DUODÉCIMO DÍA EN ATACAMA: La desolación absoluta

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Cubierta de cirros, la carretera de la desolación (Foto: Eduardo Seva)

Abrió sus ojos y se quedó mirando a su interlocutor; era una chica bellísima, que regentaba un pequeño local donde se vende de todo. “Mire usted señorita, en el desierto de Arizona, mi amigo José Antonio “Bronco” Pina, siempre pedía cerveza Escorpión o Torpedo”. “No se preocupe señor, conozco la Escorpión y la Torpedo pero aquí tenemos una mejor, Kuntsmann, gute weissbier, es la cerveza que le gusta a los camioneros que paran por aquí”.

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Una línea directa al infierno de Atacama, donde jamás ha llovido. (Foto: Eduardo Seva)

Quien así se expresaba era Mariannella, responsable del garito del que hablábamos en Motas Blancas, camino de Atacama, respondía así a mi querido Eduardo Seva cuando le pidió cerveza mejicana.  La “Kuntsmann gute weissbier” o “la cerveza artesana suave Mann” tampoco estaba tan mal, pero ese toque romántico de viajes pasados referidos al desierto de Arizona y ese momento de degustar una cerveza “heladita” como dicen aquí, me llenó de una dulce melancolía recordando a nuestro querido amigo, el Profesor José Antonio “Bronco” Pina.

Bien, querido lector, por fin apareció la maleta. De un rincón, en el ángulo oscuro tal vez olvidada, se quedó la maleta en el vuelo de Arica  a Santiago de Chile, a pesar de que yo la vi y le dije a Ricardo, el encargado jefe de maletería, que la maleta estaba en la bodega del vuelo 207 Arequipa Antofagasta. La maleta voló de vuelta de Santiago, pero en lugar de mandarla a Antofagasta dónde yo la esperaba, la mandaron a Calama, en la ruta Antofagasta Atacama. No quiero cansarles pero al final, la alegría de poder lavarme los dientes, afeitarme, cambiar mis calcetines y encontrar mis camisas lavadas y planchadas por la lavandería del hotel Inkanto de Arequipa, me llenó de felicidad. ¡Qué poco se necesita para recuperar la felicidad!

Salimos de Antofagasta hacia Atacama sobre la una y media del mediodía, seis y media hora Europea. Nos adentramos hacia el este de Chile y únicamente nos separan de Argentina y Bolivia unos pocos cientos de kilómetros. De hecho, estas zonas mineras del norte de Chile pertenecieron en su día a Bolivia y después de la guerra que impidió a dicho país tener salida al mar, los chilenos se adjudicaron esa zona.

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Aparcamiento del aeropuerto de Calama con las baterías de pick-up’s de la minería del norte chileno (Foto: Eduardo Seva)

Al principio había mucho trasiego de camiones procedentes de la minería, pero conforme nos íbamos adentrando tierra adentro, el paisaje se tornaba mucho más agreste, diría incluso que agresivo. No había nada, ni flora ni vegetación, únicamente un aire espeso, taciturno, denso y exento de cualquier traza de humedad. Tenía razón Joaquín Alonso cuando nos avisaba de la sequedad de las mucosas, especialmente los ojos y la nariz. Hace muchos años, mi amigo y añorado Ángel Rami me diagnosticó sequedad ocular permanente por la cual uso colirios, pero esa sequedad que padezco en el mediterráneo no es nada comparable con la sequedad en Atacama.

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Mares de sal en Atacama y ausencia de cualquier vestigio de vegetación (Foto: Eduardo Seva)

La ruta continuaba y cada vez la sensación de soledad era más grande. Normalmente cuando vamos varios amigos en coche y de viaje, los comentarios son variados, pero cuando las condiciones climatológicas son adversas, la conversación desaparece y el silencio se apodera de nosotros. Esa fue la sensación que recibíamos, que las conversaciones terminaban y estábamos absortos en la observación de lo que nos rodeaba. Como decía en el comentario de ayer, estábamos circulando por un lugar “Où il ne pleut pas”, donde no llueve jamás, donde no existe vegetación y donde la minería, en el principio de la carretera, convierte la zona en un infierno de arena y soledad, pero no es soledad sonora, es la soledad en fin.

De vez en cuando, a un lado de la carretera, se levantaba una pequeña hornacina que recordaba un accidente, un ser querido muerto en circunstancias trágicas, en definitiva el recuerdo al ser querido. Me quedé absorto y le pedí a Eduardo que parase el coche para recrearme en la soledad de una de ellas. Tenía flores frescas plantadas en pequeñas macetas y un sistema primario de riego cuya agua provenía de un depósito situado en la parte superior. Una leyenda decía: “Acuérdate y échame un poco de agua, caminante”. Vaciamos nuestras dos botellas de agua en el depósito.

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Los nevados contrastan con el puro desierto (Foto: Eduardo Seva)

El desierto de Atacama es un desierto frío, me explico, un desierto que padece temperaturas extremas por su altitud. Pero también es frío puesto que la corriente de Humboldt que proviene del Antártico enfría las aguas costeras y no existe apenas evaporación. El encuentro de dicha corriente fría con la cálida que procede del centro del Pacífico hacia Oriente y baña las costas de Centro América, Ecuador y Perú, origina una corriente de aire que regresa al continente asiático con lo cual genera una ausencia total de precipitaciones; multiplique por muchos miles de años esta situación atmosférica y se encontrará con los paisajes que pueden observar en las fotografías. Las nubes, muy altas, eran cirros y la sequedad del ambiente se percibía incluso en el interior del vehículo.

Un apeadero a ninguna parte (Foto: Eduardo Seva)

Un apeadero a ninguna parte (Foto: Eduardo Seva)

La entrada a San Pedro de Atacama, es la entrada a un pequeño oasis de cuatro calles polvorientas, una de ellas peatonal, y sin asfaltar.. Nos instalamos en el “Domo de los abuelos”, no haga paralelismos ni risitas, queridos lectores, y nos fuimos a recorrer la calle principal. Como Dios aprieta pero no ahoga, encontramos el Adobe, un restaurante pequeño, pero muy coqueto con su chimenea central que en el desierto frío acompaña por las noches. Carola nos sirvió unas delicias atacameñas junto a un vaso de vino chileno.

Mañana recorreremos el valle de la Luna y el Salar de los Flamencos, pero ello será motivo de otra experiencia en este lugar agreste, tan lejos del paraíso pero tan atrayente como desierto extremo. Buenas noches en Atacama, once y media de la noche austral, casi buenos días, cuatro y media de la madrugada, en España

 

4 pensamientos en “DUODÉCIMO DÍA EN ATACAMA: La desolación absoluta

  1. buso

    Juan,mediante unas sencillas reglas de treses me sale:1,1313115…..euros el litro.Como no me fio,he intentado aplicarle el principio de incertidumbre(la mía) de Heisenberg,acaban de descubrir que se puede aplicar a los sistemas macroscópicos y me he animado.
    Después de unas farragosas,largas y tediosas operaciones me sale que no se puede saber el precio de la gasolina en euros(menos en galones) si cuando vas a pagar,sales cagando leches a la velocidad de la luz y viceversa.Lo mejor sería tener un motor de agua,pero por lo que observo en las fotos de donde estáis,lo vamos a tener un poco jodido,creo que no hay ni fardachos.Pensaba que la Mecánica Cuántica(por lo del nombre) funcionaba mejor con los motores.
    Perdón por el desparrame.
    Os quiero chatos

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  2. Chimo

    Queridos colegas, ya está claro: Chiccolini os ha querido someter a una prueba de homeostasis climática consistente en pasar por todo el rango de climas, desde el ecuatorial al polar pasando por el desértico extremo y sin olvidar el mediterráneo de La Serena. Superada la prueba y la del déficit de oxígeno ya podréis buscar un curro postjubilación de conejillos de indias en cualquier laboratorio de fisiología humana extrema. Lo de Atacama me recuerda “Abierto hasta el amanecer”. Esta pregunta es para Rafa ¿por qué Heisenberg murio virgen? , creo que es más interesante que la del precio de la gasolina.
    Un abrazo amigos, os sigo leyendo

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  3. carmen

    hola hola,he estado sumergida en nuestra Semana Santa, bueno mejor dicho en la de Hellin, porque hasta alli nos hemos ido toda la familia a experimentar la sensación de los tambores imparables.Increible como va en aumento la tensión y el trance de todo el pueblo tocando con furia horas y horas, por supuesto toda la noche del sabado al domingo de resurección.Ingentes cantidades de comida (potaje de panecicos, albondigas de sepia,guisos de buey, torrijas en aguamiel, crema de limón….), que contrastan con vuestros ligeros y sanos menús.¿estais salivando?jeje.
    Impresionante el cóndor y ese pedazo de desierto ¿cuantas horas habeis estado alli? porque el calor debe ser brutal. La llama o alpaca me ha recordado a mi Gala, tienen la misma cara,y esas lanas.
    Que te pongas en las fotos¡¡¡¡¡

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  4. Mónica Navarro

    Holaaaaa, siento el retraso pero en estos dias de Semana Santa no han dejado de sucederse las comidas familiares y con los amigos. Día de mona “los jóvenes en el chalet” con Pablo dirigiendo el cotarro mientras esperabamos ansiosos la llegada de “emmita” . Paella, pericana, habas tiernas, tortillas de patata….. Y al día siguiente ” la family en el chalet”, tía Carmen, Yeyo…. Y sus exquisitas viandas, ensalada murciana, escabeche y que no falte el cava de última hora del Padre. En fin muchos besos y se te echa de menos en las tertulias. Besos de los Ramírez/Navarro.

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