VIGÉSIMO DÍA: Seattle.

En la quinta avenida de la ciudad de Seattle, hay una placa de metal dedicada a Jimi Hendrix, mejor guitarrista de todos los tiempos de acuerdo a una votación popular de la revista Rolling Stone; Hendrix que nació en Seattle, murió en Londres de sobredosis cuando tenía 27 años.  Kurt Cobain murió en Seattle de un disparo de escopeta en la cabeza. Fue uno de los pioneros del sonido “Grunge”, algo más que un sonido: una forma de vida. Cuando observes, querido lector, unos pantalones vaqueros rotos por las rodillas, o una camiseta de aspecto sucio, piensa que esa moda grunge nació en Seattle. Kurt Cobain fue el fundador del grupo Nirvana y murió con 27 años. Los mismos que tenía Brian Jones, del grupo Rolling Stones que apareció ahogado en la piscina de su casa de Londres o Janis Joplin que murió de sobredosis o Amy Winehouse recientemente.

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Uno de los músicos callejeros que se gana la vida de los donativos de los turistas que lo rodean. Algunos son buenos, de verdad.

Hoy, último día antes de Nueva York, tradicional fin de nuestros viajes al imperio, lo hemos dedicado a recorrer Seattle. Para quien no esté al corriente de esta ciudad y piense que es una ciudad de la costa oeste semejante a San Francisco o Vancouver, quiero decirle que se equivoca. Seattle es una ciudad muy complicada, no es una ciudad amable y lógicamente no tiene nada que ver con San Francisco y mucho menos con Vancouver. Seattle está cruzada literalmente por autopistas. Cuando estuvimos en 2011 en Saint Louis ya dijimos que la fábrica de cervezas “Budweisser” cuya sede es un excelente edificio modernista de finales del siglo XIX, estaba rodeada por las autopistas 64 y 44, con la particularidad de que las citadas vía de comunicación, en paso elevado, pasaban a menos de cincuenta metros de la fachada del edificio de “Budweisser”.

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Puede verse el paso elevado de la autovía 99 cruzando la ciudad por al lado del paseo marítimo. Muy estético.

En Seattle ocurre algo similar; las autopistas que llegan o salen de la ciudad, lo hacen por el centro y en ocasiones por la fachada marítima, mediante el sistema de pasos elevados, con lo cual los edificios tienen el ruido, los vehículos y la polución lógica del discurrir del tráfico, a la altura del tercer piso. Obviamente ese trasiego de vehículos y carreteras influye en la percepción de la ciudad y sobre todo cuando una de las vías principales de comunicación, la autopista 99 discurre paralela a la fachada marítima y elevada unos cincuenta metros de la superficie del suelo.

Si vienes a Seattle, querido lector, los aparcamientos son muy caros y cuatro horas te costarán unos veinte euros aproximadamente, aunque estos precios siendo caros, son más baratos que los precios de las ciudades italianas como Siena o Florencia. Nuestro conductor particular nos llevó a la calle principal y aparcó el coche en uno de esos solares. Nos adentramos en el centro de la ciudad, por la Pike Street, y llegamos al Public Market Centre.

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Public Market Center de Seattle

Y lo cierto es que, aparte la suciedad y el mal diseño del mercado, no era muy diferente de otros mercados, pero estaba muy sucio, el equipo de mantenimiento daba la impresión que estaba de baja desde hacía varios años y los precios del pescado eran excesivamente caros. Pensando que los precios se referían a dólares el kilogramo ya eran tremendamente caros, pero José Pina nos dijo: “No son kilogramos, son libras” y ya sabemos que la libra es la mitad, aproximadamente, de un kilogramo. Una curiosidad, el marisco lo venden sin cabeza. Había bueyes de mar, merluzas, salmón de Alaska, algo similar a los langostinos, unas ostras inmensas que ya las vimos en el mercado de Puerto Mont en Chile y que allí le llaman “ostiones” y las preparan con una capa de queso parmesano y metidas al horno, con lo cual aquello es algo incomible. Pues bien, las ostras de esta zona son semejantes. También tenían un mejillón similar al francés, pequeño y de buen sabor.

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Uno de los puestos en el mercado de pescado de Seattle donde efectúan varios numeritos para el turismo consistentes en “tirarse” salmones desde un empleado a otro a través de 5 metros de distancia.

En el mercado se vendía de todo, pero lo único fresco eran las verduras y los pescados, una vez más la carne era envasada y multitud de tiendas de café sucio, hamburguesas, helados, bollería industrial, caramelos de múltiples y variados colores y máquinas expendedoras de zumos, granadinas, siropes y demás familia de líquidos coloreados y “tóxicos”. En otra zona del mercado se vendían productos de artesanía, cuadros, menaje e incluso navajas de mango de hueso y la hoja de obsidiana finamente trabajados.

La zona presenta unos grandes desniveles hasta llegar al mar y la diferencia de cota podría ser de unos treinta metros o más. Bajamos al puerto y no era una marina deportiva con grandes y amplios restaurantes y zona de copas y diversión. Un centro de convenciones, un restaurante donde comimos y poco más. Y las autopistas bramando su ruido por encima de nosotros.

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Una panorámica desde un paso elevado sobre el paseo marítimo, donde se puede ver el “skiline” de la ciudad.

Comimos en el Anthony’s, con vistas al puerto. Sopa de guisantes y mejillones en salsas para Gianumberto, salmón para Pina y lenguado para Seva y un servidor. “Local Bitter Beer”, solicitaron mis compañeros, “cerveza local amarga”, y yo pedí una copa de vino blanco variedad “Chardonnay”.

Bajar es fácil pero ganar cota es muy complicado, por ello, la subida se hizo con mucha dificultad pues la escalera no tenía fin, pero volvimos a recorrer esa parte de la ciudad que tras la hora de la comida se iba quedando vacía. Algo que es consustancial a este inmenso país, no hay una vida callejera “Street life” que afirmaba el grupo Crussaders. En la América profunda no se ven peatones, no hay nadie por la calle andando, todo el mundo se desplaza en esos inmensos todo terreno o “pick ups”, y se recluyen en sus casas o en los “Malls”. Realmente y pensando que hemos visto una parte muy pequeña de Seattle, hemos quedado muy lejos de las expectativas que teníamos con esta ciudad. Si me pierdo por aquí, que me busquen en Vancouver o en San Francisco y perdóname, querido lector, esta banalidad.

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Cartelera del cine en uno de los sótanos de mercado popular de Seattle.

Hemos devuelto nuestra “Chevy” Traverse, esta tarde, noche cerrada en España. Ha cumplido su papel, nos ha llevado más de ocho mil millas, algo así como doce mil kilómetros. Comenzamos en Nueva York con el huracán Arturo encima de nosotros y en menos de veinticuatro horas hicimos mil doscientos cincuenta y seis kilómetros; yo pensaba que Chicago y Nueva York estaban a una distancia similar a la que transcurre entre Alicante y Madrid. Hemos recorrido la interestatal 5 que une Chicago con Seattle, hemos estado a temperaturas muy bajas para esta época del año y en el agobio del clima continental, pero hemos disfrutado con experiencias nuevas. El parque de los Glaciares es algo que mantendremos en nuestra retina toda la vida. El “Gran Tetón”, majestuosa pared de formaciones geológicas y el maravilloso “geyser Old faithful” de Yellowstone, el cual fiel a su cita, expandió decenas de metros cúbicos de vapor y agua que salían del interior de la tierra a gran temperatura.

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Figurín de una guitarrista en el balcón de una vivienda cerca del “market”

Pero sobre todo ha habido algo mágico. Cuando se acercaba el atardecer, cuando el sol, que en estas latitudes se acuesta sobre las diez de la noche, hora local, nos entraba la dulce melancolía de estar fuera de casa y ello nos hacía ser más “bizcochables” a la hora de comentar el día y hablar de nuestras historias y echar de menos a los queridos. Pero bueno, siempre hemos tenido a nuestro lado esta página y los amigos y familia que nos han seguido y que nos seguirán hasta coger el avión a Madrid. El editor de este sitio en la Web, la crónica virtual, Rafa Torres, nos ha hablado de la gran cantidad de entradas que se han producido y ello nos ha llenado de satisfacción. Siempre ocurre lo mismo, te pones a escribir y ya sabes querido lector.

Mañana a las siete de la mañana, hora local, cuatro de la tarde en España, nos vamos a Nueva York, el viaje dura cinco horas y media que unido a las tres de diferencia horaria entre Seattle y Nueva York, significará arribar a JFK a las tres y media de la tarde, hora local; del aeropuerto nos iremos al bajo Manhattan donde nos espera Juan. A partir de ahí, él conoce la ciudad y nosotros gustosamente nos pondremos en sus manos.

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Andamio y autorretrato de una pintora sobre una pared medianera de seattle.

Buenas madrugadas, querido lector, seis de la mañana en Europa, buenas tardes en Seattle, nueve de la noche y con el sol todavía en el horizonte.

4 pensamientos en “VIGÉSIMO DÍA: Seattle.

  1. rafa el buso

    Aquí en España todo normalizado:
    Tachi nos sigue presentando a sus primas todas las mañanas,Armando nos manda sus geniales vídeos y chistes,Nina me pide todos los días que le ponga Los 101 Dálmatas,Montoro asegura que en 2015 estaremos a la cabeza de Europa,han abierto un supermercado de indultos,bastante bien de precios,los árabes alucinando con los Moros y Cristianos de San Blas,Pablo Iglesias y Esperanza con su pelea personal,nadie va a la carcel,al bbva le han regalado la caixa bank,en la tele todos los días nuevas conversaciones castedo-ortiz, y los libros de texto cada vez más caros…….
    Menos mal que todavía hay mojama,hueva,capellanes,gambas y arroz.
    Os veo bien,lo cual me congratula y sobretodo que estáis disfrutando,
    Bautista,las fotos geniales y la conducción,ni Alonso,
    Jose me apetece oirte contar las anécdotas,como la del café al horno.
    A tí Ju@n ya sabes.
    Un abrazo a Gianhumberto

  2. Tete

    Bueno expedicionarios esto se está acabando, lástima que la última ciudad os cause una decepción, si bien seguro que lo compensais, volviendo a sentir NY (¡Ché si después de varias estancias y con Juanete de guía, la conocereis como si fuera San Vicent del Raspeig!). Disfrutad de la “Gran Manzana”, de Juanete y él de vosotros sobre todo de su padre, y disponeos a regresar a la “vieja Europa” donde os esperan los dulces, cálidos y amorosos regazos familiares. Un abrazo a los cuatro

  3. Lola

    Después de la entrada del Buso y su telediario no se puede ańadir casi nada.
    En NY lo vais a pasar muy bien y sobre todo muy entretenidos con ese pedazo de ciudad q es un espectáculo continuo y más en verano donde la gente pasea, compra, come, vive y disfruta en la calle. No te cansa. NY es apasionante!!
    Aquí estamos muy tranquilitos así q os esperamos igual q lleguéis contentos y relajados q para eso son los viajes Y ahora a preparar el próximo. Buen fin de fiesta y una copa a la salud de vuestros seguidores!!

  4. Silvita

    Ya suponía yo que Seattle no molaba(excepto por ser la cuidad natal de J. Hendrix). Bueno chicos ya no queda nada, disfrutad los últimos días en NY que aquí, en Alicante estamos haciendo las pancartas de bienvenida. En dos días nos vemos. Besazos para todos.

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