Vigésimo séptimo día: Two out three, ain’t bad (Dos de tres, no está mal)

El mercado de la calle Essex en Lower East Side

El mercado de la calle Essex en Lower East Side

Querido lector, qué gran canción dos de tres no está mal, de Meat Loaf, literalmente “pedazo o cacho de carne”, que la he recordado esta tarde oyéndola en un bareto del “Village”. Bueno vayamos a lo que hemos de ir. “Un hombre debe hacer lo que un hombre tiene que hacer”, decía John Wayne en la entrada del parque de Cañonland. Quiero pedirle humilde perdón por haber desistido ayer de nuestra cita diaria. Aunque no hay excusa posible, he de confesarle que ayer fue un día de desparrame, somnolencia, cansancio y futilidad del tiempo. Me explico: Preparé una cuidada crónica explicando las múltiples vicisitudes del día, pero releyéndola llegué a la conclusión que no era significativa en el tratamiento de los días, realizado en este blog a lo largo de tantas jornadas. ¡Cómo podía interesarle las enotecas del aeropuerto de San Francisco, dónde degustamos un delicioso Pinot Noir o qué interés podía tener para usted, lector amigo, encontrarme a un nicaragüense llamado Toribio, que lustró mis zapatos casi como lo hacía mi querido amigo Salvador, en Alicante. Posteriormente subimos al vuelo de American Airlines: San Francisco, International Airport, New York, John Fitzgerald Kennedy. ¡Cinco horas y media! . Ese vuelo mata a cualquier persona pues es un vuelo nacional con duración del internacional Madrid-Moscú.

Modigliani

Modigliani

Llegamos al aeropuerto JFK y nos recogió un “company car”, el cual al precio de 50 $ incluída propina, nos llevó al “Windsor Hotel” en la confluencia de Forsyth con Grand Street, en el Lower East Side, cerca de la casa de mi niño. (recuerde lector que hay que negociar previamente el precio del transporte, tanto desde el aeropuerto como en la ciudad; no tenga vergüenza de negociar).

Aunque el vuelo durara cinco horas y media, la diferencia horaria del Pacífico con el Este, añadió tres horas más. Lo cierto es que nos acostamos pasadas las tres de la madrugada del día ¿3?, ¿o era el 4 de mayo?. No se, y por ello me dormí como un “ceporrilo lechal” y me levanté a las ocho y media. Tardísimo en este país.

Este vigésimo séptimo día comenzó con un desayuno de lujo. Hacía tres mil años que no disfrutaba de la hospitalidad de una casa, con su cocina, su comedor y su salón, con su camisita y su canesú. Con un olor a café humeante y a tostadas con aceite de oliva y tomate rallado. Con su fruta. Con su olor a limpio, a familia, a todo lo que echas de menos. Todas esas cosas que son habituales en nuestra vida diaria y que se echan mucho de menos cuando no se tienen. Pues bien, ese fue el desayuno que me preparó mi hijo y que compartí con él, hablando de éste país que ha elegido como adoptivo.

Las señoritas de Avignon (bar de alterne en Barcelona)

Las señoritas de Avignon (bar de alterne en Barcelona)

Llovía en Nueva York y la temperatura era de doce grados centígrados. El viento que venía del oeste, más allá del Hudson, daba una sensación térmica inferior a la temperatura. En Delancey Street cogimos el metro y marchamos hacia el “uptown” con parada en la calle 50. En la calle 53 se encuentra el MOMA (Museum of modern art) y había una exposición de Picasso y sus guitarras. El comisario de la exposición la ha trabajado muy bien pues su labor de rastreo de la obra del malagueño en los años 1912-1914 ha sido intensa. Había más de cien cuadros de la época en la que Picasso dibujaba un inicio de guitarra usando un ejemplar de “Le Figaro” o bien del “Times”. Lo cierto es que la observación de los cuadros nos llevó a subir a la quinta planta dónde se exponen cientos de cuadros de Matisse, Modigliani, Monet, Cezanne, Van Gogh y otros impresionistas que impresionan un montón. Terminamos la visita al MOMA en la sala del diseño: Tostadora Braun de 1956, Vespa de 1958, silla Vassily de 1923 y otros que nos traían el recuerdo de tiempos pasados. Estaba incluso un sofá de “sky” que tanto furor hizo en la España de los sesenta.

PJ Clarkes en Midtown

PJ Clarkes en Midtown

Seguía lloviendo “El dios de la lluvia llora sobre Nueva York”, versión libre de la famosa novela de Pearl S.Buck, y marchamos, andando hacia la intersección de la tercera avenida con la calle cincuenta y cinco. En este país es muy raro indicar el destino con un número y una calle, tal y como se hace en España. Aquí las manzanas no superan los cien metros de largo y por ello se indica el domicilio como intersección de calles. Allí nos esperaba el P.J. Clarke’s. Este garito tiene más de cien años. Cuentan que un broker inmobiliario de Nueva York quiso comprar el terreno dónde radica el bareto, a su propietario y este dijo que nones. Lo cierto es que está rodeado de edificios de más de cincuenta pisos y él sólo tiene uno. El bajo como bar de cervezas y copas y el primero como restaurante. Frank Sinatra alabó la tenacidad del propietario resistiéndose a la venta y solía frecuentar el garito con Ava Gadner. La popularidad de P.J. Clarke’s se disparó. Allí rodaron “The lost weekend” traducida en España como “Días sin huella”, de Billy Wilder, historia de un escritor alcohólico, interpretada por Jane Wyman y Ray Milland. Allí tomamos un excelente Chardonay e hicimos calentamiento de motores, mi nene, el profesor Pina y yo,  hasta degustar la hamburguesa (pido perdón, es la segunda vez que caigo en la tentación), especial del local. Lo cierto es que la carne estaba muy buena. Sin embargo, el Midtown es poco amable y mi nene nos llevó otra vez a su redil: el lower East side, sede de Litle Italy, Soho, Chinatown y Nolita. En Baltazhar tomamos un Calvados y un Jerez.

Un garito en Lower east side

Un garito en Lower east side

Posteriormente volvimos al hotel y descansamos hasta dar un paseo por la zona. Nunca perdone, querido lector, un paseo por Little Italy y alrededores. Aunque los chinos, a fuerza de dólares, han reducido Litle Italy a su mínima expresión, lo cierto es que todavía hay lugares dónde recrear la mirada. Sin ninguna dirección, Pina y yo tomamos camino y en un momento dado no sabíamos qué distancia habíamos recorrido. Quizás varios kilómetros pero fueron tan cortos que no nos dimos cuenta. Cada esquina, cada casa, cada entrada o tienda o restaurante tenía un mensaje para nosotros.

Volvimos tras nuestros pasos y fuimos a cenar a un restaurante judío. El “humus” es la típica salsa de garbanzo con aceite de oliva y otros aditamentos. La verdad es que comprendo la persecución de los romanos a los cristianos pues el vino judío es ligeramente no bebible, pero en ocasiones hay que estar.

Una lavandería en Chinatown

Una lavandería en Chinatown

Volvemos andando al hotel, cerca de las doce de la noche y otra vez sentimos el latir de esta ciudad que cambia de escenario según la hora.

Recorrer un kilómetro es algo habitual, e incluso ocho como hicimos en San Francisco. Es curioso el modo de vida americano, pero funciona bastante bien. No lo reivindico para un mediterráneo como yo acostumbrado al aceite de oliva, al vino monastrell y la uva Aledo, pero entiendo que haya otros sistemas y que encanten a las personas. George Harrison, en su conocido “Something”, afirmaba: “Something in the way she goose me”, “algo en sus maneras me fascinaban y me encantaba”, traducción literal del verbo goose. Pues eso es, algo en su forma nos ha fascinado, querido lector. Ignoro hasta dónde llegará esta fascinación.

Le dejo con el principio de esta crónica:

“Baby we can talk all night,
But that ain’t getting us nowhere
I told you everything
I possible care
There’s nothing left inside
And maybe you can cry all night
But that’ll never change the way I feel”

“Muchacha, puedes hablar toda la noche
Pero ello no nos lleva a ninguna parta
Te lo diré todo
De la forma más cuidadosa posible
No hay nada que deje dentro
Y puedes quizá llorar toda la noche
Pero nada cambiará mi forma de pensar”.

Así cantaba Meat Loaf en 1978 la canción de Jim Steinmann.

Buenos noches en Nueva York, buenos días en España.

3 pensamientos en “Vigésimo séptimo día: Two out three, ain’t bad (Dos de tres, no está mal)

  1. Silvita

    La verdad es que un paseo por little Italy no tiene precio… tampoco las noches de NY.
    Ya no queda nada viajeros, espero veros a orillas del mediterráneo muy pronto.
    Mil besillos.
    P.D: ¿Cómo se repira el aire post-Bin Laden?

  2. Paco Navarro

    Bueno chicos esto se acaba físicamente, pero qué duda cabe que anímicamente lo teneis interiorizado en vuestras neuronas, y siempre podreis recurrir a estos recuerdos cuando la cotidianidad de la vida se haga presente. Juan, hoy Anita, llena de orgullo, nos ha enseñado el e.mail que le mandaste y Paco y Paula ¡como son los niños!, le decían qu el suyo estaba al llegar.
    PD.- Día de la Sta. Faz, mogollón de gente, que si el Camps, la Castedo, el Pitu y Zaplana que pasan de ellos , les fogueres, el hércules,…¡ché pito! miseria miserable, ya lo decían nuesros ilustrados ¡¡qué pais!!

  3. javi

    …tiene razon Paco, tenemos sobremesa para doscientos años. Me pido que hablemos primero de lirel iraly. !los italianos son los verdaderos fundadores de Manhatam¡ Un paseito por Chelsea, otro por los JARDINES con paseaperros, mucho hombre de color -negro – policías, taxideniros, glamour y una esquina: la de Diego Gardoqui, primer embajador español en los USA, quien hospedó a Adams, Jay y Washington, pero no pudo crear un estado tapón: los kentuquikeses, el Missisipi sería para ellos. Gardoqui se arruinó, el karma le atacó por no dejar casarse al secretario de Embajada, Rendón, con Mary Marshal. Témpore circa 1786. Mandaba Moñino. Cuida al niñi, osea, que te eche un ojo a tí. Bye

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