VIGESIMOPRIMER Y SEGUNDO DÍA: Epílogo

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Perfil de parte del Upper neoyorquino

Que el epílogo de estos viajes sea la ciudad de Nueva York ya viene siendo un clásico. La ciudad que nunca duerme, como diría Woody Allen en “Un final Made in Hollywwod“, esa totémica figura asfáltica de referencia casi única del genial realizador, pintada y filmada en blanco y negro y en todos los colores, la ciudad de “Todo lo demás”, “Melinda y Melinda”, “Manhattan”, Celebrity”, “Hanna y sus hermanas“, ….., y tantas otras; la ciudad de las mil razas, la convivencia perfecta de todas las tendencias, meta de los artistas más emprendedores y quimera de los que buscan hacer fortunas rápidas. Nueva York siempre será Nueva York y siempre existirá un estado de ánimo en contra o propicio para que veamos esta ciudad con una cara o con otra. Partimos de Nueva York con una tormenta descomunal, rayos y relámpagos muy cerca y con un atasco de tamaño sideral que nos hubiera alejado de nuestro ánimo cualquier iniciativa para visitarla de nuevo.
Y de nuevo allí estábamos.

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Arquitectura clásica de uno de los rascacielos que rodean Central Park y de parecida hechura del edificio España de Madrid

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Fachada del edificio Dakota, en cuyo portal lateral asesinaron al ex-Beatle

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Una de las perspectivas de Times Squarre

Siempre será ella, tan altiva, tan descomunal, tan granítica, tan llena de belleza en cada esquina que, por muchos defectos que tratemos de hallarle, siempre acabaremos por intentar volver. Podemos criticar, comparar, sacarle mil defectos por la basura en sus calles, por la cortedad de los semáforos peatonales, por la contaminación, por la sinvergonzonería de los taxistas, por el retraso en su arquitectura, por la trampa que siempre es NYC para el dinero de los turistas.

 

Pero siempre te queda tiempo para visitar el Central Park, adentrarte en sus selvas, admirar los edificios que lo rodean, detenerte en el Dakota, recordar la muerte de Lennon en el ’80, hacerte por entero la Broadway, detenerte por un instante en los alrededores de Times Square y sus neones, sus leds, su imaginería de retablos dinámicos, acelerados, coloridos, brillantes y que llegan hasta la planta 10ª de cuantos edificios la delimitan. Después de unas escogidas comidas en un par de restaurantes de moda, no hemos podido dejar esta ciudad sin hacer honor a una de sus características primordiales, por ser una de las cunas del fantástico estilo musical de Jazz, y allá donde el mítico “Bird” tocó, donde Charlie Parker hizo estallar su saxofón entre sus seguidores sumergido entre aplausos que no paraban, allá, a la sala Birdland, fuimos. Era una sesión semanal de la BBB, Birdland Big Band, con 15 músicos y un pianista que llegó con retraso y algo despistado pero para el que sus colegas hicieron sonar la banda como si no hubiese necesidad de él. En este tipo de salas no solo te puedes tomar una copa sino que un corto menú se te ofrece si llevas el estómago vacío y después de dos horas sales henchido de acordes, ritmos y sinfonías que tarareas un buen rato más entre la 44th y el Bryan Park.

 

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Panorámica en el entorno de Broadway

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Parte del upper west side, rodeando Central Park

SOHO, NOLITA, NOHO, CHINATOWN, CITY HALL, VILLAGE, UPPER WEST, la 5ª, CENTRAL, LITTLE ITALY, y otras zonas que ya hemos nombrado, son tan clásicas, tan entrañables, que cada una tiene su aquél, su modo de identificarlas, sus personajes, su entorno, su arquitectura, su suciedad o su limpieza, su “skyline”, su plaza, su mercado y sus tiendas. Los negocios en NYC duran lo que dura la ilusión del que lo pone o la ilusión del que entra en él, es decir, unos cuatro o cinco años. Es frecuente ver cuadrillas de transporte desmantelando los locales y cambiando los carteles anunciadores y donde el año pasado tenías una tienda de discos que no te podías perder, ahora tienes una pizzería o un bar de copas de moda por…… ¿cuánto tiempo?…..

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Ya desde una de las salas de la terminal 8 del JFK se podía observar en el último instante parte del skyline de Nueva York

Eso sí, gente que está a la última, chicos y chicas “cool” de 25 a 30 años reinventando la circulación del dinero, lo último en ropa y en “look”, en actitudes y poses, en palabrería y gestos, no dudo ni un momento que esto ha existido siempre en Nueva York. Es por eso que nunca viviría aquí, pero no es menos cierto que no podría pasar sin esta maravillosa ciudad de vez en cuando.