Junípero Serra, debieron quedarse sorprendidos de la majestuosidad de dicho árbol y la cantidad de bosques. Una línea de más de trescientos kilómetros al este y quinientos kilómetros al sur delimitaría el perímetro de las sequoias que convivieron con los dinosaurios. La carretera no era interestatal. La carretera federal 101 US, únicamente carril de ida y otro de vuelta, serpenteaba entre los árboles milenarios. De repente un claro se abrió entre las sequoias y la visión fue muy impactante: El Pacífico.

Ahí tiene, querido lector las fotografías de nuestro primer contacto con el “Mar del Sur”, descubierto por Vasco Núñez de Balboa el 25 de septiembre de 1513, tomando posesión del mismo en nombre de su “Majestad católica Fernando”.

Leones marinos en el islote de Crescen City

Leones marinos en el islote de Crescen City

Bajamos hacia la playa y encontramos una arena grisácea de grano grueso. Hacía frío y viento, el mar estaba revuelto. De repente Alonso observó unas cabezas que sobresalían en el blanco de la espuma de las olas: “Son leones marinos”. Efectivamente eran leones marinos que debido a su curiosidad innata, se habían acercado a la orilla para ver quienes eran los intrusos que habían osado interrumpir su estancia en esos mares. Una vez se percataron de quienes éramos, se marcharon mar adentro.

No podía imaginar, cuando estuvimos realizando la primera crónica: “Primer día, New York state of mind”, a la orilla del río Hudson, hablando de la excelente canción de Billy Joel, que, veintiún días después, tras recorrer más de 7.500 kilómetros, me extasiaría con la observación, en la soledad más absoluta, de una playa virgen, el Pacífico, que descubrió Nuñez de Balboa como dije anteriormente.

Mi padre afirmaba que el mar le producía mucha tristeza. La contemplación del mar, tras tantos días de praderas, nieves, desiertos y demás, también me sumió en una profunda tristeza. Es como observar el fuego de una chimenea. Nunca te cansas y la mente viaja a velocidades increíbles acercándome a Alicante y a la gente que quiero.

Knocking on the heaven's door

Knocking on the heaven's door

Pero no es posible ponerse melancólico y bizcochito. Seguimos nuestra ruta y pudimos observar, una vez más lo que entendemos son “Las sequoias más grandes del mundo”. En una de ella, rendido ante su majestuosidad y con el tronco carcomido por el paso de los cientos de años, me escondí sin ningún problema.

En Crescent City comenzó a llover. Entramos en una zona de acampada para comer. Lo de siempre, una ensalada muy bien aliñada y algo de jamón de York ahumado y “Roast Beef” comprado en carnicería y no envasado previamente; estaba delicioso. Botella de “La tremenda” de Enrique Mendoza, denominación de origen Alicante, terminó la fiesta.
La vuelta fue más tranquila y con los ánimos repuestos tras la comida. En un recodo del camino paramos para bajar a observar el río Smith. Caminamos por la hierba y por la lluvia “No enguixa tantes esquerdes com caminar per l’herba (Serrat, per al meu amic 1973). Efectivamente, no enyesa tantas heridas como caminar por la hierba.

Juzgue, querido lector, la fotografía del río entre las sequoias milenarias.

Las sequoias guardan el camino

Las sequoias guardan el camino

El viaje continúa y mañana recorreremos la costa norte de California por la estatal número 1. No sabemos exactamente dónde llegaremos; posiblemente a San Francisco, entrando en la ciudad por el Golden Gate. Tenemos preparada incluso la música. En esta zona del mundo ya no apetece escuchar la música de Johnny Cash (Hello, I’m Johnny Cash), ni de Mike “Lost Buffalo”, puesto que ello acompaña mejor por las grandes praderas y los desiertos de Arizona. Me quedo con “L.A. Woman” (mujer de Los Ángeles) de Doors.

Into your blue-blue-blues
Into your blues, oh yeah
I see your hair is burning
Hills are filled with fire
If they say I never loved you
You know they are a liar
Driving down your freeways
Midnight alleys roam
Cops in cars, the topless bars
Never saw a woman.

Le dejo, querido lector, enviando un afectuoso abrazo a todos los que diariamente nos envían sus comentarios. Hoy quiero enviarle uno a mi querida princesa de ocho primaveras. Ana.

Buenas noches en Eureka, California, buenos días en Alicante, España.

Un pensamiento en “Vigésimo primer día: llegada al Pacífico

  1. Marcelino Gilabert

    En la primavera y el verano de 1903, H. Nelson Jackson completó el primer viaje transcontinental en automovil. Jackson, un médico de Burlington, Vermont, estaba de vacaciones en San Francisco e hizo una apuesta en un club de caballeros que un coche puede soportar el agotador viaje de San Francisco a Nueva York en menos de 90 días. Él compró un automóvil usado ​​y contrato al mecánico Sewall Crocker que lo acompaño, se abastecían de suministros, y se fue para Nueva York. El viaje duró 64 días, incluidas las averías y los retrasos, realizando un trayecto sobre un terreno rocoso y lleno de lodazales. Jackson y Crocker fueron aclamados como héroes e inspiró a una generación de aficionados a los automóviles. Su viaje muy publicitado hizo que la gente pensara sobre las posibilidades de viajes en automóvil de larga distancia, y pensar en los coches como una alternativa a los ferrocarriles. Amigo Juan y buena compañía me es muy grato contemplar vuestra enriquecedora aventura. Tu amigo Marce.

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