Vigésimo tercer día: San Francisco

El Pacífico te confía y se muestra amable

El Pacífico te confía y se muestra amable

Johnny, querido amigo desconocido: debo reconocer que tiene usted razón. No es Scott Mackenzie, a pesar de su conocido San Francisco, el paradigma de homenaje a esa ciudad. Efectivamente es el grupo: It’s a beautiful day, con su encantador “White bird” quien mejor puede condensar el espíritu y la historia de esta ciudad en los años de la explosión hippie y del amor libre. Sin embargo eso ya quedó en la cuenta atrás de muchos años y prácticamente olvidado por las generaciones actuales.

“White bird
In a golden cage
on a winter’s day
in the rain.
White bird
In a golden cage
Alone
The leaves blow
Across the long black road
To the darkened skies
In its rage.»

Lo prometido, un cedro japonés

Lo prometido, un cedro japonés

Ayer les hablaba del “cedro japonés”, que desgraciadamente no había podido fotografiar. Hoy les muestro con mucho cariño la fotografía realizada para que ustedes puedan darse una idea de su belleza.

La mañana del vigésimo tercer día comenzó muy tarde pues nos levantamos a las siete y cuarto de la mañana. Apenas cuatro horas nos separaban de San Francisco y no teníamos previsto ninguna visita a cualquier maravilla que te acecha tras la primera curva de la carretera. Hoy ha sido un día de descanso, pensaba yo, y el traslado era lo único importante. Ayer confundí la carretera estatal por la que circulamos. No erala 191; era la 101. Posiblemente no tenga importancia, pero se que algunos de nuestros lectores gustan consultar el mapa con el fin de seguir el itinerario por dónde vamos y no me gusta confundir al lector. La estatal (carretera que depende del estado en cuestión y no del gobierno federal) 101 nos lleva directamente al hotel puesto que, entrando en San Francisco, toma el nombre de “Lombard Street” dirección de nuestro hotel.

Las focas toman el sol en el Pacífico

Las focas toman el sol en el Pacífico

Nos separamos momentáneamente de la 101 para enganchar la estatal 1 que serpentea paralela a la costa y es de una gran belleza. En un recodo del camino había una indicación de “vista panorámica “ o “point view” en su traducción inglesa. Paramos y observamos. El Pacífico se mostraba tranquilo en una intrusión marina de superficie y un grupo de focas descansaba al sol primaveral sin nada que hacer. Sin miedo a visitas intempestivas puesto que se encuentran en un parque natural. Era delicioso verlas tranquilas, sin miedo alguno, observando al público que se acercaba a contemplarlas y sin el miedo ancestral a los cazadores de focas por la piel y la grasa. En la naturaleza, las cosas se hacen por un motivo: comer, procrear, cuidar a las crías. Cuando no hay nada que hacer no se hace nada y se ahorran las energías, afirmó Alonso. Parece ser que las focas no tenían absolutamente nada que hacer y por eso estaban quietas.

Los estuarios del Pacífico en Sausalito

Los estuarios del Pacífico en Sausalito

Paramos a comer en un área de descanso y acabamos con las pocas provisiones que nos quedaban. Queso parmesano y Gouda, pan de aceitunas, jamón de York ahumado con manzana y algo de “roast beef”. Vino de Yecla, no recuerdo el nombre y una botella de “Segura Viudas” que encontramos a un precio razonable (5.95 dólares, aproximadamente 3 euros), brut nature. Quizá la marca catalana está abriendo mercado en USA y ofrezca sus productos a esos competitivos precios. “Cava: A Spanish sparkling wine” que traduciríamos como “Cava: Un vino español con gas”. Nos extrañó que no pusiese en la etiqueta “Made in Catalonia” o algo similar a lo que los ultranacionalistas catalanes son tan proclives. El hecho de abrir una botella de Cava que compramos hace unos miles de años, cuando estuvimos en Denver, se debía a la culminación de los primeros 7.500 kilómetros de viaje. Del Pirineo a los Urales, o cinco veces la distancia de Alicante a París. Durante la comida ocurrió un caso insólito que yo jamás había presenciado. En uno de los árboles del área de descanso, había un nido que fue observado por Eduardo Seva. En un momento dado, un cuervo se acercó al nido. Aparecieron dos pájaros, tipo gorrión y se enzarzaron en picar al cuervo en la cabeza y en las alas. “Alguno de esos cuervos ha molestado más de la cuenta al nido dónde deben estar las crías o la madre incubando y observa la agresividad de los pájaros, a pesar de ser más pequeños que el cuervo” afirmó Seva. El cuervo acabó marchándose y los pájaros lo siguieron un buen rato picándole las alas. Este suceso hubiese hecho las delicias de mi sobrino nieto Paco.

El Golden Gate se asoma a lo lejos

El Golden Gate se asoma a lo lejos

Pasamos Sausalito, ya en la 101 y de repente, a la salida de una curva, el Golden Gate, el Puente Dorado, orgullo de la ingeniería californiana, nos mostró el camino de entrada.
Gracias a los buenos oficios de nuestro Tom Tom (la tontona que hablaba anteayer), llegamos al hotel sin problemas. Estaba en la misma carretera 101. Dejamos las maletas y salimos a conocer la ciudad. Fuimos al barrio italiano y a China Town (Los chinos vinieron en la época de construcción del ferrocarril y aquí se quedaron, de ahí la importancia del barrio chino de San Francisco). Hemos recorrido unos ocho kilómetros a pié. En cuatro horas, incluida media hora de cena. Estamos muy cansados pues el problema de San Francisco, querido lector, lo habrá visto en las películas. Sus calles son muy empinadas y en ocasiones cuesta más bajarlas que subirlas. Mañana recorreremos sus calles y bajaremos al puerto a ver el espectáculo de los leones marinos tomando el sol. Tomaremos el tranvía y recorreremos las calles empinadas de San Francisco, pero eso será mañana. Ahora, con el permiso de ustedes, me voy a dormir. Son las diez y media de la noche en San Francisco, una y media de la madrugada en Nueva York; felicidades querido Nito que hoy cumples años,  y las siete y media de la mañana en España. Buenas noches en Estados Unidos, buenos días en Europa.

3 pensamientos en “Vigésimo tercer día: San Francisco

  1. Anita ramírez

    Hola tío Juan, soy Anita Ramírez por lo que veo en tu crónica y leo estoy aprendiendo muchas cosas, y me imagino que te lo estas pasando muy bien. Yo intento leer tu crónica todos los días pero aveces no puedo y lo hago al día siguiente.
    Si pudiera me iría contigo como tú me dijistes en un avión de niños.Te quiero mucho, un beso y un abrazo.

  2. JORGE ALDANA

    Juan y amigos, yo estuve una vez (2.004) en S.Francisco, para mi la ciudad más bonita que he visto desde mi modestia viajera y me impresionó Alcatraz,los Pier,la torre piramidal y el parque del Pacífico junto al Golden Gate y su restaurante junto al mar.Seguramente todo ésto lo vereís.Ya comentaremos a la vuelta.Menudo pedazo de viaje, sobre tod0 pienso los últimos días.Aprovechar lo que queda que por aquí todo sigue a su ritmo semi-vacacional(Pascua, 1ero de Mayo,S.Viçent,etc).Saludos.

  3. Silvita

    Hola viajeros!! por fín vuelvo a tener «interné» y puedo seguir vuestras andanzas. Ya estáis a orillas del Pacífico y echando la vista atrás no sé que parte del viaje me da más envidia (de la sana). Bueno disfrutad de la parte final y de ese rayo de sol que tiene que ser san Francisco.
    Un besote.
    P.D: Papá felicita a Marieta que su belleza infantil ha salido del Foc y está como loca (ya la conoces).

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